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Celso, políglota

Actualizado el 19 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Apareció en la página cuatro del suplemento deportivo de La Nación (3/7/2014), el comentario de David Goldberg con el título “Celso Borges: la cabeza de la Tricolor”, donde se relata sin ambages la fluidez lingüística de este mediocampista costarricense con sangre brasileña, quien hizo destreza del manejo de sus tres idiomas principales: español, portugués e inglés, sin dejar de mencionar un buen manejo de los escandinavos: sueco y noruego.

No es para menos; el vivir en Europa hace ya varios años, sumado a tener un padre brasileño y rozarse con gran cantidad de personas que usan el inglés como idioma puente en el Viejo Continente, lo han hecho una persona que se “defiende” en varios idiomas a la hora de atender una entrevista, y con ello asombra a los entrevistadores y a los espectadores.

¿Cómo es posible que un jugador de un minúsculo país centroamericano, cuya ubicación geográfica algunos ni identifican, sea capaz de responder coherentemente las preguntas en cualquiera de esos tres idiomas? Sentimos orgullo por este muchacho, que es un fiel reflejo de las nuevas generaciones de costarricenses que han sabido adaptarse a las exigencias globales de un mundo cambiante y cada vez más competitivo.

Abrirse a otras lenguas. Una vez, en una reunión internacional a la que tuve oportunidad de asistir, escuché decir a uno de los delegados de Venezuela que el documento tal podría ser emitido por su Gobierno, pero que sería en español, porque ese era el idioma oficial de su país. Se iniciaba por aquel entonces, la administración de Hugo Chávez, a la sazón presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Por más que le expliqué sobre la universalidad del inglés y de no darle connotaciones “imperialistas norteamericanas”, no tuve éxito. En otra ocasión, conocí en Francia las expresiones del presidente galo diciendo que no se tenía que usar el inglés en Europa, si no el francés, porque cinco naciones lo tenían como idioma oficial: Francia, parte de Suiza, Bélgica, Mónaco y Andorra, aunque estos dos últimos sean micronaciones. Por supuesto, los franceses tienen herido su honor de glorias pasadas, cuando el francés era el idioma oficial de la diplomacia. De ahí nos quedó la sigla de pie de página “RSVP” en las invitaciones muy formales, que no es otra cosa que confirmar uno si podrá o no atender este compromiso.

No podemos imaginarnos a un ciudadano de la India comunicándose con uno de Corea del Sur en otra lengua que no sea el inglés. Ni aquel habla coreano, ni este lo hace en indio: así de sencillo. El inglés debemos de manejarlo como un imperativo actual, ya que sin él es prácticamente imposible entablar un diálogo, digamos en Estambul o en Ginebra. Y no tenemos que estar pensando que de esta forma somos complacientes con los estadounidenses, los canadienses o los mismos ingleses. El idioma de Shakespeare se ha convertido en algo así como en una forma de sobrevivencia en latitudes en donde no se comprende su homólogo de Cervantes.

Bien hace Borges en demostrar su manejo de estos tres idiomas en un momento dinámico en que los ojos del mundo han estado puestos en cómo se mueve el balón.

Nuestros estudiantes de primaria y secundaria no deberían de ver, jamás, el aprendizaje del inglés como una carga académica o como una obligación para poderse graduar, sino como un instrumento muy útil para poder ser realmente competitivos; y si a esto le sumamos mandarín, portugués o alemán, mucho mejor. Dentro de poco no bastará con saber despedirse con un Good bye , Au revoir , Até logo o Auf wiedersehen .

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