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“Brujas”, ¿embarcada o embarcadero?

Actualizado el 24 de mayo de 2013 a las 12:00 am

EnBrujas, cadaladrillo respirahistoria

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“Brujas”, ¿embarcada o embarcadero?

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Algo tengo de apátrida, porque el TSE local tarda ya más de tres años en resolver mi gestión de naturalización; por otro lado, ahora extranjero en mi propia tierra, capté mejor una clave: la que encierra su noble Brujas. Entendámonos: ¡no me refiero a brujería ni a pasadas glorias futbolísticas de aquí! Antes que nosotros, dio en el clavo el excelso poeta nicaraguense Azarías Pallais (tan amigo de nuestro don Joaquín): en toda su gran obra aquel leitmotiv de “Brujas de Flandes” no funciona como referencia para mi GPS, sino como orientador para nuestra conducta espiritual, con organización horizontal –comunidad civil, hermandad– al mismo tiempo que recordatorio constante de un imprescindible sentido vertical, trascendental que ojalá nos asista.

Esta vez conocí doblemente la ciudad de Brujas, en su dimensión de viva, nada muerta como alude la hermosa novela de Georges Rodenbach (de 1892 y todavía se lee con agrado). Primero que disfrutamos todo un día de una privilegiada visita guiada: entre callejuelas, un canal y otro, mi colega y amigo Cristián nos ilustró de cómo esta ciudad medieval con razón ostenta el título de “Venecia del Norte”. Era puerto de enlace entre el Mediterráneo y las demás ciudades hanseáticas (Hamburgo, Bremen, etc.). El término “brujas” proviene de esos “hombres del norte” (noruegos, entre otros) cuya palabra , ahora Brugge, en neerlandés, significa “muelle”, embarcadero.

En seguida, el pasado día de Ascensión del Señor, por segunda vez me tocó el privilegio de participar en la histórica “Procesión de la Sacra Sangre”. Junto con mi Embajador (Olivier) de Pelichy y Peter Hattink, compatriotas, distinguidos amigos en Costa Rica, de nuevo lo hicimos en “triunvirato”. Pero para la mayoría de los lectores locales resulta difícil imaginarse otra comunidad donde cada ladrillo, cada adoquín respira historia. Esta manifestación cultural, ahora patrimonio de la humanidad según cánones de la Unesco, remonta precisamente a la primera Cruzada (dirigida por un “protobelga” hace unos mil años).

Que uno crea o no en esa reliquia traída del Medio Oriente entonces, ni el espectador ni el participante actual pueden pasar por alto la búsqueda de sentido. Comentaba el amigo Olivier que el grupo nuestro, llamado “Pilatos” quizá cristaliza lo más importante de toda la procesión: cuando en aplicación de sus facultades legales el gobernador romano preguntaba a la masa a quién liberar, los palestinos que representábamos, en la teatralidad de la escena, muy visualmente instigados por los fariseos, gritábamos “Barrabás” y “fuera él (Cristo)”, además de “crucifíquelo”.

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Pero ya para la realidad, con ello optaríamos por un camino erróneo, de trágicas consecuencias. Caminantes en la vida (el “homo viator” como le llaman), se nos impone escogencia permanente: el camino fácil de la masa manipulada, consumida, o la asunción personal de nuestra libertad.

Aun en una interpretación meramente humanista, el mismo Pilatos continúa visualizando la comodidad al estilo de “yo simplemente cumplo con mi horario hasta tal hora”; por eso: “no encuentro culpa en ese hombre”' Pero allá ustedes, si quieren espectáculo'. Seguimos en lo mismo, refugiándonos detrás del “sistema”, la legalidad, cuando lo que importa es la legitimidad, la asunción de nuestra libertad: construir al hombre con mayúscula.

Mantiene vigencia, y por ambos lados del Atlántico, aquel mensaje evocando “en aquellos tiempos” bíblicos, escenificado año tras año en Flandes. En resumen, viendo todo ahora desde Costa Rica, ya no con la nariz encima, por mi parte lo tengo claro: “Brujas”, aquel puerto que se arenó, también entre nosotros se vuelve símbolo. Siempre cabe escoger entre un embarcadero real y seguro, o... dar la embarcada (no menos real, pero fatal).

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