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Campos de trabajos forzados

Campos de trabajo en Corea del Norte son un viaje sin retorno para sus prisioneros

Actualizado el 26 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Organizaciones internacionales denuncian violación de derechos humanos

Pionyang niega su existencia aunque se pueden ver en imágenes satelitales

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Campos de trabajo en Corea del Norte son un viaje sin retorno para sus prisioneros

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Seúl. Redacción y EFE. En mayo de 1969 Kwang-sun recibió una carta, mientras estudiaba en la universidad, en la que se le informaba el arresto y desaparición de su padre.

“Fui a la oficina de seguridad local a preguntar de qué se le acusaba, pero nadie me dio respuesta. Solo me dijeron que lo habían llevado a un campo de trabajo”, recuerda.

Cuatro décadas más tarde, esta norcoreana, ahora de 66 años y refugiada en Seúl, sigue indagando en vano el paradero de varios de sus familiares en diferentes gulags (campos de trabajo) del régimen de los Kim.

Ella es una de los más de 25.000 norcoreanos que en las últimas seis décadas han logrado completar la dura travesía al Sur.

“Mis seis hermanos, si siguen vivos, están encerrados en un campo de concentración”, se lamenta.

A finales de los 70 y tras años de indagaciones sin éxito, Kwang-sun se casó y abandonó su pueblo natal en el condado de Onsong al extremo septentrional norcoreano para instalarse con su marido, un marinero, en una localidad pesquera del sureste del país.

Allí fue donde recibió la noticia más trágica.

“En 1981 arrestaron a mis cinco hermanos, de trece años el menor de ellos, y a mi hermana durante una purga para eliminar supuestos elementos subversivos”, cuenta la refugiada.

Sus pesquisas la llevaron en esta ocasión hasta uno de los conductores que reveló haber trasladado a los prisioneros al campo 12, en el noreste del país, cerca de la frontera con Rusia y China.

Por ser hijos de un convicto, los hermanos de Kwang-sun sufrieron el “castigo por tres generaciones”, con el que el régimen norcoreano estigmatiza a los descendientes de quienes considera “traidores a la patria” y condena a niños a pasar el resto de sus vidas en los confines delimitados por las vallas electrificadas del gulag.

Campos en secreto. La organización Free the North Korean Gulag (“Liberad el gulag norcoreano”) asegura que en Corea del Norte existen actualmente cinco campos de concentración en los que hay unas 210.000 personas recluidas.

Esta situación es denunciada habitualmente por organizaciones como Amnistía Internacional, grupo que esta semana recordó en su informe anual que existen “constantes violaciones de los derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales, trabajos forzados y torturas” a los prisioneros en los campos norcoreanos.

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“Muchas personas recluidas en campos penitenciarios para presos políticos no habían cometido ningún delito, sino que estaban relacionadas con otras consideradas hostiles al régimen y habían sido detenidas como forma de castigo colectivo”, agregó el informe.

Por su parte, el Gobierno de Corea del Norte niega la existencia de dichos campos y acusa a quienes los denuncian de seguir una campaña orquestada por EE. UU. y Corea del Sur para difamar al régimen socialista más ortodoxo del mundo en el que todos los habitantes, mantiene, viven en un permanente estado de felicidad.

Recientemente, un norcoreano que regresó a su patria tras desertar al Sur aseguró en la televisión estatal del Norte (KCTV) que el Gobierno de Corea del Sur utiliza actores y actrices que simulan ser refugiados del país vecino para fabricar historias como la de los gulags como método propagandístico contra Piongyang.

Es la versión de Corea del Norte, cuyo inescrutable hermetismo hace imposible aportar pruebas definitivas que demuestren la existencia de los campos de concentración y, con ello, obstaculiza el trabajo de las ONG que tratan de denunciar esta opaca realidad.

“Al margen de los testimonios de los refugiados, las imágenes (lejanas) de satélite son la única evidencia de los campos de prisioneros” , comentó Joo Ji-eun, gestora de Free the North Korean Gulag, mientras muestra los mapas y listados de prisioneros creados por la organización a partir de ambas fuentes.

Joo describe los gulags norcoreanos como “un lugar de no retorno” del que hasta ahora solo un prisionero, Shin Dong-hyuk, ha logrado escapar para contar su historia .

En el libro Fuga del campo 14 (2012), Shin, que nació dentro del campo, cuenta que presenció la ejecución de su madre y hermano y fue sometido a constantes vejaciones y torturas que llegaron a deformar su piel y articulaciones.

En el libro también describe escenas que ilustraban el día a día del campo: cómo los guardias violaron a su prima o cuando a una joven la mataron a golpes porque tenía cinco granos de trigo en sus bolsillos.

Shin logró huir del campo cuando tenía 23 años, y hasta ahora ha sido el único que ha logrado salir vivo de dicha travesía.

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Al escuchar testimonios como este desde Seúl, la refugiada Kwang-sun llora. Sus seis hermanos probablemente estén experimentando una situación similar o pasaron por ese calvario antes de morir.

Lo más dificil es no saber qué pasó, luego de que partieron hacia un destino sin tiquete de regreso.

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