Archivo

Crítica de danza

Crítica de danza: Transmutaciones escénicas

Actualizado el 08 de junio de 2013 a las 12:00 am

Archivo

Crítica de danza: Transmutaciones escénicas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

                         Con cada gesto y movimiento, Fred Herrera fue construyendo su  Gigante de sal.  Jorge CastilloIntensidad.
ampliar
Con cada gesto y movimiento, Fred Herrera fue construyendo su Gigante de sal. Jorge CastilloIntensidad.

En los escenarios de Costa Rica, es poco frecuente poder ver espectáculos afines a la danza-teatro butoh , la cual fue establecida a partir de los aportes artísticos de los japoneses Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata. Esta forma de arte también ha sido llamada la danza de las tinieblas, pues tiene en sus raíces elementos de las tradiciones del Japón e influencias tanto del surrealismo como del dadaísmo, y su origen es posterior a los bombardeos nucleares sobre el pueblo nipón, en 1945.

Fred Herrera es un coreógrafo e intérprete costarricense, quien ha desarrollado su carrera como mimo en Francia, y de él hemos observado varios espectáculos ejecutados por el elenco de la Compañía Nacional de Danza. En esta oportunidad, nos presentó un trabajo titulado Gigante de sal , en el que se adentró en la disciplina de la danza-teatro butoh .

Gigante de sal fue concebido y ejecutado por Herrera, quien ensambló la obra en varias secciones. Las primeras fueron denominadas aposentos, en las cuales el cuerpo, el espejo de agua y la ventana al reino de este mundo figuraron como los motivos principales. Las otras partes, que tienen más desplazamientos, llevan los nombres de La cuidad de los recuerdos , El río de la memoria y del olvido , así como El muro de la sombra .

Fred Herrera se apropió de la técnica butoh que combinó con elementos del mimo. Por esta razón, en Gigante de sal el movimiento tendió a ser lento y repetitivo; casi siempre se desplazó con los pies hacia adentro y encorvado, utilizando el cuerpo muy pegado al suelo, para mostrar un manejo de la energía diferente a la que se aprecia en la danza occidental.

El mar es la metáfora central en Gigante de sal , y el cuerpo del bailarín es el vehículo idóneo para reflejar el oleaje del universo. Además, Herrera, con sus imágenes corpóreas, nos invitó a realizar un viaje en el que nos transportó a la frontera entre la vida y la muerte, donde los movimientos remiten a gestos de animales y humanos que desean comunicarse con lo divino.

Este es un aspecto presente en muchas culturas, derivado por la eterna aspiración a la eternidad.

PUBLICIDAD

Para la plástica escénica de Gigante de sal , Herrera creó una banda sonora con piezas musicales del estonio Arvo Part y el japonés Ishi no Maki; las luces las diseñó Luis Romero, quien hasta el final de la coreografía generó contrastes que favorecieran a la puesta. La vestimenta se mantuvo dentro de las características del butoh como es el cuerpo casi desnudo y pintado en tonos claros. A los pocos elementos introducidos en el escenario, el intérprete y creador les supo sacar provecho.

En la interpretación, Herrera alcanzó imprimirle varias tonalidades a un mismo personaje. En términos generales, debo señalar que resultó muy interesante la metamorfosis obtenida en su cuerpo, el cual al inicio de la obra se nos presenta como una materia oscura, la cual, al finalizar, es un ser lleno de luz que se adentró a territorios por conocer, dejándole a los espectadores una sensación agradable.

Tras una intensa jornada del unipersonal, cuya duración fue de casi una hora, el teatro lleno le brindó un largo y caluroso aplauso.

  • Comparta este artículo
Archivo

Crítica de danza: Transmutaciones escénicas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota