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Claves del éxito de Rafael Correa

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Ecuador seguirá sometido aaltos niveles de conflicto y caudillismo

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Claves del éxito de Rafael Correa

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El pasado domingo 17 de febrero, luego de una tediosa “campaña electoral sin política”, el presidente Rafael Correa y su movimiento Alianza País arrasaron en las elecciones generales. Obtuvieron el 56% de los votos, superando en 33 puntos a su principal rival, el banquero de tendencia derechista Guillermo Lasso quien cosechó un 23%. Las encuestas no fallaron: Correa logró la reelección en primera vuelta y, además, consiguió mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Con esta victoria Correa confirma que su figura y el régimen (la “Revolución Ciudadana”) que encabeza desde 2007 se han transformado en un parteaguas en la historia del Ecuador. Ningún mandatario ecuatoriano había logrado hasta ahora ganar tres elecciones consecutivas (2006, 2009 y 2013).

Este triunfo le permite prolongar su gobierno por espacio de una década, ya que recién en el 2017 vence su mandato, a menos que, tentado por el firme respaldo obtenido en estos comicios intente reformar (nuevamente) la constitución para buscar un nuevo mandato, o bien la reelección indefinida, como en su día hicieron otros presidentes latinoamericanos.

Las causas. ¿Cuáles son las causas del aplastante triunfo del 17 de febrero y la hegemonía correísta? Primero, Correa ha traído estabilidad política a un país que entre 1997 y 2005 vio desfilar a más de media docena de presidentes, tres de ellos derrocados (Abdalá Bucaram en 1997, Jamil Mahuad en 2000 y Lucio Gutiérrez en 2005).

Segundo, sus políticas sociales y sus inversiones en infraestructura se han convertido en el pilar de su permanencia en el poder y de su arrolladora popularidad. Estas se sostienen en dos elementos: mejor recaudación y aumento de los impuestos, y la bonanza petrolera. En los últimos seis años los ingresos del Estado han casi doblado los de los 10 anteriores. Ello le ha permitido al Gobierno aumentar sustancialmente el gasto público y desplegar una ambiciosa y efectiva política social y de infraestructura.

Tercero, ha ejercido un liderazgo carismático, combinado con objetivos claros y precisos y habilidad política para llevarlos a cabo. Se propuso en primer lugar acabar con el viejo sistema político y nada le detuvo, al punto que en 2008 logró cambiar el andamiaje institucional mediante la adopción de una nueva constitución dentro de cuyo articulado insertó la reelección. Dominó asimismo la escena y la agenda política apelando a la movilización de su base social logrando arrinconar a una oposición débil y desprestigiada a la cual calificó despectivamente de “partidocracia”.

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Cuarto, desde la campaña de 2006 que lo llevó al poder por vez primera en 2007, ha apostado por la polarización para cimentar su liderazgo, usando un lenguaje político agresivo y excluyente. Al inicio, sus enemigos fueron los desacreditados partidos políticos; luego la élite económica, los pelucones y la banca; y, finalmente, los medios de comunicación (la “prensa corrupta”), siendo su enfrentamiento con el diario El Universo el caso más emblemático.

Quinto, Correa ha competido con una oposición desunida, fragmentada y débil incapaz de presentarse ante el electorado como una verdadera alternativa al oficialismo. Un sector de la oposición representa el pasado (Álvaro Noboa, el roldosismo y Lucio Gutiérrez), otro, ha decepcionado por su limitada capacidad de atraer a los votantes (Guillermo Lasso por la derecha y Alberto Acosta por la izquierda) y un último, encarna un futuro aún muy en ciernes (el izquierdista Norman Wray y el centrista Mauricio Rodas).

Un espejo de América Latina. En Ecuador encontramos una serie de tendencias políticas, sociales y económicas que hoy están presentes en una parte importante de la región. Entre ellas cabe mencionar: la reelección inmediata o consecutiva de un presidente en funciones, la extrema debilidad de la oposición, y la existencia de líderes populistas e hiperpresidencialistas.

