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Obra ‘Historias sueltas’

Crítica de danza: Diversidad creativa

Actualizado el 07 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Asociación estratégica: Cuatro coreógrafos de diferentes generaciones y estilos se reunieron para mostrar su trabajo

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Historias sueltas es un espectáculo organizado por cuatro coreógrafos independientes e interpretado por casi una veintena de bailarines. Jesús Ramírez, Gabriela Chavarría, Yul Gatjens y Marianela Vargas decidieron mostrar sus trabajos más recientes.

Las cuatro historias que estos jóvenes, al lado de una experimentada, nos pretenden contar tocan temas disímiles, pero muy universales, como el miedo, los recuerdos, la arrogancia y el aprendizaje, los cuales emergen tras un proceso de reflexión personal.

Tienen en común el manejo de una plástica escénica austera, con pocos elementos de utilería, un diseño de luces funcional, que proporciona constantes cambios de atmósferas, así como vestuarios particulares en los que predominan las tonalidades oscuras. Todas las obras tienen banda sonora con piezas de varios autores.

Energía. Todos los participantes del espectáculo   Historias sueltas  bailaron las obras con mucha entrega. Luis Navarro.
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Energía. Todos los participantes del espectáculo Historias sueltas bailaron las obras con mucha entrega. Luis Navarro.

Lo interesante de Historias sueltas es que también permite observar maneras de componer con diferentes enfoques de movimiento e interpretación; es decir, cada coreógrafo muestra el paradigma en el que se formó o que cultiva dentro del gran espectro de la danza contemporánea.

El programa arranca con el dúo Amarillo , de Jesús Ramírez, el cual fue ejecutado por el autor, al lado de Kevin Álvarez. El título no me induce a lo que dice en la sinopsis; no obstante, interpreto, a partir de las imágenes generadas en el escenario, que se pude tratar de una relación niño-padre, adulto-joven, pasado-presente, etc. Con un lenguaje ecléctico, lleno de movimientos de varios estilos, bien ejecutados por ambos y cada uno en su modo particular de abordar la energía.

La segunda obra fue La memoria , una navaja de Gabriela Chavarría, interpretada por la autora y seis colegas. En este trabajo, Chavarría toma los recuerdos como motivación para ilustrar de qué forma pueden afectar a las personas. La coreógrafa acude a las resoluciones de movimiento en las que por muchos años la he visto moverse: tap , jazz y otros afines. Y con este enfoque, creó a sus personajes, mediante la contrastación de dinámicas variaciones que alternó con segmentos de unísono. Todo, en estrecha relación con la música.

Como tercer trabajo vimos Inmortales , creado por Yul Gatjens, en el cual nos habla sobre la superficialidad predominante en la sociedad. Para esta trama burlesca, Gatjens contó con nueve jóvenes bailarines que entregaron de lleno su energía para exponer el tema, creado con ingenio.

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Para el cierre, Marianela Vargas presentó Rojo en gris , coreografía a cargo de un quinteto que busca ilustrar un proceso de transformación (o la vida), que está lleno de momentos difíciles. La mayoría de las imágenes del trabajo de Vargas están construidas con movimientos predominantemente periféricos y que requieren brillantez en la ejecución. Los cinco bailarines supieron sacar adelante la tarea impuesta por la coreógrafa.

Al final, el público que llenó la sala les dio un generoso aplauso para apoyarlos en esta asociación estratégica.

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