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Corte de cuentas

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Al final del año tenemos muy a la vista lo que hemos logrado, especialmente las cosas que tienen mejor prensa: contabilizamos los créditos académicos que adquirimos o las promociones laborales que ganamos.

Todos tenemos muy claro el estado de resultados del año, pero convendría también mirar los logros que no tienen esa alta valoración social. Por ejemplo, sin haber ganado créditos académicos, podríamos haber aumentado nuestra capacidad para resolver problemas, lograr acuerdos, hacer contactos o amigos, conducir a otros, innovar, emprender. Nos desarrollamos viviendo, no solo estudiando.

Estamos dotados de talentos que se valoran y premian en el mercado laboral. Esos los tenemos muy claros y son el equivalente de nuestro balance de situación, pero tenemos otra serie de talentos que no representan una capacidad productiva vendible, sino que aumentan la probabilidad de que vivamos una vida feliz y provechosa para los demás.

¿Cuáles son esos talentos? Tenemos conocimientos que otros no tienen. Podemos ser maestros de parientes y compañeros. Somos compañía posible para muchas personas solitarias. Tenemos la capacidad de alegrarle la vida a otros. Si no utilizamos esos talentos, somos como una empresa industrial que hubiera adquirido un equipo excelente, pero que lo tiene almacenado en una bodega. Somos como una empresa que en su balance de situación tiene activos improductivos.

Entonces la pregunta que debemos hacernos –al igual que en la empresa– es cómo mejorar la utilización de todos los talentos. ¿Cuáles de nuestros talentos podríamos poner en acción y cómo?

Un buen plan de mejoramiento personal debería también desestimular las habilidades que tenemos para amargarnos la vida: por ejemplos, cuando tememos eventos que no ocurrirán nunca; cuando nos empeñamos en ser otros a contrapelo de nuestra naturaleza y dejamos de cultivar nuestros rasgos característicos; cuando queremos tener unos dones que no tenemos, pero no agradecemos los que sí tenemos; cuando queremos hacer milagros en vez de ir paso a paso; cuando no somos sensibles a la maravilla de los talentos de los demás.

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Noticia La Nación: Corte de cuentas