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Cero Poses El Cañero: “Todavía no hay repuesto para El Cañero”

Actualizado el 14 de abril de 2013 a las 12:00 am

Es el más conocido y avezado comentarista taurino, que todas las tardes sabatinas adereza las transmisiones del Verano toreado con sus jocundas frases, su ciclópea memoria y sus gráficas descripciones de la monta criolla y la tauromaquia.

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Cero Poses El Cañero: “Todavía no hay repuesto para El Cañero”

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Ya lo decían los abuelos: cuídate de las mujeres “gatas” y los hombres pequeños. Uno lo ve venir y parece un ternero recién parido. Esmirriado, enjuto, mínimo, con la piel curtida por los años y las mañas.

Embiste con sus palabras; bufa al recordar las injusticias sufridas; piafa al exponer sus ideas y corcovea de un tema a otro, como el toro cuando lo montan.

Más que un nombre, Jorge Arturo González Quesada es una marca, un símbolo, el macho alfa de la manada: El Cañero. ¡Dios nos agarre confesados!

Ya va para los 60 años y de esos 27 ha sido comentarista taurino en canal 4, canal 13 y desde hace cuatro años está en canal 7, en el Verano toreado. También escribió columnas en La Nación, La Prensa Libre, La República y todos los sábados firma Toros a La Teja, en ese tabloide.

Al Cañero lo parió la tierra, allá en Sandillal de Cañas –de ahí su apodo–, en una “casona de bazas, corredor volado, tabiques con traslape, una tabla encima de otra, con gallinero y corral; bebíamos agua de una naciente que salía debajo de las raíces de un palo de laurel”.

De niño fue bronco, cerril, un torete al que todos le querían “pegar porque era el más chiquitillo; me peleaba con todos los compañeros y eso me llevó a ser el líder de la escuela, formó mi carácter que no es diplomático, defiendo mucho lo que creo, mis ideales y mi familia”.

Aunque criado a lo macho y en el culto a la virilidad, El Cañero sabe lo que es llorar; pero no se confunda, son lágrimas de hombre, porque también los hombres tienen débil el alma.

Cada vez que toma el micrófono se llena la boca con sus comentarios taurinos porque no es un advenedizo, sabe lo que dice y solo dice lo que sabe. “Mi sueño era una barrera a la que no le cabía una aguja, montar el mejor toro, bajarme, levantar las manos y que todo el mundo me aplaudiera”.

Hijo bastardo de un montador, nieto de don Jerónimo un viejo sabio que templó su carácter, domeñó 53 toros y si bien ninguno lo “mandó a dialogar con la arena”, solo El Perico lo corneó y lo “revoleó” dejándolo medio muerto seis horas' pero El Cañero es un guapo y sorteó a capotazos a la “pelona”.

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Este Cañero no se anda con vainas, raja el ayote por la mitad y asegura que en un mes arregla el país, que masculla una diputación y que aquí sobran los derechos y escasean los deberes.

“Pasamos de la cara a las nalgas”, sentenció. Sus conocidas frases truenan en el tablao, a lo lejos una reverbera y lo retrata: “¡Qué belleza de animal!”.

¿Cuál es su nombre?

Los extraños me llaman Jorge; los más cercanos Arturo; los de confianza Enano y el pueblo: ¡Cañero!

¡Quéee bárbaro!

Le voy a decir algo, la prepotencia es fea, pero la realidad es real, soy uno de los más conocidos y además querido. El que no me quiere me respeta.

¿Le han dicho que es un bocón? Yo llamo así al que miente y al que dice jetonadas, porque en Costa Rica decir la verdad es un pecado; cuando algo no me gusta lo digo, y si alguien me cae mal, no hallo como darle la mano. Una vez en Recope me pagaron un cheque con el nombre de Cañero y así me lo cambiaron.

¡Mmmm! ¿Usted es único?

No hay repuesto para Cañero; solo el pueblo dirá si soy el mejor, pero la gente me lo dice en la calle. Es que me salgo del prototipo tico.

¿Le incomoda la fama?

Es bella pero muy cansada. Me he vuelto un solitario. No se si soy famoso, pero me siento cansado. Yo tuve que retirarme de los bailes, de las aglomeraciones; es que la gente es muy buena y todo el mundo me saludaba. Perdí la privacidad; uno se vuelve un producto y si alguien frustrado quiere dinero, inventa una falsedad y obtiene lo que quiere.

¿Por qué, lo han basureado?

Hay gente que anda tirando excrementos. Fueron a decir a la tele que yo era playo. ¡Por Dios! Si uno fuera, pero donde inventan eso... por mi madre. No tengo ningún interés en echarme de enemigo a los homosexuales. Respeto al que nace así, pero hay unos que se han hecho de camino y esos tienen otro nombre según los abuelos: sinverguenzas, chollados, carebarros . Lo que pasa es que les dan mucha pelota' solo los gays, los gays, los gays.