Rafael Correa se une a la lista creciente de presidentes en ejercicio que logran la reelección inmediata: Carlos Menem y Cristina Kirchner en Argentina, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Álvaro Uribe en Colombia, Hugo Chávez en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y Leonel Fernández en República Dominicana.

Salvo algunas excepciones (Paraguay en 2008, Chile en 2010, Perú en 2011 y México en 2012, países en los cuales se castigó en las urnas al oficialismo al verse este impedido de presentar a la reelección al mandatario en funciones), los votantes están avalando a los presidentes sin importar el espectro ideológico al cual pertenecen, sean de centro-derecha (el uribismo), de izquierda moderada (Lula da Silva y Dilma Rousseff) o socialistas del siglo XXI (Daniel Ortega en 2011, Hugo Chávez en 2012 y ahora Correa). Ello obedece, en gran medida, al buen momento económico que vive la región, sobre todo en los países de América del Sur, debido a los altos precios de las materias primas.

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Las recientes elecciones ecuatorianas sirven asimismo para diagnosticar la condición actual del socialismo del siglo XXI. La soledad de Hugo Chávez desde 1999 culminó con los triunfos de Evo Morales en 2005, de Daniel Ortega y de Rafael Correa en 2006, y del giro político dado por Manuel Zelaya en Honduras entre 2007 y 2008, eyectado del poder vía golpe de Estado. Desde entonces, el socialismo del siglo XXI, si bien ha logrado mantener su núcleo duro (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua), no ha podido empero añadir nuevos países a esta corriente. Todo pareciera indicar que han tocado techo.

Lo que viene: la radicalización del modelo correísta. El contundente triunfo de Alianza País hace prever que las características centrales del régimen no solo se van a mantener sino que se van a ahondar. “A esta revolución no la para nada ni nadie” (') “No vamos a cambiar de rumbo, por el contrario vamos a radicalizar y profundizar nuestra revolución ciudadana, acelerando nuestros procesos”, declaró Correa en la tarde del domingo 17 de febrero ni bien tuvo conocimiento de su abrumadora victoria.

De ahí que en los próximos meses es muy probable que el presidente Correa, aprovechando el firme respaldo obtenido en las urnas y el hecho de contar (por primera vez desde el 2006) con mayoría propia en la Asamblea Nacional, lleve adelante una ambiciosa agenda legislativa entre las cuales destacan una nueva ley de comunicación y un nuevo Código Penal integral, herramientas imprescindibles para su lucha contra la “prensa corrupta”.

La profundización de la revolución ciudadana vendrá acompañada, asimismo, de un cambio en la matriz productiva (a la fecha muy dependiente del petróleo), por lo que es igualmente probable ver una apuesta a favor de un modelo económico centrado en la explotación de los recursos minerales. Para ello la adopción de las nuevas leyes de agua y de tierra serán prioridad para el oficialismo.

Este proceso de radicalización tendrá un denominador común: la centralización aún mayor de competencias y poderes en la figura del presidente. El cheque en blanco que el correísmo acaba de recibir incrementa el riesgo de que los rasgos autoritarios y los niveles de discrecionalidad del régimen se fortalezcan de manera peligrosa. De ahí que el desafío del presidente Correa pase por saber administrar el firme mandato obtenido en las urnas con una ética de responsabilidad democrática, la cual debe estar asentada en el respeto y diálogo con la oposición y en una relación madura con la prensa que permita garantizar la libertad de expresión.

Reflexión final: Ecuador, el país que era visto como el enfermo de Sudamérica entre finales de los 90 y principios de este siglo, es considerado actualmente como un ejemplo de estabilidad política de la mano del correísmo, aunque también del hiperpresidencialismo y de un “caudillismo social plebiscitario”.

Por ello, mientras el país no logre reconfigurar e institucionalizar un sistema moderno y eficaz de partidos políticos, sin perjuicio de reconocer los importantes avances logrados durante los últimos años en materia de desarrollo económico y social, su democracia seguirá sometida a altos niveles de polarización, conflicto y caudillismo. Esta es la gran asignatura pendiente.

Daniel Zovatto. Director regional para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional

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