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EDITORIAL

¿Caso fortuito?

Actualizado el 05 de julio de 2012 a las 12:00 am

Lo ocurrido en la autopista General Cañas era totalmente predecible. En consecuencia, no hay caso fortuito al cual pasarle la cuenta

El MOPT debe sincerarse y admitir las verdaderas razones del daño sufrido por la principal carretera del país

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Quien atienda la explicación del Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) sobre el hundimiento en la autopista General Cañas, aceptará que se trata de un “caso fortuito”. Esas son las palabras precisas empleadas por la entidad para descargar responsabilidades. La culpa la tuvo un tronco arrastrado por la corriente hasta la boca de la alcantarilla, donde creó un remolino capaz de erosionar el terreno hasta causar el hundimiento.

El tronco y las fuertes lluvias son hechos de la naturaleza, conjugados fortuitamente para causar el daño. Caso fortuito es otra forma de decir impredecible y así se eximen de toda culpa el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) y el Conavi. La responsabilidad exigible, a lo sumo, es la falta de supervisión del alcantarillado, pero según el libreto oficial, se trata de una responsabilidad atenuada por las características particulares del fenómeno.

No es cierto. Conavi y la Comisión Nacional de Emergencias reclutaron la ayuda de técnicos del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) para estudiar las condiciones hidrológicas de la zona. El Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme), de la Universidad de Costa Rica, también fijó su atención sobre el problema. La historia resultante es muy diferente.

Los expertos del AyA atribuyen lo sucedido al cambio en el uso del suelo en la zona donde se ubicaba la alcantarilla y hoy existe un cráter profundo, suficiente para interrumpir el uso de la carretera más importante del país. Hace 50 años, cuando se instaló la alcantarilla, los cafetales circundantes absorbían el agua, disminuyendo el flujo hacia la quebrada Guaria, cuya corriente pasa por debajo de la vía.

Medio siglo más tarde, la zona varió radicalmente. Donde hubo cafetales hay industrias y áreas residenciales. El desarrollo impermeabilizó el suelo y aumentó la escorrentía superficial hacia la quebrada. La alcantarilla era incapaz de soportar el paso de 132 metros cúbicos de agua por segundo, volumen habitual en época de lluvia. Con el tronco o sin él, estaba condenada a colapsar.

Desde esa óptica, las responsabilidades y las omisiones de los encargados de la red vial aparecen mucho más claras. El estudio de AyA se ejecutó cuando ya la alcantarilla había colapsado, las empresas soportaban el ausentismo o justificado retraso de sus empleados, cantidad de pasajeros habían perdido sus vuelos y el Ministerio de Educación se había visto obligado a adelantar las vacaciones en escuelas y colegios.

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El estudio llegó tarde. Nadie en el MOPT se interesó por hacerlo a tiempo, con la previsión esperable, tratándose de la carretera más importante del país, por donde circulan, a diario, unos 100.000 vehículos, muchos de ellos de transporte público. Los datos puros y simples contenidos en el estudio de AyA retratan la imprevisión y la negligencia, sin necesidad de comentario.

El Lanamme va más allá y culpa directamente al MOPT por el derrumbe. No hay planificación de mediano y largo plazo, dice Luis Guillermo Loría, coordinador del Programa de Ingeniería de Transporte del prestigioso laboratorio. Tampoco hay mantenimiento ni un inventario vial detallado.

En esas condiciones, lo ocurrido no es sorpresa. Era de esperar. En consecuencia, no hay caso fortuito al cual pasarle la cuenta. El MOPT debe sincerarse con el país y admitir las verdaderas causas de lo ocurrido. Identificar el problema y hacer propósito de enmienda es mucho más útil que descargar responsabilidades sobre fenómenos naturales totalmente predecibles.

Como lo sabe el AyA y debería saberlo el MOPT, en la zona llueve y lloverá intensamente. Las aguas tomarán el rumbo de la alcantarilla, cuyo diámetro debe ser suficiente para canalizar su paso sin daño para la infraestructura.

Es tan sencillo como eso.

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