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Fines del siglo XIX

La Costa Rica de Alberto Masferrer

Actualizado el 09 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Fines del siglo XIX Un libro de crónicas, hoy reeditado, nos enseña mucho de lo que hoy somos

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La Costa Rica de Alberto Masferrer

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                         libro de la Colección Leer para Disfrutar.Reciente
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libro de la Colección Leer para Disfrutar.Reciente

El escritor salvadoreño Alberto Masferrer (1868-1932) fue uno de los más importantes intelectuales centroamericanos de su época. Según las investigaciones de Constantino Láscaris, José Salvador Guandique y Karen Racine, Masferrer vivió en su juventud en Guatemala, Honduras y Nicaragua, países donde desempeñó diversas ocupaciones, incluida la de maestro de escuela.

Posteriormente se involucró en actividades periodísticas y empezó a publicar sus primeros escritos, y, ya en la década de 1890, fue designado cónsul en diversos países de América Latina y Europa. La etapa final de su vida se caracterizó por una activa participación política: después de fundar en 1928 el periódico Patria , en 1930 fue electo diputado como parte del movimiento encabezado por Arturo Araujo, cuyo gobierno fue derrocado en diciembre de 1931 por el general Maximiliano Hernández Martínez.

Mínimo vital. Masferrer transitó de un temprano anarquismo a la teosofía y el espiritismo, y cultivó principalmente el ensayo. En este campo, su aporte más destacado fue el concepto de “mínimum vital", conocido como “vitalismo”. El trasfondo de esta doctrina fueron las profundas desigualdades socioeconómicas de los países centroamericanos, en particular de El Salvador. La base del vitalismo es que toda persona tiene derecho a la “satisfacción constante y segura” de sus “necesidades primordiales”:

“1. trabajo higiénico, perenne, honesto, y remunerado en justicia; 2. alimentación suficiente, variada, nutritiva y saludable; 3. habitación amplia, seca, soleada y aireada; 4. agua buena y bastante; 5. vestido limpio, correcto, y buen abrigo; 6. asistencia médica y sanitaria; 7. justicia pronta, fácil, e igualmente accesible a todos; 8. educación primaria y completamente eficaz, que forme hombres cordiales, trabajadores expertos, y jefes de familia conscientes; 9. descanso y recreo suficientes y adecuados para restaurar las fuerzas del cuerpo y del ánimo”.

Aunque estaba muy lejos de ser revolucionario, aun el limitado reformismo social que implicaba el mínimum vital resultó inaceptable para los círculos políticos y empresariales, en especial después del colapso de la Bolsa de Nueva York en 1929 y del inicio de la crisis internacional del capitalismo.

En El Salvador, la agudización del descontento social culminó en el levantamiento popular de enero 1932, que fue reprimido por los militares con un saldo de miles de muertos, sobre todo indígenas. Desde antes de la caída de Araujo, Masferrer se había establecido en Quezaltenango. Fue expulsado de Guatemala por presión de la dictadura de Hernández Martínez, y se trasladó a Honduras, en cuya capital falleció el 4 de septiembre.

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En Costa Rica. La información sobre las estancias de Masferrer en territorio costarricense es fragmentaria y contradictoria. Algunos investigadores afirman que su primera visita ocurrió en 1881; según otros, en 1885. Además, se asevera que –junto con el escritor guatemalteco Máximo Soto Hall– fundó el Diario de Costa Rica en uno u otro de los años señalados.

Sin embargo, las versiones anteriores no coinciden con los indicios disponibles. El periódico mencionado sí se estableció en 1885 (primera época), pero por Joaquín Bernardo Calvo, con la colaboración de Juan Fernández Ferraz, Ángel Anselmo Castro y Rafael Montúfar. A su vez, Soto Hall ciertamente se avecindó en San José, aunque lo hizo alrededor de 1896.

Los datos más precisos que se conocen indican que Masferrer efectivamente estuvo en el país en 1885 y que permaneció en él por alrededor de un año. Regresó como cónsul general de El Salvador en 1896 y fundó La Revista Nueva junto con Ricardo Fernández Guardia, y Repertorio de Costa Rica con Anastasio Alfaro.

