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China y el nuevo mandato de Obama

Actualizado el 18 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

El giroasiático deEE. UU. no parecetener eje

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NUEVA DELI – El primer viaje al extranjero que hará el presidente Barack Obama después de obtener su segundo mandato electoral será a Asia, lo que destaca el nuevo papel central de esta región respecto de la economía y la seguridad de los Estados Unidos.

Pero la gira asiática de Obama también recalca la importancia de una duda que genera la política estadounidense para la región: ¿el “giro” de Estados Unidos hacia Asia adquirirá contenido estratégico concreto o será solamente una continuación de políticas antiguas bajo un nuevo barniz retórico?

Estados Unidos no dejó pasar la ocasión de capitalizar las inquietudes que causa en la región la cada vez más enérgica autoafirmación de China. Es así que ha reforzado sus lazos militares con sus antiguos aliados asiáticos, a la vez que comienza a tejer lazos con otros amigos nuevos. Pero el deslumbramiento provocado por el regreso de Estados Unidos al centro de la escena en Asia no deja ver los grandes obstáculos que supone para el país seguir siendo el principal sostén de la región en materia de seguridad de cara a las ambiciones estratégicas de China.

Pérdida de poder. Uno de esos obstáculos es la pérdida de poder relativo de Estados Unidos, proceso cuya detención demanda una amplia renovación interna, con consolidación fiscal incluida. Pero la necesidad de recortar el gasto público deja abierta la posibilidad de que Estados Unidos no sea capaz de financiar una reorientación de sus prioridades militares hacia la región de Asia y el Pacífico o, peor aún, que se vea obligado a replegarse allí.

Durante la presidencia de Obama, Estados Unidos cedió cada vez más terreno a China (aunque hay que decir que esta tendencia viene de antes, desde que el Gobierno de Bush quedó enfrascado en las guerras de Afganistán e Irak). Hay quien ve en esto motivos para dudar de la capacidad de Estados Unidos para darle peso estratégico a su “giro” aumentando su presencia en la región de Asia y el Pacífico, donde ya mantiene a 320.000 soldados.

La propuesta de desplegar 2.500 marines más en Australia es, en gran medida, simbólica.

De hecho, aunque al principio el gobierno de Obama creó en los países asiáticos expectativas de que Estados Unidos respondería con más firmeza a la creciente asertividad de China, después comenzó a bajarle el tono a la dimensión militar de su “giro” y a enfatizar en vez de eso una mayor presencia económica en la región. Este cambio trajo un alivio a quienes temían verse obligados a elegir entre Estados Unidos y China; pero para los países que deben soportar todo el rigor de la obstinada política de China en relación con sus disputas marítimas y territoriales, el cambio de énfasis genera más dudas respecto del compromiso de Estados Unidos con la región.

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Postura hacia China. En la práctica, al reorientar su “giro” hacia la economía, Estados Unidos está corrigiendo una política que hacía demasiado hincapié en el componente militar y llevaba al país directamente a un conflicto con China. Esta otra postura más beligerante de Estados Unidos hacia China fue la expresada en la que hizo la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en el Foro Regional 2010 de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) celebrado en Hanói; pero ahora Clinton está moderando su posición y prefiere centrar sus visitas a países asiáticos en la promoción del comercio y las inversiones.

También Obama ha comenzado a enfatizar los aspectos económicos del “giro” estadounidense, y por eso presenta su gira asiática como un intento de crear más puestos de trabajo en el sector fabril estadounidense mediante un aumento de las exportaciones a la “región más dinámica y de más rápido crecimiento del mundo”. Incluso su histórica visita a Myanmar (la primera de un presidente estadounidense) obedece tanto a motivos comerciales como al intento de sustraer de la influencia china a un país con abundantes recursos y de ubicación estratégica.

Acuerdo Transpacífico. La reorientación hacia asuntos comerciales y económicos también es causa de que Washington promueva el Acuerdo Transpacífico, cuyo objetivo es crear una nueva área de libre comercio en Asia y el Pacífico, pero sin China. Además, Estados Unidos destaca la importancia de la Cumbre de Asia Oriental y del grupo ASEAN, cuya propia reunión cumbre se superpone con la reunión de la CAO a la que asistirá Obama en Phnom Penh.

El cambio de rumbo de Estados Unidos también tiene otro motivo: Estados Unidos no gana nada tomando partido en las disputas de China con sus vecinos, excepto cuando afectan directamente sus propios intereses, como ocurre en el mar de China Meridional, donde los reclamos marítimos chinos amenazan la libertad de navegación en algunos de los corredores marítimos más transitados.

En virtud de esta preocupación por sus propios intereses nacionales, Estados Unidos decidió mantener una postura de neutralidad tácita ante la reaparición de las disputas territoriales entre China y la India, entre ellas una súbita resurrección del reclamo chino sobre el territorio del gran estado de Arunachal Pradesh en los Himalayas indios. Del mismo modo, Estados Unidos viene exhortando tanto a China como a Japón a resolver en forma pacífica su . El objetivo principal de Estados Unidos es evitar que el equilibrio actual se trastorne hasta el punto de que se vea obligado a tomar partido por Japón (algo que iría en contra de sus propios intereses).

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Revisión de la terminología. Cuando el secretario de defensa de los Estados Unidos, Leon Panetta, se encontró en septiembre con el líder chino Xi Jinping en China, “le llenaron los oídos” con advertencias de que Estados Unidos no debía inmiscuirse en la disputa sinojaponesa. De hecho, en medio de las orquestadas en China en septiembre, Panetta (en vez de aconsejar a China poner límites a las manifestaciones, que a menudo fueron violentas) reiteró pública- mente la neutralidad de Estados Unidos en relación con la disputa por el control de las islas.

Esta revisión de la política estadounidense llega incluso a la terminología. Los diplomáticos estadounidenses ya no hablan de un “giro” (por las connotaciones militares del término inglés pivot) y en su lugar han adoptado el término “rebalanceo”.

Independientemente del nombre, el cambio de política se relaciona exclusivamente con China e implica que Estados Unidos refuerce alianzas y amistades con los países de la periferia china, entre ellos India, Japón, Filipinas, Vietnam, Indonesia y Corea del Sur. Pero el Gobierno de Obama sigue negando que su estrategia gire en torno de China, y, de hecho, evita decir o hacer en público nada que pueda irritar a sus pares chinos.

Respeto a las reglas. La región de Asia y el Pacífico ocupará un lugar importante en la agenda del segundo mandato de Obama, especialmente cuando de aquí a 2014 se complete el retiro de las tropas estadounidenses de Afganistán y esa guerra termine. Pero Obama deberá definir con más claridad la política estadounidense ante el rápido ascenso de una China gobernada por un régimen autoritario, que plantea sus reclamos territoriales en forma agresiva y agita el nacionalismo fronteras adentro. No basta que Estados Unidos y el resto de Asia se adapten a China; deben buscar el modo de influir sobre China para que esta respete las reglas.

Brahma Chellaney, profesor de Estudios Estratégicos en el Centro de Investigación Política con sede en Nueva Deli, es autor de los libros Asian Juggernaut y Water: Asia’s New Battleground.

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