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Costa Rica perdió la isla Calero

Actualizado el 11 de diciembre de 2010 a las 12:00 am

Es un deberdel destino realizar la organización de una fuerza militar

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Daniel Ortega conquistó la isla Calero con el poder que da la fuerza. Nunca volverá a ser de Costa Rica. Ortega sintió que no teníamos la fuerza para disuadirlo e invadió el territorio nacional. El precio que tuvo que pagar por su agresión fue insignificante: reunioncitas y papeles de la OEA. El bajo costo de su conquista será, no tengo dudas, la incitación de este maleante para lanzarse a nuevas aventuras bolivariano-morazánicas.

Esto puede estar apenas comenzando para Costa Rica.

La única forma de que se empeore la situación es si este pueblo, arrullado, insensibilizado y apaciguado por el cuentito de la paz, como dice Apuleyo, no despierta.

Si la dosis de pensamiento delusorio que le ha sido recetada no le permite ver que vivimos en un mundo violento, que la paz no se obtiene con solo desearla, que la defensa de la integridad territorial y de las instituciones democráticas las defiende el pueblo agredido porque es amoral hacer un llamamiento a “la comunidad internacional” para que “nos saquen a los nicaraguenses del territorio nacional”. Si no les permite ver a los ticos que un intento de tratar de recuperar la isla por medio de la OEA, la Corte Internacional de Justicia de La Haya o las Naciones Unidas es un esfuerzo vano.

A mediados de la década sandinista, en medio de las constantes amenazas de los comandantes contra Costa Rica, mi amiga y embajadora de EE. UU. ante la ONU, Jeane Kirkpatrick, me preguntó si Costa Rica iba a establecer un ejército para defenderse. Le contesté que yo creía que no. Me reclamó: “Dígame entonces, ¿por qué es que ustedes esperan que nuestros hijos vayan a defender y a morir por los suyos?” Si viviera, hoy día me podría volver a humillar con esa misma pregunta.

Los policías costarricenses no van invadir la isla Calero y darse de tiros con el Ejército sandinista. Cualquier acción armada en estas circunstancias que resulte en muertos va a servirle a Daniel Ortega para pasar los cuatro años de su próximo gobierno agrediendo a Costa Rica para reivindicar las muertes de nicaraguenses.

Ningún gobernante de Costa Rica puede forjar una política con respecto a Nicaragua sin que dé por descontado que el Ejército venezolano participaría en una aventura de Ortega contra Costa Rica. No se puede olvidar que Chávez, en solidaridad con su aliado, se preparaba para invadir Honduras cuando botaron a Manuel Zelaya. Tampoco se puede olvidar que entrenó a etarras españoles, que tiene campos de entrenamiento de Hezbolá y que ayuda a los narcotraficantes de la FARC.

Amenazas. En los años ochenta, los comandantes sandinistas lanzaban dos amenazas importantes contra Costa Rica: reclamaban Guanacaste y prometían terminar con “sus instituciones burguesas”. Lo que les da validez a estas intimidaciones de Ortega es que cuenta con un gran ejército y con una Costa Rica no solo desarmada psicológicamente, sino que sin un sistema internacional viable de defensa mutua que en un tiempo la defendió de una invasión de Tacho Somoza.

No sabemos qué iniciativas futuras tomará Ortega con su inevitable triunfo electoral en las próximas elecciones.

No sabemos qué planes frustrados pueden ser desempolvados ahora que tiene un gran ejército, que olfateó la impotencia y flojedad del pueblo costarricense y su gobierno y que cuenta con un arrojado, poderoso e incondicional aliado en Hugo Chávez.

Es un deber de su destino, que la presidenta de Costa Rica inicie, abiertamente y ya, la organización de una fuerza militar que permite el artículo 12 de la Constitución para establecer, por lo menos, una fuerza de disuasión de rápido despliegue.

Ojalá que este pueblo haya, por fin, aprendido que la fuerza, en este mundo violento, es un imperativo.

Pero en estos momentos, este país parece decidido a librar una “guerra de planitos”, con topógrafos y diplomáticos actuando como guerreros viajando a Washington, La Haya o Nueva York en un interminable y, al final de cuentas, inútil, sainete diplomático.

Pero a mediano plazo vamos a ser víctima de Ortega, de nuevo, porque nos midió en isla Calero y tomó nota de la indefensión que ha desplegado este país que se le lavó el cerebro para vivir de sueños y no de realidades.

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