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¿Usted es un mal amansado? Soy perfeccionista, necio, majadero hasta lo último. Todo me ha costado, nadie me regaló nada, solo el favor de mi público y mis hijos que son un regalo de Dios; aunque para ellos tengo dos caras: en una soy un tirano y en otra soy un cabrón.

¿Quién le pone el pie encima?

Mi nieta me hace como le da la gana. No soporto que me falten al respeto; quien me contradice lo debe hacer con hechos. Mi abuelo, don Jerónimo González Prendas, decía: ‘Con los pelos de la chancha en la mano uno sabe de qué color es’.

¿Qué más le enseñó don Jerónimo?

Me dio consejos que formaron mi carácter. Una vez me advirtió: ‘No se mate por ser el primero, muérase por no ser el último’. O este: ‘Hay que dejar el portillo abierto para salirse, no para que se le metan a uno’.

¿Su abuelo lo crió?

Un tiempo, porque lo perdí rápido. Soy hijo natural de Fausto Calvo Suazo y tuve de padrastro a Manuel Antonio Arrieta, de infaustos recuerdos. En Guanacaste, un hombre es más hombre entre más mujeres deja preñadas y abandonadas. Crecí en una sociedad machista; usted es hombre solo si bebe guaro, pelea, bailonguea, monta toros y deja panzona a la novia.

¿Y usted anduvo de mal portado?

Soy un hombre de familia con 34 años de casado con María Luz Mora; con ella tengo dos hijos y cuatro fuera del matrimonio. Vivo y muero por las mujeres; moriré como un toro miura: “Parao”.

¿Tan mujeriego y casado?

El cura de Cañas me preguntó si juraba serle fiel a mi mujer y yo dije que no, que no iba a mentirle a Dios. A ella le dije que sería la única mientras fuera una señora; ella dijo que sí y por lo menos no mintió. No me casé en Palmares porque no quise hacer el curso prematrimonial; ya tenía un hijo con otra y el sacerdote –que tenía dos queridas en la casa cural– quiso darme clases de moral, me retó a pelear en la calle y me amenazó con excomulgarme.

Bueeeno' y ¿dónde dejó el ombligo?

Nací en Sandillal de Cañas el 12 de mayo de 1953; soy el mayor de los 12 hijos que parió mi madre Flor María. Todos nacimos en la casa, mi abuela Aurora Quesada fue la partera y cuando murió yo la sustituí y traje al mundo a varios de mis hermanos, en cuenta una que murió a los tres días.

¿Era un pata pelada?

Es cierto, tengo mucho de que arrepentirme, pero nada de que avergonzarme. Los primeros zapatos que usé me los regaló un amigo, Hugo Arias, y me duraron hasta tercer grado y cuando se me gastaron los enterré y lloré mucho porque tendría otros hasta los doce años, que saqué el sexto grado, y mi hermana mayor me los compró con sus ahorros de cocinera en San José. Esos me rindieron hasta los 15 años, cuando llegué al Colegio Técnico de Bagaces y fui alumno fundador.

¿Qué vientos lo trajeron por estos rumbos?

Mi padrastro engatusó a mamá y ella vendió la propiedad que tenía en La Fortuna de Bagaces y nos vinimos a Palmares, alquilamos una casita en un lotecillo esquinero. Lloré una semana seguida porque yo era un ave libre y fue como si me agarraran y me metieran en una jaula.

¿Y de qué vivían?

Hice algo para lo que nunca serví: coger café. No me rendía la cogida. Más tarde aprendí a soldar, hice estructuras metálicas, portones, sillas y en eso trabajé como 18 años. También jugué fútbol, fui campeón goleador, árbitro y hasta dirigente deportivo.

¿Cómo empató eso con su carrera en la televisión?

Debido a mi experiencia en el futbol, me fui a trabajar al Centro de Sport como agente; en tres meses diseñé un plan para “atacar” a las asociaciones solidaristas y llegué a ocupar los primeros lugares en ventas. En uno de los viajes en bus al trabajo conocí un muchacho que vivía en Palmares y era editor-productor en canal 7.

¿En qué le ayudó?

Mi amigo Jorge Arturo tenía que ver con las transmisiones de toros desde Zapote, pero a él no le gustaban porque los comentaristas no decían ni sabían nada del animal, del montador, de las sogas o el caballo.

¿Y usted se las sabía todas en eso?

Bueno, yo monté toros toda mi vida; llegué a ordeñar hasta 25 vacas solo; volé pala, chapeé, aserré y conocía todo lo relacionado con los animales y las labores de campo. De niño nos escapábamos de la escuela para ir a la finca de un compañero a montar terneros y apostábamos cinco céntimos por animal; yo llegaba a la casa con seis reales, sin camisa, todo chollado y mamá me pedía la plata y me “leñateaba”, pero al otro día volvía a lo mismo.

¿Cuándo montó el primer toro?

