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Estudio canadiense y holandés publicado en ‘Science’

Cerebro experimenta placer al escuchar música nueva

Actualizado el 13 de abril de 2013 a las 12:00 am

Resonancias magnéticas vieron cómo se activa área asociada al placer

Esta zona se llama núcleo accumbens y está ubicado en la base del cerebro

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Cerebro experimenta placer al escuchar música nueva

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Video: El cerebro y la música
                         Las resonancias mostraron  que a más disposición de  los voluntarios a pagar por la canción, más activa se ponía la conexión entre la corteza prefrontal y el núcleo accumbens. | SCIENCE
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Las resonancias mostraron que a más disposición de los voluntarios a pagar por la canción, más activa se ponía la conexión entre la corteza prefrontal y el núcleo accumbens. | SCIENCE

Un tango en la mañana, jazz por la tarde y quizás una salsa para alegrar la noche... A todos los seres humanos nos gusta escuchar música y, por ello, no es raro que esta esté presente desde los inicios de la humanidad en forma de diferentes instrumentos y cánticos.

¿Por qué ocurre esto? ¿Qué nos provocan las ondas melódicas en las neuronas? ¿Por qué nos desata emociones o recuerdos? ¿Por qué nos produce placer una nueva canción?

Usando imágenes de resonancia magnética, un equipo de científicos del Instituto Neurológico de Montreal de Canadá y de la Universitad de Utrecht, Holanda, se está acercando a esta respuesta y a nuevas preguntas.

Explorando el cerebro de 19 voluntarios (10 mujeres y 9 hombres), los neurocientíficos, liderados por el argentino Robert Zatorre, detectaron que cuando una persona escucha una obra musical o canción por primera vez, se activa la zona del cerebro conocida como el “centro de recompensa”.

Esta es precisamente la misma área que se “enciende” ante los placeres de comer, beber o tener relaciones sexuales.

¿Cómo lo saben? Cada uno de los voluntarios escuchó 60 fragmentos de obras musicales.

Los participantes tenían la opción de comprar con su propio dinero las melodías que más les gustaran en una plataforma ficticia similar a la de iTunes.

Fue de esta forma que los científicos lograron “convertir” la sensación placentera y subjetiva de escuchar música nueva en un dato objetivo y “medible”, como lo es el precio que pagarían por ella.

Mientras escuchaban y compraban canciones, se les hicieron las resonancias magnéticas.

Luego, el análisis de estas mostró gran actividad en el núcleo accumbens del cerebro de las personas estudiadas.

El núcleo accumbens es una estructura cerebral que forma parte de los núcleos basales: acumulaciones de células nerviosas que se hallan cerca de la base del cerebro.

Curiosamente, estos núcleos, a los que erróneamente a veces se les denomina ganglios basales, están implicados en el control del movimiento de las personas.

Lo cierto es que, según vieron los neurólogos, cuanto más dispuestos estaban los voluntarios a pagar por cada canción que escuchaban, más activa se ponía la conexión entre la corteza prefrontal y el núcleo accumbens.

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Eso no significa que el núcleo accumbens determine cuán placentera nos resulta una melodía, enfatizó el neurofisiólogo Zatorre, quien añade que este “solo sirve de centro integrador”.

Para el investigador, el valor subjetivo placentero que damos a una canción, depende de la combinación de sensaciones sensoriales, factores socioculturales, conocimientos, experiencias y memorias, así como del estado afectivo de cada persona.

Entre pentagramas y sinapsis. No es nuevo que la música ofrezca algún beneficio neuronal. Investigaciones previas ya han demostrado que el escuchar música impacta las regiones de las emociones y los circuitos vinculados con el placer, explicó la agencia EFE.

Incluso, hay estudios que han confirmado que la dopamina interviene en esta respuesta en las áreas estriadas del cerebro.

“Estos circuitos de gratificación refuerzan comportamientos biológicamente adaptativos que incluyen el comer y el sexo y los comparten la mayoría de los vertebrados ” , explicó el estudio en Science.

Pero la apreciación de la música es compleja y, aparentemente, una característica distintiva de los humanos.

Lo que sigue es investigar qué impulsa nuestro gusto musical. Es decir, si nuestra actividad cerebral puede explicar por qué algunas personas disfrutan más escuchar jazz mientras que otras se sienten más afines al pop, por ejemplo.

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