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Crítica de cine: La nieve es gris

Actualizado el 10 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Lobos nevados ¡Dentelladas y frío!

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Crítica de cine: La nieve es gris

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                         Con la magistral actuación de Liam Neeson (derecha), un grupo de hombres debe dominar la dureza natural de la trampa en que han caído, luego del estrellonazo de un avión en Alaska. ROMALY  para La NaciónInfierno blanco.
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Con la magistral actuación de Liam Neeson (derecha), un grupo de hombres debe dominar la dureza natural de la trampa en que han caído, luego del estrellonazo de un avión en Alaska. ROMALY para La NaciónInfierno blanco.

Intensa y reflexiva, son dos palabras que me llegan de inmediato cuando voy a escribir estas líneas sobre la película Un día para sobrevivir (2011), dirigida por Joe Carnahan (también coguionista). Es un filme relativo a la sobrevivencia humana en condiciones totalmente adversas: survival , le dicen quienes apuestan a llenar el español con términos del inglés.

Sus personajes son de esos proscritos por la sociedad que toman cualquier trabajo con tal de liberarse de sus pasados. El peso emocional que llevan es tan fuerte que no son libres de sí mismos: el recuerdo les pesa como espadas en la nuca.

Estos personajes en grupo son fuego que arde en cualquier momento.

Ellos han aceptado sumarse a una empresa buscadora de petróleo en lo más grueso de Alaska, donde la blancura de la nieve se confunde con el pelo negro de una raza enorme de lobos feroces: es lo gris de la fatalidad. Por eso, la empresa coloca entre los hombres a un cazador para protegerlos.

El avión en que viajan se estrella exactamente en la vorágine del peligro, en medio de un infierno blanco y lobuno. El cazador se convierte entonces en líder de los redivivos (excelente actuación del irlandés  Liam Neeson). Con sus heridas en los cuerpos, con un tiempo cruel, los hombres solo pueden quedarse ahí, para morir poco a poco, o darse una aún más dolorosa caminata con la esperanza de salvarse.

No solo hay un tremendo frío, sino que los hombres son –de pronto– acosados por una manada de lobos salvajes y sanguinarios, quienes persiguen incansablemente a sus presas humanas. Estos lobos tienen una aguda inteligencia que los hace más peligrosos y menos rudimentarios.

Los sobrevivientes luchan tenazmente y, en tanto, las contradicciones surgen entre ellos. Los recuerdos de sus pasados o los de sus seres queridos se convierten en los eslabones que más pesan en su escapatoria.

Las posibilidades de supervivir de estos hombres son cada vez más remotas y sus voces son de repudio hacia la vida misma, hacia sus propias creencias e, incluso, retan al dios de sus dogmas y filosofan con violencia sobre la situación en que están atrapados. Especie de metáfora de la vida humana toda.

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Un día para sobrevivir es filme interesante. Con sus imágenes retadoras, sabe combinar los duros momentos de acción con la soledad humana. No es solo el desamparo en esa atroz geografía de Alaska, sino también la soledad anímica que los estruja. Allí están, como calabazo en remolino, que ni se hunde ni hace camino.

La película deviene tensa y devastadora. Paradójicamente, por alargar ciertos momentos de angustia, hay secuencias reiteradas sin necesidad alguna, sobre todo cuando discuten entre ellos y los rodean los lobos en los bosques. Igual, les falta espesor a los conceptos, sobre todo cuando la trama pasa de la acción a lo existencial (obvio que esto es relativo, según el espectador).

Con su buena fotografía, buen montaje y mejor música, lo anterior evita que sea la gran película que pudo ser. Esto es, a la cinta la debilita lo reiterativo, pero igual insisto en señalarla como buena película y en recomendarla.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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