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Bio: “Lo esencial, para mí, es someter a examen mis habilidades, llegar al límite”

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Bio: “Lo esencial, para mí, es someter a examen mis habilidades, llegar al límite”

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Un actor es como un niño: sale al jardín, le dan un sombrero de papel, una espada de madera y se convierte en un pirata.

Así es James Purefoy, consumado actor inglés, que lo mismo interpreta un caballero templario del siglo XIII, un irlandés bisexual, un alcohólico o a un sangriento gurú de asesinos en The Following , serie que acaba de estrenar el canal Warner.

Alto, mide 1,85 m, atlético, refinado, de buen ver, hablar reposado, encantador y caballeroso; es un perfecto british con casi 50 años y una carrera honorable en el selecto teatro shakesperiano, el cine y la televisión.

A los 16 años, abandonó el hogar y los estudios, en su natal Taunton –Somerset– y decidió patear mundo. Viajó dos años por Europa y probó oficios tan diversos como peón en una chanchera y vigilante en un hospital.

De ahí, salió para ingresar al colegio y terminar interesado por el drama; despertó el gusto por los escenarios y encontró su vocación: la actuación.

En una entrevista al diario The Telegraph comentó que su primer papel fue en Equus , cuando tenía 17 años, y salió desnudo. “El nudismo era algo vergonzoso en mi familia; nadie corrió desnudo en las comunas hippies de los años 70. Vivíamos una moral muy casera”.

Logró ingresar a la Central School of Speech and Drama y como corolario a esa carrera interpretó al rey Enrique V, la culminación de la tetralogía de Lancaster, escrita por William Shakespeare.

Su notable monólogo, previo a la batalla de San Crispín, impresionó a un cazatalentos de la Royal Shakespeare Company, que lo fichó y durante dos años actuó en las más célebres piezas del autor isabelino: Macbeth , La tempestad y el Rey Lear . En el teatro londinense cruzó diálogos con los más reputados actores y directores.

Nutrido con esta experiencia saltó en los 90 a la pequeña pantalla, combinando telefilmes y series: Rides , Tears before bedtimes , Príncipe y mendigo ; y una adaptación televisiva de Don Quijote , en el papel de Sansón Carrasco.

A mitad de la década, destacó en el cine con el filme Feast of July , largometraje de misterio donde encarnó al soldado Jedd Wainwright; siguió la comedia de enredos Bedrooms and Hallways (1998), en el papel de

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Brendan, irlandés bisexual y culminó con el rol del bon vivant Tom Bertram, en Mansfiel Park (1999), basada en la novela homónima de Jane Austen.

El nuevo siglo le deparó papeles un tanto más oscuros, físicos, violentos y a veces hasta sangrientos: Destino de caballero ; Resident Evil ; La feria de las vanidades ; Templario o Salomon Kane , sombrío y cruel cazademonios del siglo XVI.

“Lo esencial, para mí, es someter a examen mis habilidades, llegar al límite. Actuar es un trabajo duro para sobrevivir a los primeros dos filmes” declaró Purefoy a la revista L’Uomo Vogue .

Salomon Kane lo expuso a situaciones extremas. “Entrenaba todo el día con un antiguo soldado de las fuerzas especiales de Rumania. A las 5 a. m., me despertaba con una patada y por la noche me daba una galleta como premio y caía muerto en la cama. Fueron cuatro meses infernales”, describió el actor a El Mundo .

Fue Roma , de HBO, la que potenció su popularidad televisiva; interpretó al sanguíneo, cínico, disoluto e indolente general romano Marco Antonio. La saga fue suspendida para darle paso a Juego de tronos y esto sacó de las casillas a Purefoy, quien juró no trabajar en ella ni aunque se lo pidieran “porque nos han robado nuestra jodida serie”.

Esa serie tuvo dos efectos importantes sobre su carrera: “me llevó a conocer un público mucho más amplio y me ayudó a crecer y madurar como actor”, expresó en el chat.

Un camaleón

Los primeros Purefoy llegaron a Inglaterra en el siglo XV provenientes de Normandía, Francia, y el apellido significa “buena fe” o “mi palabra es de buena fe”. James Brian Mark Purefoy nació en Taunton, el 3 de junio de 1964; creció en Martock, aunque su familia vive en la ciudad de Somerset, a la que él considera su verdadero hogar.

