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Estado de Bienestar y su medida

Actualizado el 05 de mayo de 2012 a las 12:00 am

El logro social más importante de la historia podría ser el Estado de Bienestar

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El logro social más importante de la historia bien podría ser el Estado de Bienestar en sus versiones europeas. Nunca antes tantos habían gozado de un bienestar tan profundo y diseminado como el que aprovechó Europa durante la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, el viejo continente enfrenta la renovación de su modelo social. El resultado puede llegar a ser la marioneta cuyos hilos manejen los que pretenden su desregulación o desmantelamiento.

Por el contrario, podríamos ser testigos de un renacer que contribuya a disminuir las desigualdades socioeconómicas que actualmente imperan y crecen. Con suerte, se conocerá la Sociedad de Bienestar.

Objetivo. Aunque las bases de su concepción son anteriores, lo que se llamó en inglés como Welfare State comenzó a desplegar su esplendor en los años cincuenta. Representa el mejor rostro de la solidaridad humana basada en el derecho, y no en la caridad, contrastando con la mueca que significaron las guerras europeas y mundiales que le precedieron. Sueño de Keynes, realidad de Beveridge en la Gran Bretaña. Sueño de Wagner, escenario de Bismark en Alemania.

El Estado de Bienestar que ha desarrollado Europa, con los regímenes que Esping-Andersen describió: liberal anglosajón, corporativo franco-alemán, socialdemócrata escandinavo o sus combinaciones, ha servido de inspiración a estadistas y líderes del resto del mundo. El sueño de Marx y Engels, realidad de Lenin o Mao, se había extraviado en el camino mucho antes de partir. La Sociedad de Bienestar no es un método ni una filosofía, es la auténtica meta.

Beneficio Social Integral. Para asignar los siempre escasos recursos disponibles, la política económica y las “hijas” de la economía del bienestar utilizan técnicas que persiguen el beneficio social integral y no solamente alimentar al sistema monetario o crediticio imperante y que, en principio, produce concentración de riqueza.

Al mismo tiempo, ayudan a identificar aquellos beneficios o privilegios que por favorecer a sectores o gremios específicos, poco contribuyen a la sociedad en su conjunto. Las verdaderas conquistas o garantías sociales se reconocen por cubrir a los desprotegidos.

Si se debe escoger entre construir un nuevo hospital rural o renovar la unidad oncológica existente, formar profesores de inglés y matemáticas o renovar los pupitres, modernizar el puerto o el aeropuerto, construir autovías o impulsar el tren, desarrollar ciclovías o comenzar el metro, robotizar la industria de manufactura o deslocalizarla en Asia o, simplemente, invertir en ganado o producir orquídeas; la economía de la salud, de la educación o del transporte y las valiosas, economía laboral, ambiental o agrícola, pueden contribuir a elegir la mejor opción.

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El punto de partida debe ser la financiación basada en la producción. Es imposible sostener en el tiempo, lo que no se puede sufragar. Autores como Wood y Gough aseguran que las más exitosas versiones asiáticas se inspiran en este principio.

Indicador. Aunque la felicidad es fundamental para una comunidad, está lejos de ser el Cristo del rosario.

El camino para alcanzarla con frecuencia se ha pavimentado con ignorancia, negaciones y otros adoquines más peligrosos. Es difícil respetar, admirar y peor aún, anhelar las bondades que se desconocen.

Negar los problemas, también puede servir para sonreír temporalmente.

En el pasado, temibles y sarcásticas sonrisas se han construido a partir de la desdicha ajena. La risa, aunque bella como pocas cosas en la vida, si se prolonga demasiado corre el riesgo de convertirse también en mueca.

Es de celebrar, entonces, que algunas naciones u organismos internacionales se plantearan establecer un indicador del grado de bienestar que disfrutan los pueblos.

Si lo consiguen a tiempo, a lo mejor quede algo de ese Estado de Bienestar europeo, al que merezca la pena medir y quizás pretender.

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