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¿Cambiados buenos aliados por terroristas de las FARC?

Actualizado el 04 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Las palabras transmitidas por el Gobierno de Colombia, de traer a las FARC como aliado para combatir el narcoterrorismo, dan la idea de equiparar al grupo criminal con la coalición de países comprometidos en la lucha contra ese flagelo, y además, promocionan a un partido político con toda clase de delincuentes y la temible sigla FARC.

México, Perú y España han sido buenos aliados en la lucha contra el narcoterrorismo, y ahora, aunque no lo expresen, deben estar desorientados sobre la nueva actitud del Gobierno de Colombia.

El orgullo nacional de México aceptó tomar de Colombia ejemplos para luchar contra el narcoterrorismo. En efecto, se copió nuestra ley de extinción de dominio, y en una primera etapa, nuestra policía instruyó a once mil agentes de la mexicana. Alcaldes, gobernadores, legisladores, el Gobierno Central y la ciudadanía de México expresaban palabras de admiración por los avances en Colombia. El valiente presidente Calderón ha sido un aliado sin dobleces en la lucha. El presidente electo, Peña Nieto, en la anterior condición de gobernador de su estado, nos visitó varias veces para conocer y aplicar las bases de la política de seguridad democrática. No obstante su afiliación partidista, diferente del gobierno saliente, el presidente Peña Nieto ha reiterado toda su voluntad de derrotar el narcoterrorismo.

¿Cómo se le explica al gran pueblo mexicano que la terrorista FARC, productora y distribuidora de la mayor cantidad mundial de coca, que genera asesinatos aquí y allá, ahora es invitada por el gobierno de Santos como socia para combatir al narcotráfico?

En Perú, el gobierno de Toledo nos ayudó a desarticular el narco frente amazónico de FARC y a devolverle las posibilidades de turismo ecológico a Leticia. El presidente Alán García mantuvo toda la firmeza. El actual presidente, Ollanta Humala, de pocas palabras, ha sido categórico en el combate y en su negativa a negociar con el terrorismo, al tiempo que ha respetado un fenómeno social legítimo que son las protestas sociales en comunidades de las zonas mineras.

¿Cómo se les explica a los hermanos peruanos que para lograr la paz, en nombre de una gran astucia, quede sumado a la sociedad entre ambos países el Timochenko de las FARC, con el peligro de la violencia que de nuevo emerge cuando el terrorismo se siente triunfante?

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El gobierno de Aznar, en España, fue fundamental para que la Unión Europea y Estados Unidos declararan terrorista a la FARC. Al presidente Rodríguez Zapatero no se le ocurrió atenuar el calificativo. El gobernante actual, Mariano Rajoy, sin afanes de carisma y sin rodeos idiomáticos, ha repetido, con la firmeza que da la certeza en el camino, que España no negociará con la terrorista ETA. ¿Cómo explicar que mientras España resuelve sus problemas de autonomías sin negociar con el terrorismo, aquí la agenda nacional, como es el caso del desarrollo rural, se pretende negociar con la FARC, grupo declarado terrorista por solicitud de Colombia y ayuda de Aznar? Mientras los terroristas españoles, desde la cárcel, anuncian cese de actividades criminales, los cabecillas de la FARC, desde Cuba, reasumen su protagonismo mediático y en Tibú asesinan a nuestros soldados y policías. Mientras Rajoy condena de nuevo al terrorismo al rememorar el secuestro y asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco, el Gobierno de Colombia anticipa que la sigla terrorista FARC será el nombre de un movimiento político, lo que nunca se habrían atrevido a decir sobre los paramilitares.

¡Cuánto mejor la ayuda de México, España y Perú en el combate al terrorismo que haber caído en el engaño de Hugo Chávez para que la careta de promotor de la paz, otorgada por el Gobierno de Colombia, disimule su real condición de cómplice de terroristas, y todo en vísperas electorales! Que sean elegibles los desmovilizados incursos en delitos políticos, pero no los cabecillas del narcoterrorismo. Que haya beneficios judiciales para quienes entreguen rutas y cultivos, confiesen y reparen víctimas, pero nunca impunidad.

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