Entre sus colegas, James es reconocido por su fama de conquistador, por eso lo apodan Puresex, y por sus habilidades como espadachín. La buena fama de mujeriego le viene por haber tenido de novias a Piper Perabo y Gwyneth Paltrow.

James estuvo casado varios años con la actriz Holly Aird, con quien tuvo a su único hijo: Joseph. El niño padeció de una rara enfermedad en la sangre y tuvieron que estar mucho tiempo con él en el hospital. Se divorciaron en el 2002.

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Por ahora, Purefoy convive con la historiadora del arte y productora televisiva Jessica Adams; no tienen niños, pero viven con su hijo Joe y llevan una relación muy afable. “Joe algunas veces dice que soy su mejor amigo, pero él asegura que es un poco raro porque un amigo no puede castigar, ni te puede decir que no juegues más con el XBox”, afirmó James en la revista Travel .

En el chat con El Mundo , reconoció que comprendía a su hijo de 16 años porque él tuvo una adolescencia un poco díscola. “La gente joven necesita muchas experiencias, salir de la casa, viajar, vivir fuera antes de tener hijos, ser un espíritu libre y disfrutar la vida antes de tener obligaciones.”

De joven, Purefoy fue un pésimo deportista, se le daban mejor las artes y encontró en el teatro el aliento a esas aspiraciones, hasta llegar a ser un cotizado actor inglés que, por ahora, no siente atracción por las luces de Hollywood. “Me encanta hacer cine independiente. El cine europeo está hecho con mejor calidad; tengo planes de producir al estilo Hollywood, pero lo cierto es que la industria americana se ha encasillado y solo ofrece películas prefabricadas”, dijo.

Fuera de sus personajes, el James real es un peripatético al que le disgustan las filas, las discotecas y los desconocidos. Detesta las aerolíneas baratas y añora los tiempos en que se podía viajar con glamour y elegancia.

Su lugar preferido es la cama, vivir en un poblado tranquilo y disfrutar el verano. De gustos sencillos, según aseveró a la BBC, lo mismo disfruta unos buenos vinos españoles que una Coca-Cola, eso sí normal, nada de “light” porque sabe “al trasero de un gato”.

En cuanto a la música prefiere el rock y es fanático de Led Zeppelin y Lynard Skynard. Sus libros favoritos son La guerra y la paz y La feria de las vanidades .

Maligna elegancia

Si Aníbal Lecter cocinaba a sus víctimas; Dexter las descuartizaba y otros sádicos televisivos se conformaban solo con matar, el canal Warner presenta un nuevo tipo de asesino en serie, acorde con estos tiempos de chat, Twitter, Facebook y toda la maraña de redes sociales.

Y quién mejor que James Purefoy para encarnar a Joe Carrol, nuevo rostro de la maldad en The Following , tan encantador que sus crímenes son las obras maestras de una mente perturbada.

James podría decir, como Dorian Grey: “¡Yo, con esta cara”. Con esa cara de bueno, de profesor universitario, de marido fiel, de amigo entrañable y de padre ejemplar, parece incapaz de matar jovencitas y cortarles los seis músculos que mueven los ojos.

The Following contiene una violencia visual desmesurada y algunos la han comparado con los cuentos de Edgar Allan Poe, pero ya eso es hilar muy fino. Las venganza de Hop Frog , el bufón; la del Tonel de Amontillado , la locura en Berenice , Los crímenes de la Calle Morgue o el Asesinato de Marie Roget , exceden la imaginación del psicópata más reputado.

“Este hombre es carismático frente a toda esa violencia. Se requiere un gran ego para creer que es tan especial, incluso aunque esté condenado a muerte, habrá gente que lo siga y lo escuche”, le comentó James a The New York Times .

La técnica actoral de Purefoy es tan depurada que para entender a Joe Carrol se encerró en una habitación y se rodeó de sangre, violencia y muerte. “Durante una semana reuní fotos espeluznantes, cintas, libros y películas sobre asesinos de la vida real. Tenía que descubrir en mí qué cosa los hace ser como son”, afirmó.

Los papeles sádicos no son nuevos para él. La crítica especializada lo aclamó por su interpretación de violador en Calling the Shots, de la BBC.

El personaje de Carrol le calza como un guante, pero James nunca se encasilla y podría pintar en la pared –como el asesino de The Following –: “Nunca más”.

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