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Clave Fiscal

Carlos Camacho: Los retos del país en 2016

Actualizado el 21 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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En el año que finaliza tenemos un balance de orden mixto, confuso y poco halagüeño.

Por un lado, se ha destruido una cantidad significativa de fuentes de empleo, por tanto de generación de riqueza y bienestar. Ello, como resultado de la competitividad del país, que ha empeorado significativamente por una arcaica política de orden cambiario que solo genera el desmantelamiento de la capacidad exportadora y encarece en términos de intercambio internacional la producción local y moviliza los capitales hacia ambientes más competitivos.

En el año que termina la mayor parte de las economías emergentes han devaluado sus monedas entre el 20% y 30%, mientras Costa Rica tiene en parálisis el tipo de cambio.

El sector productivo, además de ver amenazada la capacidad de exportación, encuentra en el tipo de cambio un enemigo para la producción local, dado que se hace más competitivo el importar que el producir localmente. Ambos efectos combinados han traído como consecuencia una economía que no creció como es requerido, mientras otras en la región siguieron al menos con modestos crecimientos y nos ganaron la partida de la competitividad. A su vez, esto atizó el desempleo, al generar una mayor brecha social entre quienes han encontrado limitado eco a sus deseos de inserción en el sector productivo privado, así como el efecto que en el consumo interno agregado.

Ante ello, el agente económico protagónico está en condiciones financieras deficitarias de orden estructural, con poca voluntad política de hacer lo que se debe, de poner en coherencia las necesidades manifiestas en el reciente llamado de “Emergencia Fiscal”. Mientras que el Gobierno mantiene su pasividad en materia de contención del gasto público, que requiere sin temor el cierre total de instituciones redundantes que hacen del Estado un aparato más caro y menos gobernable.

Entonces, ¿de quién o qué depende el futuro? De las decisiones u omisión de estas. Teniendo que apechugar las consecuencias, para que todos de manera informada tomemos posiciones valientes para sacar adelante al país.

Es evidente que el futuro es solo la consecuencia de los hechos del pasado, pero más activamente, de lo que en el horizonte inmediato hagamos con claridad y desapego del bien propio para lograr mantener el bien superior. No es de recibo que los mezquinos intereses anquilosados en el Estado allende gobiernos de turno, sean los que estén a cargo del descalabro que se acerca. Creemos que sin arreglar lo anterior, la situación actual no se puede resolver con un enfoque simplista de aumento de los impuestos.

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Sin duda, 2016 es un año de inflexión, no es tolerable la posición de dejar hacer y dejar pasar de la administración Solís Rivera, que debe aterrizar de una vez por todas y percatarse de que la campaña acabó.

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