Archivo

Conferencias post-9 y  crueles lecturas

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

Archivo

Conferencias post-9 y  crueles lecturas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Soñar no cuesta nada, salvo que uno se duerma en el diván de un psicoanalista. Dormirse hablando de nosotros mismos es una deplorable confirmación de que somos aburridos, y está mal que echemos la culpa de esto a los demás pues ellos también sufren el mismo problema. Nos consta mutuamente.

La introspección nunca es muy aconsejable porque, cada vez que nos encontramos con nuestro superyó, terminamos decepcionándolo. Quizá por esto, don Ramón Gómez de la Serna solía decir que quien se busca demasiado a sí mismo acaba por retirarse el saludo.

Felizmente, se han inventado otras formas de dormirse, y no pasan por la introspección, peligroso ejercicio espiritual que nos enseña que la sinceridad es la virtud que acarrea las peores consecuencias.

En cambio, unas de las formas más efectivas y recomendables de la búsqueda del sueño en sociedad son 1) la conferencia que pasa de las nueve de la noche y 2) la lectura de obras inéditas que ansían cometer la imprudencia de dejar de serlo.

En el caso de la conferencia post-9, tarde advertimos que hemos caído en la garras vocales de un gimnasta de la facundia que se ama a sí mismo a falta de alguien peor. Cabe definir la conferencia post-9 con un término inventado por el psicólogo Karl Abraham: fase oral-sádica . En tal apuro, lo ideal es dormirse. Por cortesía, es mejor ser el primero en dormirse que el primero en irse.

En el caso de las lecturas de libros inéditos, todo es igualmente pavoroso porque se supone que nos invitaron a la lectura pues somos amigos del feliz redactor de un tríptico-novela, o de otras cosas, que generalmente son también trípticos-novela. Tras doce horas de lectura, sabemos que no nos invitaron por amistad, sino por lo contrario.

Así pues, acorralados por las circunstancias, zarandeados por un temporal de párrafos, maldiciendo el abecedario, demolidos por una cabeza parlante, echados al barril sin fondo ni forma de un libro cuya trama es más complicada que las chicas del 68, sabemos que es el momento de actuar; id est, de dormirnos en defensa propia y de hundirnos en el Nirvana portátil de la nada, que resulta igual que la nada de aquel libro, pero suena menos.

PUBLICIDAD

Luego, es muy bien visto despertarse, saludar y sonreír al autor sensatamente inédito, y aconsejarle remitirse a alguna editorial muy eficaz, aunque tal vez remota: javanesa o burundiana, que se ha especializado en la narrativa suajili del siglo XVIII, pero que tiene previsto renovarse ( reinventarse es mejor).

Suetonio informa de lecturas de poetas, como Horacio y Virgilio, y sabemos que el escritor Asinio Polión estrenó en Roma el hábito de leer sus obras ante sus amigos, quienes pudieron ser más, pero fueron menos pues les leía sus libros.

Tempus fugit (el tiempo huye), y nuestros amigos podrían hacerlo también. Deberíamos pensar en todo esto quienes –¡ay!– hemos presentado o presentaremos un libro.

  • Comparta este artículo
Archivo

Conferencias post-9 y  crueles lecturas

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota