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China: cobre que Costa Rica paga

Actualizado el 14 de junio de 2013 a las 12:00 am

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China: cobre que Costa Rica paga

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En el proyecto de la refinería no hay ninguna donación, ayuda o concesión de China a Costa Rica. Ni tiene que haberla, pero es bueno que quede claro desde un inicio. Se trata de un negocio entre dos socios, en el cual, como en todo negocio, cada uno, si es medianamente inteligente, tratará de ganar lo máximo. Se trata de un negocio de cerca de $1.500 millones, equivalente al 3,5% del PIB nacional. Como resultado del proyecto, una potencia extranjera regida por una dictadura con ambiciones globales imperiales, será, por medio de una de sus empresas estatales, copropietaria de un activo cuya operación es parte de un monopolio que atenderá un sector estratégico para el desarrollo nacional.

Pero lo realmente absurdo del proyecto de la refinería entre Recope y la Corporación China de Petróleo (CNPC), es que todo, absolutamente todo, lo ha decidido, controlado y ejecutado la potencia extranjera: subsidiarias de la CNPC hicieron los estudios de factibilidad, incidieron en el diseño, el tamaño y otras características del proyecto. Todo sin licitaciones ni refrendos de la Contraloría y con gigantescos conflictos de interés en los que la CNPC es juez y parte. Todo, recordemos, a un costo mercantil, nada regalado para Costa Rica.

El 30 de mayo La Nación reporta que Recope ha informado que una subsidiaria de la CNPC construirá el proyecto. ¡Así como así! Un conflicto de interés más. Nada de licitaciones, como debe ser cuando se trata de instituciones del Estado. Esa subsidiaria es la China Petroleum Engineering & Construction Corporation (CPECC), ¡la misma que, por medio de una de sus empresas (CEI), participó en la revisión de los estudios de factibilidad y recomendó la ejecución del proyecto!

¿Y saben, costarricenses, quién podría supervisar la construcción de la refinería? Personal de otra subsidiara de la CNPC. ¡Insólitamente la CNPC podría “supervisarse” a ella misma cuando construya! Eso a pesar de que existen decenas y decenas de empresas de categoría mundial sin vínculos con CNPC que podrían brindar los mismos servicios.

También se informó que la CPECC cobrará $1.300 millones por construir la refinería. Los expertos opinan que una refinería con capacidad para procesar 65.000 barriles es rentable si su costo es inferior a los $900 millones. La noticia de que la misma CNPC la construirá explica lo caro del proyecto: a la CNPC no le importa que el costo de construir la refinería sea excesivo –quizá hasta en un 50%- porque ella misma, por medio de una de sus subsidiarias, la construirá. Lo que sobrepaga por un lado lo sobrecobra por el otro. Para Recope –las y los costarricenses– la ecuación es diferente: lo que sobrepaga por un lado se le va para siempre.

Pero falta la cereza en el pastel: al anunciar que la subsidiaria CPECC de la CNPC cobrará $1.300 millones por construir la refinería, el presidente ejecutivo de Recope, Jorge Villalobos, declara que “la oferta de CPECC está dentro de lo previsto...” De ese modo, quien debe defender los intereses nacionales al instante declara que el precio está bien, en un negocio equivalente al 3,5% del PIB nacional donde no ha mediado licitación alguna.

Es difícil encontrar “estrategia” comercial más absurda. Con esa declaración se eliminó cualquier posibilidad de regatear. Si así conduce Villalobos sus negocios privados –¡pagando lo que le cobren!– que lo haga y que sus herederos le reclamen. Pero Villalobos administra recursos que no le son propios sino de todos los costarricenses y debe defenderlos a capa y espada. Por lo demás, esta actitud evidencia lo dicho antes: en este lamentable negocio los chinos deciden todo, absolutamente todo, y el Gobierno costarricense, a lo banana republic, obedece y paga lo que le cobren.

El hecho de que la presidenta no haya despedido a Villalobos aun después de estas declaraciones demuestra que hay razones poco claras por las cuales tanto el Gobierno anterior como este han estado dispuestos a acomodarse a todo lo que pida China. Por mi parte, creo que si China se quiere pagar y repagar el Estadio y otras donaciones con el proyecto de la refinería, es mejor que se diga de una vez por todas. Así entenderemos –aunque no estemos de acuerdo– las razones para que se pisoteen los intereses nacionales de una manera tan atroz. Pero no pretendan que con nuestro silencio este proyecto siga adelante en los términos planteados.

Todo lo actuado hasta ahora intriga, alecciona y resulta irónico. ¡Quién hubiese imaginado que el comunismo idearía un negocio tan típico del capitalismo salvaje! ¡Quién hubiese creído que la CNPC de la China comunista, cual alumna aventajada de la United Fruit Co. del Estados Unidos capitalista, reviviera de manera tan precisa actitudes que deseamos ver enterradas!

La forma en que los chinos han rodado y envuelto en este negocio leonino a ejecutivos y sindicalistas de Recope y a embajadores y presidentes costarricenses, genera una enorme preocupación, pero también induce a una pérdida total de confianza en el proyecto. ¿Qué nos garantiza que dentro de uno o dos años, cuando se haya iniciado la construcción y sea muy difícil detenerla, la CNPC con la complacencia de Recope no pida una ampliación de contrato de hasta un 50% o más, llevando el costo del proyecto a cerca de $2000 millones, tal y como se ha divulgado en algunos círculos?

Distinguidos analistas como el Dr. Leiner Vargas y el Dr. Manrique Jiménez Meza han encontrado anomalías técnicas, financieras y legales a granel en este proyecto. Creo que todas se originan en el hecho de que nuestras autoridades han permitido que China decida todo y cobre a placer.

Lo que procede es detener este proyecto antes de que se hayan estampado más firmas que comprometan al país. Las advertencias están hechas. La Contraloría informada. Que no se alegue en el futuro desconocimiento de que este negocio nacía enfermo.

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