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China: experimento de impacto global

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

El dogmatismo es un desequilibrio emocional que produce ceguera intelectual

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China: experimento de impacto global

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Al analizar los contenidos y formas de la revolución socio-económica y política que tiene lugar en la República Popular China (RPCh), conviene no exagerar lo positivo ni minusvalorar lo negativo. Contribuir a una visión como esta es el propósito de las siguientes reflexiones en torno a una pregunta clave e insoslayable ¿Es factible combinar la economía de mercado y el pluralismo socio-económico y cultural con un sistema político de partido único o de partido rector del Estado y el Gobierno? ¿Se encuentran las élites chinas en capacidad de construir un gobierno autolimitado y propiciar la vigencia completa de los derechos humanos, sin menoscabar la función articuladora y hegemónica del Partido Comunista? Este es el desafío, el enigma irresuelto en cuya resolución se fragua el futuro de las modernizaciones chinas.

Experiencias previas. Antes de que en la RPCh se diera inicio al proceso de reforma económica tendiente a introducir la economía de mercado y vincular el país al capital privado internacional (1978), tales objetivos se plantearon en los contenidos de la Nueva Política Económica (NPE, URSS, 1921-1929) y en la Primavera de Praga de 1968. Estas experiencias reformistas al interior del socialismo marxista fracasaron, como fracasaron, años después, la perestroika y la glasnost en la Unión Soviética, lideradas por Mijaíl Gorbachov, que también incluían el propósito de construir una “vía de mercado al socialismo”, dicho sea en el lenguaje de los ideólogos del reformismo marxista.

¿Dónde se origina el fracaso de las experiencias señaladas? La información disponible y las interpretaciones dominantes, hasta el momento de escribir este artículo, concuerdan en señalar como causa la imposibilidad técnica de combinar el principio pluralista inherente a la economía de mercado con el principio centralista del unipartidismo o del partido político rector del Estado y del Gobierno. Esta incompatibilidad es la razón por la cual el vocablo “socialismo de mercado” resulta un galimatías difícil de explicar y digerir. Los intentos fallidos de llegar al socialismo a través de un rodeo por los vecindarios del capitalismo, antecedieron la desaparición de la Unión Soviética y de las dictaduras en Europa del Este.

Por otra parte, conviene recordar que hacia finales de los años setenta y principios de los ochenta, se perfila en Europa occidental, con especial énfasis en Italia, Francia y España, el llamado eurocomunismo, que, además de valorar en forma positiva a las economías de mercado, propone insertar en el ideario marxista los valores de la tradición política democrático-liberal. Este intento de reforma ideo-política al interior de varios partidos comunistas europeos, también fracasa debido a la misma causa indicada para la experiencia reformista soviética y checa: La imposibilidad técnica de sintetizar los principios liberales con la cosmovisión totalitaria.

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¿Es diferente en la RPCh? Pero mientras se sucedían los esfuerzos fallidos indicados, en la RPCh tenía lugar una experiencia inédita que en su momento cautivó al recordado periodista e intelectual costarricense Guido Fernández. Los resultados positivos de la experiencia china de construcción social – de los que Costa Rica recibe ahora muchos beneficios– han hecho plausible preguntarse si el caso de la RPCh es diferente a la experiencia soviética, del socialismo real y del eurocomunismo. Mi respuesta es sí y no.

No, porque todos los intentos reformistas mencionados se originan en la necesidad de introducir la economía de mercado como vía para alcanzar el desarrollo, pero sí debido a que en la RPCh dicha transformación se ha consolidado y alcanzado resultados duraderos – algo que nunca ocurrió en los otros casos–. A lo anterior debe agregarse que el PCCh no es una organización clásica de tipo leninista, como las conocidas en la URSS, Europa del Este, Corea del Norte o Cuba, circunstancia que facilita la realización de la modernización económica.

La élite gobernante en la RPCh ha logrado gestionar con éxito, durante treinta y cinco años, un proceso de cambio socioeconómico basado en la economía de mercado y la apertura comercial, sin que eso debilite la hegemonía político-ideológica y militar del PCCh, y esto, además de ser un mérito indudable, constituye un fenómeno inédito en la historia de los intentos reformistas originados en el ideario marxista, razón por la cual es válido plantearse si en el caso de la RPCh resulta factible o no construir una sociedad pluralista y democrática en el marco de un sistema político de partido único o partido rector.

Talón de Aquiles. La idea de un gobierno autolimitado y de la preeminencia de los derechos humanos (políticos y socioeconómicos) frente a cualquier ideología o estructura de poder, ¿es posible concretarla en la República Popular China sin erradicar el papel del PCCh como eje articular de la sociedad? La élite gobernante en China estima que el asunto de los derechos humanos “(') ha entrado en una etapa de desarrollo planificado, sostenible, estable e integral” ( La Nación , “Derechos humanos, la crítica que incomoda a la bonanza china”, 2/06/2013, página 26A), en el marco del sistema político de partido único o partido rector ¿Será esto posible? Si las élites chinas lo logran, se estará en presencia de un hecho positivo, extraordinario, inusual e innovador, pero, por lo pronto, se trata de algo incierto y no están excluidas involuciones autoritarias y dictatoriales.

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Construir una nueva perspectiva. Es claro, a la luz de lo dicho, que el análisis e interpretación de la experiencia china debe mostrar mayor versatilidad y originalidad. No se puede entender a la RPCh repitiendo los conceptos propios de la Guerra Fría o los análisis clásicos respecto al marxismo. Tampoco es factible abordar el tema de los derechos humanos sin vincularlo a la historia y nivel de desarrollo de la RPCh, y a las intenciones estratégicas de la geopolítica global. Los modelos de interpretación, para que sean válidos y fecundos, deben liberarse de ideo-mitologías periclitadas y concentrarse en los hechos mismos. El dogmatismo, cualquiera sea su signo, es un desequilibrio emocional que produce ceguera intelectual, debe ser superado para mejor comprender las realidades chinas.

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