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Cambiar la costumbre de mala alimentación

Actualizado el 25 de febrero de 2013 a las 12:00 am

No basta con prohibir algo para cambiar la realidad

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El año pasado se inició un proceso de cambio en nuestras escuelas con la promulgación del reglamento sobre sodas escolares. Su éxito depende de un esfuerzo de logística para dotar a las escuelas de las condiciones materiales para su puesta en práctica. Se requiere también del involucramiento de la sociedad en un tema de interés público.

Las asociaciones de padres de familia, las juntas de educación, las autoridades municipales, todos estamos llamados a participar en este proceso de cambio cultural que significa aceptar que la obesidad es una pandemia que amenaza nuestro presente y el futuro de nuestro país. En efecto, todos sabemos que la mala alimentación amenaza con extender la hipertensión, la diabetes, los problemas asociados al hígado graso, enfermedades coronarias o respiratorias.

Por esas razones saludamos con alegría el decreto sobre sodas escolares promulgado en año anterior. Pero reconozcamos que, en este país, tenemos la tendencia a pensar que las cosas se arreglan con normas y sanciones y no con cambios reales de conducta. Tenemos la nefasta tendencia a pensar que existe un velo mágico en las normas y que al prohibir algo cambiamos la realidad. La fuerza normativa de la costumbre tiene un enorme peso y, si no existe la convicción del cambio, la amenaza de la coacción termina por desvanecerse.

En virtud de esas consideraciones se hace necesario pedir un nuevo esfuerzo al MEP para que el decreto se aplique. Para ello debe invertir en generar las condiciones materiales necesarias para que las sodas funcionen adecuándose a la normativa. Además, debe invertir en campañas de sensibilización para que los maestros, los estudiantes, lo padres y la sociedad en general acuerpen la iniciativa. No a partir de las sanciones, sino de la convicción.

Involucrar nuevos actores públicos y privados es clave en este cambio de hábitos. La industria alimentaria debe ver este proceso como una oportunidad de comercializar sus productos con otras fórmulas, disminuyendo el sodio, el azúcar y la grasa. Los padres tenemos la obligación de llevar a los hogares más frutas, verduras y pescado, y explorar con nuestros hijos preparaciones y combinaciones para enseñarlos a comer mejor.

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Debemos continuar estudiando el problema. En el Programa Integral de Mercadeo Agropecuario, PIMA, institución que administra el Cenada, acabamos de concluir la medición de tendencias de consumo de frutas, hortalizas, pescado y mariscos en las familias de Costarricenses 2012, gracias a la cooperación técnica de FAO y al mismo MEP, que en los próximos días se hará pública y que, de nuevo, nos ofrecerá esa radiografía sobre la alimentación nacional, conocimiento de vital importancia para motivar al cambio, creando conciencia y fundamentando la toma de más decisiones.

Solamente con el aporte colectivo, con la construcción de un consenso nacional sobre la necesidad de enfrentar los problemas de nuestra mala nutrición, lograremos la transformación positiva de nuestra conducta para mejorar el bienestar social y la salud pública. En una época en que las finanzas de la seguridad social nos preocupan a todos, una de las respuestas claves es la prevención por medio de una mejor alimentación.

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