A los 13 años y siete meses, el 15 de enero de 1966, en la Fortuna de Bagaces. Era El Palomo , de don Ángel Barquero. Pesaba 720 kilos. Ese día llegué de la mano de mi abuelo, pero antes pasamos a la cantina y el me compró dos tragos de guaro; mientras me los empujaba levantó la mano y me amenazó con arriarme si los escupía.

En sentido figurado ¿Alguna vez lo cogió el toro?

El 11 de diciembre de 1979, a las 3:20 p. m. monté El Perico y me bajé sin que me hiciera nada, pero mientras le ayudaba a un compañero y le socaba el pretal, alguien le cortó el mecate al toro y este me metió el cacho en la manga, me levantó y me destrozó la parte derecha de la cara, me deformó el cráneo, perdí varios dientes y quedé muerto por seis horas. Fue el último toro de mi vida, el número 53 porque esa era mi meta.

Volvamos al tema, ¿le dieron el trabajo en canal 7?

Tuve una cita con Rodrigo Sánchez, y él me preguntó: ‘Usted qué ofrece, qué pretende, qué quiere’. Le pedí una oportunidad pero no la recibí porque yo era un desconocido. Solo me dieron las gracias.

¿Quedó vestido y alborotado?

Lo que es la vida. Al otro día los periódicos publicaron que Multivisión de Costa Rica, canal 4, era el canal oficial de los Festejos Populares 1986-1987 y me entró el gusanillo de la revancha. Llamé a la emisora y pedí una cita con Aníbal Reina, el productor de los toros.

¿Y don Aníbal cómo lo trató?

Era una excelente persona. Me atendió y me escuchó. Le conté que la monta de toros es un arte, un deporte, una ciencia y quien va arriba del animal es un ser humano y eso le interesó. Nos reunimos varias veces a las 3 p. m.; él proyectaba un video sin sonido y yo hacía los comentarios.

Pero ¿Le dieron el empleo?

Noooo. Al mediodía del 11 de diciembre de 1986 llegué de un partido, me tiré al sillón en pantaloneta, encendí la tele, vi los toros en canal 4, le puse volumen y escuché: ‘¡Toros desde Guadalupe con Lucho Monge, Pitusa y Crespi! Uuuuyyyy ¡Me agarraron de chancho otra vez!’. Al día siguiente llegué donde don Aníbal y le pedí explicaciones; él, con amabilidad, me contestó que yo era su as bajo la manga, porque la competencia nunca se imaginaba que él me tenía a mí y sería una sorpresa.

¿Al fin se le hizo ser comentarista taurino?

Sí, parecía un sueño inalcanzable. El 23 de diciembre alisté un bolso de nailon, tres mudadas, una sueta blanca; solo mi jefe, mi señora y mi mamá sabían. Llegué a Zapote, al palco número 26; me recosté a un camión de la emisora y un asistente técnico me empujó y me dijo: ‘¡Quítese hijueputa, no ve que estamos trabajando!’.

¿Cómo cambió de ese día hasta hoy?

Yo empecé en la escuela del toreo y ahora estoy en la maestría; cada día mejoro, siempre aprendo algo nuevo. Modifiqué mi léxico, soy más gráfico cuando hablo, vivo con intensidad lo que veo. Cuando debuté el rating fue del 68 por ciento, el más alto en la historia de la televisión. Me eligieron personaje del año pero no lo hicieron oficial porque soy un plebeyo.

¿De dónde obtiene toda la información para sus comentarios?

Pregunté, aprendí y practiqué. Los montadores de antaño me enseñaron: Quincho Soto, Minor Medina y Dago Gerardo Durán Alfaro –de Puerto Viejo– el mejor actualmente.

¿Vive solo de los toros?

Pues no. Una vez al año organizo una excursión a México, visitamos el rancho Tres potrillos, de mi amigo Vicente Fernández y de su hijo Alejandro. Tengo estrecha amistad con los hermanos Pepe y Toño Aguilar, con Joan Sebastian y Álvaro Vergara, de la Federación Mexicana de Charros.

¿Colabora en otros medios de prensa?

La gente me decía ¡Cañero qué bien escribes!; en La Nación y en La Prensa Libre tuve la columna Aquí los toros ; fui corresponsal deportivo de La República ; ahora escribo Toros a la Teja , todos los sábados. También he narrado en Nicaragua, Honduras, México y Panamá.

A usted qué le parece: ¿Costa Rica es como un redondel?

Diay, aquí pasamos de la cara a las nalgas. Ahora hay mucha ignorancia. Todo el mundo tiene derechos pero nadie deberes. Si me dan el poder, en un mes arreglo el país; todos los empleados públicos tendrían que firmar una bitácora y decir qué hicieron, una vez comprobado se les pagaría. El exceso de libertad nos hizo daño.

¿Al toro por los cuernos?

Me ofrecieron una diputación por Guanacaste y estoy pensándolo'.

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