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Decenio de 1880

Los diarios de Costa Rica dedicaron las primeras crónicas a la Semana Santa en el decenio de 1880

Actualizado el 24 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Decenio de 1880 Los diarios de Costa Rica dedicaron entonces las primeras crónicas a aquellas festividades religiosas

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Los diarios de Costa Rica dedicaron las primeras crónicas a la Semana Santa en el decenio de 1880

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“Las fiestas de la Semana Santa fueron como el año pasado, más o menos, pero mucho más concurridas. Las procesiones del viernes y del domingo en la mañana estuvieron bastante lucidas. En las diversas funciones de esos días no se notaron desórdenes de consecuencia o que merezcan la pena de una relación –a no ser que se llamaran tales la caída de algunos muchachos curiosos que se habían trepado sobre edificios o murallas en construcción para expectar con más comodidad”.

El relato previo se publicó en el periódico El Comercio (3/4/1888) y muestra parte del protagonismo creciente que las solemnidades sacras comenzaron a adquirir en los nacientes diarios costarricenses de entonces. A la vez, esa nota evidencia el fervor con el que los feligreses solían vivir los actos litúrgicos organizados por la clerecía.

En la misma cobertura que dio a los hechos de los “días mayores”, el cronista del matutino informó también de que, en su afán de lograr los mejores lugares para observar las procesiones, al menos tres jóvenes fervorosos fueron a parar a un montículo de cal y a restos de materiales de construcción: para fortuna de ellos, “sin averías de consecuencias”.

Esas crónicas son un fenómeno propio de la Costa Rica del decenio de 1880 y reflejan una nueva realidad en el periodismo de nuestro país: había nacido el “diarismo” y, con él, la difusión masiva de acontecimientos noticiosos de gran impacto para el público. La información relacionada con los días santos era algo significativo para un pueblo primordialmente católico.

Los primeros diarios. Mucha tinta corrió por las páginas de la prensa nacional desde 1833, cuando se publicó el primer periódico no diario editado en el país – El Noticioso Universal , a cargo del secretario general del Gobierno, Joaquín Bernardo Calvo–, hasta la década de 1880, cuando salieron a la luz los primeros diarios, como fueron Diario de Costa Rica , El Comercio , La República y La Prensa Libre .

En ese lapso se experimentaron cambios de primer orden en la forma de hacer periodismo. Se pasó de los medios de prensa de publicación irregular –generalmente semanal, con pocos anuncios comerciales y escasa información– a disponer de publicaciones matutinas, con gran cantidad de avisos de carácter comercial y una variada cobertura informativa. Esta incluía crónicas locales, reproducciones de prensa extranjera, reseñas legislativas y datos misceláneos.

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En nuestro país, aquella época vio nacer primero al periódico y luego al periodista como tal pues, en los años anteriores, quienes habían ejercido esta función fueron solamente aficionados. En aquel nuevo contexto, las narraciones de asuntos asociados con la Semana Mayor adquirieron notoriedad en la prensa laica costarricense.

Las crónicas religiosas. Durante los días sagrados, los relatos de los programas y las manifestaciones de fe incluían la descripción de las procesiones, la participación de los parroquianos y los llamados a la reflexión y al recogimiento

Asimismo, los diarios reseñaban episodios de carácter político para vincularlos a las celebraciones. Un ejemplo es una nota de El Comercio (7/4/1887) llena de referencias al ambiente político:

“LOS DÍAS SANTOS. La cristiandad del orbe entero conmemora hoy y mañana el sacrificio y la muerte del Redentor del mundo, del Divino Maestro, del fundador del liberalismo y de la democracia”.

El Comercio había sido creado con el propósito de promover la candidatura presidencial de Bernardo Soto. En aquel caso, el diario no dudó en aplicar su línea editorial y asoció a Jesús con la doctrina liberal y la democracia. Estas eran ideas defendidas por Soto, un reconocido exportador cafetalero y representante de la llamada “Generación del Olimpo”.

Los diarios anunciaban también que no circularían durante los días jueves y viernes santos para “guardarlos” en memoria del fundador del cristianismo.

Por su parte, en representación del ferrocarril de Costa Rica, Minor C. Keith señalaba en La República (16/4/1889) que durante aquellos días no correrían los trenes de la llamada “división central”.

A su vez, algunos editores de prensa asociaban los días sagrados con acontecimientos políticos centroamericanos que estuvieron a punto de afectar a Costa Rica, como el intento de Justo Rufino Barrios de forzar la integración centroamericana por la vía militar.

A ese respecto, una crónica del Diario de Costa Rica (5/4/1885) señalaba: “Las funciones religiosas de la Semana Santa no tuvieron interrupción, a pesar de lo anormal de las circunstancias. Las ceremonias y procesiones todas fueron celebradas como es costumbre y con asistencia de crecido número de personas piadosas que con el fervor de los justos, oraban porque las desgracias que hoy presencia Centro América no continúen siendo tan terribles, y caritativamente porque Barrios cayera vivo a los infiernos”.

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Curiosamente, tres días antes de publicarse esta descripción tan singular, el dictador guatemalteco Justo Rufino Barrios caía muerto en la batalla de Chalchuapa ante las tropas salvadoreñas dirigidas por Rafael Zaldívar.

Con Barrios se derrumbaron así los proyectos unionistas que pretendieron revivir la integración defendida por el caudillo hondureño Francisco Morazán durante la primera mitad del siglo XIX.

Como se desprende de la información suministrada por la prensa de esa época, las crónicas de Semana Santa de fines de siglo combinaban de forma interesante la descripción de tradiciones insertas en la religiosidad popular de los costarricenses, con episodios de naturaleza política de la vida nacional y regional.

Hoy en día –habría que decirlo–, tal combinación no resulta extraña en nuestro país'

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