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Crítica de cine de “El club de los desahuciados”: Drama y sátira

Actualizado el 03 de marzo de 2014 a las 12:00 am

¡Desahuciados! La vida con dignidad.

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Crítica de cine de “El club de los desahuciados”: Drama y sátira

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Sátira y tragedia. Drama intenso y crítica permanente es lo que ofrece a raudales la película El club de los desahuciados , con enormes actuaciones de Jared Leto y Matthew McConaughey. ROMALY PARA LA NACIÓN.

Del director canadiense Jean-Marc Vallée (nacido en Quebec, 1963) recuerdo con buen criterio su filme C.R.A.Z.Y. (2005), drama sincero y crudo sobre la adolescencia. Ahora vuelve a convencerme este director con su película, en cartelera, titulada El club de los desahuciados (2013).

Se trata de un regreso al drama, pero matizado con humor satírico, con esa parte de odio presente en toda sátira rigurosa, sin contemplación alguna. Ese rencor es lo que mejor expresa el filme, sin cederle espacio a ninguna actitud melodramática con un tema bastante duro.

Sobre hechos reales, El club de los desahuciados narra la historia de Ron Woodroof (encarnado por Matthew McConaughey), vaquero moderno de rodeos, mujeriego, adicto al licor y a drogas fuertes, a quien se le diagnostica y se le avisa que tiene el virus del sida (síndrome de inmuno deficiencia adquirida).

A Woodroof le prescriben azidotimidina (AZT) y le pronostican 30 días de vida. Reacio a aceptar tal sentencia de muerte, Woodroof intuye que el medicamento más bien produce efectos secundarios mortales. Además, entiende que los enfermos infectados con VIH son tan solo cobayas de laboratorios farmacéuticos poderosos, quienes experimentan sin ética alguna y sin escrúpulos.

Por ahí, el filme endereza sus críticas constantes sobre dicho tema. Luego vemos cómo Woodroof se mete con fármacos clandestinos y se transforma en promotor de algunos tratamientos no aprobados legalmente, pero que dan alivio y prolongan la vida de los enfermos. Lo ético y lo legal.

Aunque la película se ubica en esa época específica en que la enfermedad es reconocida (hoy la situación es muy distinta en términos farmacológicos), la trama logra mostrar no solo los primeros esfuerzos para darles dignidad a los infectados con el VIH, sino también los estúpidos conceptos discriminadores de la población heterosexual en contra de los “sidosos maricas”.

Como ven, El club de los desahuciados es película que tiene mucho que decir y, sobre todo, que muestra valentía para decirlo con fuerza crítica: son suyas las contradicciones habidas en un momento específico y doloroso para las personas homosexuales, amén de los juegos de la industria farmacéutica plagada de codicia.

La historia se estructura bien: su discurso no altera la intensidad del argumento o de la narración propiamente dicha, donde el desequilibrio emocional de sus personajes (bien diseñados) es convertido en puntos de intensidad del relato. Más fácilmente: todo el lenguaje cinematográfico apunta a hacernos vivir, desde adentro de los personajes, la fuerza del drama con sentido de tragedia.

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En ello, con excelentes actuaciones de Matthew McConaughey y de Jared Leto, hasta el humor virulento –la sátira– es camino para el desarrollo de lo trágico, sin acciones gratuitas ni diálogos vacíos.

Lo que vemos es cómo una broma negra del destino (el sida en Ron Woodroof) se convierte en aguda historia de amor por la vida, por el derecho de todo ser humano a vivirla con dignidad. Filme recomendado.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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