Archivo

Crítica de cine

Crítica de cine: Duerme la voz

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

Drama sólido llega filme español

Archivo

Crítica de cine: Duerme la voz

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Desde una posición académica, el cine es más que entretenimiento. El sétimo arte es lo que el historiador francés Marc Ferro llama “fuente ante la historia”, sea como factor de documentación histórica o sea como agente de historia (Marc Ferro lo dice a propósito del cine-ficción y no solo del documental).

Valga dicho párrafo a propósito del estreno en Costa Rica de la película española La voz dormida (2011), dirigida por Benito Zambrano, realizador del todo perfeccionista con sus cintas, hábil narrador y estupendo director de actores. El guion es del propio Benito Zambrano con la colaboración de Ignacio del Moral, según la exitosa novela de Dulce Chacón.

Con La voz dormida, el cine español vuelve al tratamiento intensamente dramático de su guerra civil, donde los falangistas encabezados por Franco acabaron con el sueño republicano.

El filme se coloca en el período inmediato al triunfo del fascismo franquista y muestra la represión sin eufemismo alguno.

Es así como la trama de La voz dormida no es más que la presencia de la historia en el cine (es una historia sobre la historia española), por lo que es entendible que, de alguna manera, se filtre la percepción de los hechos que tienen los guionistas y el director de la película. En este caso, es inevitable.

Eso es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar al filme como maniqueo; pero también es cierto que, luego de la guerra, la crueldad falangista no fue cuento alguno.

Está del todo demostrada, con la participación incluso de la iglesia católica, tal y como se ve en esta película,

Acepto, eso sí, que Zambrano más bien caricaturiza a monjas y sacerdotes, incluso en sus aspectos físicos, lo que no le va bien a la trama. Es innecesaria esa caracterización esperpéntica de dichos personajes religiosos y debilita la fuerza del drama cuando estos aparecen.

La trama describe hechos alrededor de una mujer republicana quien es encarcelada y condenada a muerte. Ella está embarazada, por lo que la pena no se puede cumplir de inmediato. Su hermana llega desde Córdoba para ayudarla y se verá irremisiblemente mezclada en las tareas clandestinas de algunos republicanos que por ahí resisten. El relato transcurre con buena narración y puntos de giro bien manejados.

PUBLICIDAD

La recreación de las condiciones de las mujeres revolucionarias en la cárcel, junto con otras que están ahí sin siquiera tener ideas políticas concretas, dicha recreación está muy bien lograda. Benito Zambrano hace gala, otra vez, del sentido pictórico que él busca con sus imágenes.

Sin embargo, no es solo lo visual. Es eso en función de la arraigada pasión dramática que La voz dormida suma y suma, crece y crece, conforme transcurren sus distintas secuencias.

La narración no se pierde ni se deshilacha, tampoco teme ser apelativa en sus conceptos sobre la inutilidad de las guerras y el dolor que conlleva.

En La voz dormida , lo exactamente dramático y lo puramente narrativo se conjugan con fuerza expresiva. No hay manera de permanecer indiferentes ante ello. Las actuaciones son espléndidas, sobre todo las de Inma Cuesta y María León como las hermanas ante el abismo del sufrimiento. María León está extraordinaria como la joven que viene de Córdoba sin entender realmente qué sucede.

Filme intenso, tan desgarrador como amoroso, tan pesimista como esperanzador, tan bien logrado, resulta cine que hemos de ver y no dudo en recomendar. Es otro buen encuentro con el talento de Benito Zambrano.

  • Comparta este artículo
Archivo

Crítica de cine: Duerme la voz

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

Ver comentarios
Regresar a la nota