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Crítica de danza: Buscando lo esencial

Actualizado el 28 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Austeridad. Los bailarines se enfrentan a un nuevo lenguaje, en el cual deben dar al máximo de interpretación

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Para esta última temporada, la directora de la compañía de la Cámara Danza UNA, Vicky Cortés, invitó al coreógrafo escocés Mark Sieczkarek, quien creó para la agrupación la obra titulada Silencio.

Una escena  de la obra   Silencio , de Mark Sieczkarek.  Fabián Hernández.
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Una escena de la obra Silencio , de Mark Sieczkarek. Fabián Hernández.

De este creador, en Costa Rica, ya hemos visto algunas de sus obras. En 1996, el elenco de la Folkwang Tanz Studio interpretó Easy to love (1993). Luego en 2007, fue invitado para montar Dulce trópico, con los integrantes de UNA Danza Joven. Al año siguiente, estrenó con bailarines independientes nacionales Slow bolero . Y el año anterior, fue jurado del Festival de Coreógrafos Graciela Moreno. Este autor, desde 1998, creó su propia compañía y tiene más de 30 composiciones con elencos de diferentes agrupaciones de África, Europa y América.

En estos 20 años, se hace evidente la trayectoria de este autor desde Easy to love hasta su más reciente creación Silencio . En esta última coreografía, Sieczkarek abandona la saturación de imágenes, movimientos y texturas para trabajar desde la simplicidad compositiva en busca de lo esencial, sin abandonar su estilo compositivo.

Temáticamente, propone pequeñas historias o escenas sin relación una entre otra, en las que permite que los intérpretes muestren su mundo interno y obliga al espectador a generar su significado.

Esta austeridad en el manejo de los recursos la podemos ejemplificar con el detalle de la escenografía: un árbol, cuyo tronco caído sirve de base para muchas acciones y permite varias interpretaciones.

Este mismo principio se ve en el diseño del vestuario y los responsables fueron el creador y los miembros de la compañía. Los siete bailarines llevaron pantalones en tonos verduscos y blusas negras, con algunos otros detalles bien justificados. Para la banda sonora, utilizó varios autores, entre ellos los compositores John Adams, Claude Debussy y Steve Tibbetts, con la interpretación de la monja budista Ani Chöying Drolma.

En esta puesta en escena, sentí un parco diseño de iluminación, a cargo de Antonio Cordero; especialmente, en la primera parte, la cual resultó muy plana y carente de contrastes. Al avanzar la pieza, la iluminación mejoró.

A nivel interpretativo, Sieczkarek logró que la totalidad del elenco ejecutara las partes de conjunto con limpieza y precisión.

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Además, la composición le permitió a varios bailarines pequeños solos en los cuales demostraron dominio técnico y su crecimiento en las tablas. Karlton Lacey y Sofía Solís en varios segmentos nos deleitaron con diferentes cualidades de movimiento. Lo mismo en las partes en que intervinieron Lourdes Venegas, Adriana Zamora y Kimberly Ulate.

Si bien es cierto el autor buscaba crear una pieza de carácter meditativo, en algunos momentos todos los elementos creativos me llevaron al punto de la relajación absoluta. Y fue hasta la sección de las cañas de bambú que la dramaturgia de la composición me atrapó de nuevo.

Lo mejor de Silencio , de Mark Sieczkarek, es que permite ver a un elenco compenetrado y a un creador que ha depurado su estilo sin perder la esencia.

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