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¡Clic, clic! ¡Viejo conduciendo!

Actualizado el 10 de abril de 2013 a las 12:00 am

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En peligro y peligroso, padezco el mal de Párkinson, aunque “no de libro”, dice mi médico. Cuento sesenta y ocho años; hace dos, sufrí un desplome, pero no estoy afectado del cerebro. Inclusive compré una computadora nueva, recientemente, aunque es como haber adquirido un avión “jet”, ¡CLIC, CLIC!

Por eso advierto –tanto a mis amigos y lectores, como a quienes no me conocen– sobre dos asuntos muy sencillos pero importantes: sufro fluctuaciones de ánimo, con ocurrencias positivas y negativas sobre mi vida y circunstancias, al decir de José Ortega y Gassett; pero también soy consciente, como enseñó Eric From, de que esas circunstancias surgen de una sociedad cargada, en sí misma, de enfermedades y problemas.

Consecuentemente, todos los actores sociales debemos ser críticos y autocríticos, simultáneamente, con rigor y claridad, sinceridad y humildad, para mejorarnos entre todos. Doy algunos ejemplos específicos y concretos:

kAl cometer un error, por olvido, torpeza o simple descuido, conviene reconocerlo de inmediato, sin excusas y racionalizaciones. De tal manera se evitan suposiciones incorrectas, discusiones innecesarias, igual que predicciones o “profecías” autorrealizadoras, como las que describe William Thomas.

kReconocer que toda acción humana tiene lo que Robert Merton llamó “funciones explícitas” y “funciones implícitas” (también “manifiestas” y “ocultas”). Se requiere especificar la que se aplica, sin producir falacias y engaños, voluntarios o involuntarios en la comunicación entre interlocutores

kNo incurrir en “juegos que la gente juega”, como los que analiza Eric Berne. Esto minimiza las truculencias y despistes que se utiliza entre familiares, amigos e inclusive amantes, para no enfrentar realidades incómodas o difíciles de enfrentar entre partes.

kEstar siempre dispuesto a burlarse de uno mismo, como hacía Ronald Reagan, el expresidente norteamericano fallecido, en sus frustraciones políticas, especialmente afectadas por el mal de Alzéimer. kCuando visitaba grupos de sus copartidarios que sabía tener “pleitos entre sí”, siempre se presentaba diciendo: hay tanto desecho de caballo aquí que no me cansaré de buscar hasta encontrar un lindo pony.

kPero tampoco hay que dejarse propasar por cualquiera. Don Rodrigo Facio, quien fue un gran caballero que murió no tan viejo relativo a su expectativa de vida (conforme a los censos de 1927 y 1950). Aun así, se cuenta que, en una tienda de sombreros que visitaba en Nueva York, se probó uno y lo volvió a poner en su lugar; entonces, un acompañante, que obviamente no era de su confianza, cogió el mismo sombrero, se lo puso ante el epónimo y dijo: “Mirá, Rodrigo, tenemos cabezas iguales; a mí también me queda”. A esto don Rodrigo respondió: “Tendremos cabezas del mismo ‘tamaño’, pero no son ‘iguales’ ” .

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¿Moraleja? La autoridad que suelen merecer o demandar las personas en razón de su edad y atributos concomitantes, como antiguedad formal y rango institucional, no debe ceder ante prácticas masivas o actitudes confianzudas. ¡CLIC, CLIC!

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