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Crítica de danza: Ganó la danza

Actualizado el 09 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Fiel El público seguidor de la danza llenó la sala para ver cuatro obras de estreno

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Calidad. Fue evidente la mejora en el nivel de los cuatro elencos que participaron en la tercera jornada del Festival de Coreógrafos. Pablo Montiel

Contra todos los pronósticos, la danza le ganó al fútbol, pues el Festival de Coreógrafos Graciela Moreno, en su tercera noche, logró llenar su sala, mientras la Selección Nacional disputaba un partido contra sus homólogos estadounidenses, en la lucha por un espacio para ir al Mundial.

Puedo afirmar que esta ganancia se vio en el escenario del Teatro Nacional, ya que los grupos participantes demostraron un buen nivel de ejecución, denotando la madurez que tiene esta disciplina en Costa Rica.

En esta jornada, desde los experimentados creadores hasta los debutantes se ganaron el lugar en este encuentro coreográfico. Y este deberá ser el nivel requerido en las propuestas que se presenten en futuras convocatorias.

Ahora bien, como este espacio anual sigue teniendo su carácter de foro para que los coreógrafos puedan experimentar, señalaré los aspectos que se pueden mejorar de lo visto.

El espectáculo comenzó con Grida , de Henriette Borbón, quien se propuso el tema de sacar los miedos, a través del grito para encontrar la libertad. Con este propósito utilizó una intensa composición musical de Isabel Guzmán, con percusión en vivo a cargo de Ernesto Gallardo. Telémaco Martínez le dio una ambientación cargada de claro-oscuro con las luces.

Las seis bailarinas ejecutaron con precisión los complejos diseños de movimiento, tanto al unísono como en solitario. En lo plástico formal, Borbón ideó el vestuario, y Carlos Schmidt la escenografía. Con Grida de Borbón, demuestra que sabe manejar los elementos escénicos; sin embargo, a este trabajo le falta contrastes o hitos en la dramaturgia. La autora no supo mantener el nivel de imágenes como la que nos dio al principio, como en el solo de Guzmán.

Luego del intermedio, vimos Con-Pulsión , de los jóvenes debutantes Paula Herrera y Garry Rosales, quienes escenifican una relación llena de tensión en la que las personas terminan dañadas. Como intérprete se vieron muy bien.

La obra tiene dos partes, la que más me gustó fue la primera, ya que en esta presentaron elementos más ingeniosos. En la segunda, el tratamiento y desarrollo se vuelve predecible. Con-Pulsión contó con vestuario de Micaela Piedra y un mosaico musical.

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Seguidamente, se presentó Por el borde , de Javier Jiménez y Mario Vircha; ellos también, en dúo, trataron el tema relativo al equilibrio y su opuesto. En Por el Borde todo estuvo a su favor para determinar que es un trabajo redondo. Esto se ve tanto a nivel conceptual, plástico, interpretativo, así como en la capacidad de síntesis.

La función terminó con Anomia Standard , de José Raúl Martínez. Este autor cuyas participaciones siempre nos han sorprendido por sus novedosas ideas y fluidas ejecuciones, esta vez se apoyó en los cuerpos de Adrián Figueroa, Cristian Ureña y Wendy Chinchilla para exponer el tema del suicidio visto como un acto de valentía.

Debo decir dos cosas de Anomia Standard . La primera que gozó de una excelente ejecución, destacándose los aportes de Wendy Chinchilla. Pero, conceptualmente, Martínez no logró exponer el tema con claridad y lo que atentó con este propósito fueron los constantes cortes, tanto en el tratamiento del movimiento como en la banda sonora. En general le faltó síntesis.

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