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Crítica de danza

Crítica de danza: Visión masculina

Actualizado el 10 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Crítica de danza: Visión masculina

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Teatro lleno. Luis Piedra presentó la coreografía unipersonal Corpus-sanguis-ánima. gESLINE aNRANGO.

Para la cuarta noche del XXX Festival de Coreógrafos Graciela Moreno se programaron tres obras de estreno, en las cuales vimos a diferentes generaciones de autores.

Sabemos que los temas que han preocupado a la humanidad, casi desde sus inicios, siguen siendo los mismos, solo que en cada momento histórico se les ha dado un tratamiento distinto. Eso sucede en la danza nacional; en nuestros días, seguimos viendo temas o preocupaciones comunes, pero con resoluciones que llevan el episteme de la época. La búsqueda de la luz, el tránsito por la vida y la opresión o imposición de unos sobre otros son las principales temáticas de este festival.

Ejemplo de lo anterior es Camilo Regueyra, quien debutó en este espacio con el trabajo Ahot e’Dacorru , en el cual aborda el tema de la cordura. Los bailarines Ana López, Marcel Sierra y Lester Brenes acompañaron al coreógrafo en la ejecución de esta obra que tiene música original de Jorge Salazar y un vestuario creado por los todos miembros. Regueyra propone un colectivo en el que se ven los juegos de poder, resuelto mediante interacciones llenas de movimientos acrobáticos, los cuales fueron ejecutados de manera limpia. La obra pudo haber terminado con la interesante y sugerente escena del hombre colgando. Sin embargo, el autor alargó el trabajo sin presentar nada más de lo ya observado.

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Piedra y Ovares. Como segunda parte del programa participó Luis Piedra con un unipersonal denominado Corpus-sanguis-ánima , que fue ejecutado por el mismo autor. La pieza tiene como motivación resaltar momentos importantes de la vida. Estos episodios fueron enmarcados dentro de un collage musical. Además, Corpus-sanguis-ánima contó con vestuario y escenografía responsabilidad de Micaela Piedra y luces de Telémaco Martínez. En esta obra, vemos a un intérprete de gran trayectoria mostrando madurez escénica y apelando a una puesta en la que los aspectos plásticos son esenciales. Con estos elementos, Piedra logró bellas imágenes.

Es algo muy distinto a los trabajos que ha mostrado en el festival, en los cuales el movimiento tratado grupalmente es lo predominante.

El cierre le correspondió a Carlos Ovares con la coreografía titulada Cuarto oscuro , que fue interpretada por los miembros de la agrupación Corpóreos Quepo. La obra contó con el diseño de iluminación de Jodie Steiger, estuvo musicalizada por el Kronos Quartet y, Ovares fue el autor del diseño del vestuario. El tema principal de Cuarto oscuro es la lucha de un grupo social por superar las dificultades que se presentan en la vida.

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Para esta composición, Ovares se apoyó en el movimiento para crear su discurso (algo que se agradeció y disfrutó), expuesto en un escenario sin elementos escenográficos y con textos motivadores dichos por el coreógrafo. Con esta obra, enfrentó a sus bailarines a secuencias dinámicas que requerían de un alto nivel técnico y sincronías que no siempre fueron alcanzados. No obstante, la entrega y energía del colectivo hizo que la obra gozara de un caluroso aplauso. En este trabajo, vale destacar la ejecución de Laura Alvarado.

Para la quinta función, los organizadores del Festival de Coreógrafos programaron la obra Bailar por siempre, de Nandayure Harley, en calidad de invitada especial, como parte del cierre.

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