En julio de 1897, con el poeta Agustín Luján, Masferrer comenzó a producir e l Diario de Costa Rica (nueva época), cuyo coeditor propietario fue por pocos meses. En esta segunda ocasión, la estancia se prolongó por más tiempo pues, como lo demuestra el historiador Óscar Aguilar Bulgarelli, en 1900 empezó a publicar en la prensa crónicas de sus experiencias costarricenses, con las cuales elaboró luego un folleto que se imprimió al parecer en San José.

Por su interés para la Costa Rica actual, la Colección Leer para Disfrutar de La Nación ha publicado tal opúsculo. Precisamente por esa pertinencia conviene aclarar varios aspectos básicos de sus contenidos. Lo primero que se debe destacar es que, durante la visita que Masferrer realizó en 1885, el país empezaba a superar la breve crisis económica iniciada en 1884 y a dejar atrás la amenaza de una guerra con Guatemala (debido al fallido proyecto del dictador guatemalteco Justo Rufino Barrios de unificar a Centroamérica por la fuerza).

Asimismo, el círculo de políticos e intelectuales liberales, dirigidos por el presidente Bernardo Soto (1885-1889), se aprestaba a recuperar la memoria de la guerra de 1856-1857 contra William Walker y a llevar a cabo la reforma educativa de 1886, que centralizó y secularizó la enseñanza.

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La segunda estancia de Masferrer se caracterizó por un contexto muy distinto: una crisis económica que se extendió por casi una década, debido a los bajos precios del café asociados con la sobreproducción brasileña.

Además, el levantamiento popular del 7 de noviembre de 1889, que permitió a la oposición desplazar a los liberales del poder, fue seguido por los regímenes autoritarios de José Joaquín Rodríguez Zeledón (1890-1894) y de su yerno, Rafael Iglesias Castro (1894-1898).

Con todo, la transición a una democracia electoral ya estaba en marcha, y se consolidó en la década de 1900, cuando casi todos los varones adultos costarricenses estaban inscritos para votar y el abstencionismo se redujo de casi 60% en los comicios presidenciales de primer grado de 1897 a 28% en los de 1905.

Lectura crítica. El texto de Masferrer ciertamente incorpora perspectivas que exigen una lectura crítica pues apelan a determinismos raciales o geográficos hoy superados, e invocan valores tradicionales, evidentes sobre todo en el caso de las mujeres: confinadas al espacio doméstico y ajenas a los asuntos públicos.

Al igual que otros intelectuales centroamericanos que residían en Costa Rica, como Soto Hall, el escritor salvadoreño se identificó decisivamente con el régimen autoritario de Iglesias Castro. Sin embargo, eso no le impidió, en el marco de una visión a veces bastante idílica de la sociedad costarricense, señalar algunas de sus debilidades, limitaciones y prejuicios.

La cercanía con el gobierno y la formación intelectual de Masferrer influyeron en que su narrativa se concentrase en los círculos medios y acomodados urbanos, se refiriera poco a la población rural y dejase casi de lado a los sectores populares, en especial a peones agríco-las y obreros. En contraste, Masferrer mostró un especial interés por identificar y comprender las especificidades costarricenses en el contexto centroamericano, en particular las de carácter político.

En ese campo, sus preocupaciones se adelantaron a las del investigador estadounidense Dana Gardner Munro, quien publicó, en 1918, Las cinco repúblicas de Centroamérica , la primera obra de ciencia social sobre el istmo.

Por medio de este texto, la sociedad costarricense puede viajar hoy al pasado, compartir críticamente las experiencias de Masferrer y, por esta vía, reconocer cuánto de lo que que Costa Rica fue ya no es, y qué permanece de lo era a finales del siglo XIX e inicios del XX.

Quienes se decidan a emprender tal recorrido, viajarán por caminos, escenarios y paisajes que resultan, a la vez, extraños y familiares, distantes y próximos, previstos e inesperados.

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