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Basura

Actualizado el 27 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Miserables, escondidas en los intersticios de los pisos, del rodapié, al lado del basurero o en el fondo de las gavetas, van quedando fragmentos de basura. Ahí viven oscuramente sus vidas clandestinas. Una hilacha de banano, una bolsita de edulcorante rasgada, un papelillo cualquiera, un grano de arroz. Inmundicias que de alguna manera lograron escapar a última hora de la bolsa de los desechos, y siguen viviendo con nosotros durante meses, a veces años. En las inmediaciones de los basureros casi siempre. No los vemos, o si los vemos los juzgamos demasiado insignificantes para recogerlos... y les perdonamos la vida. Abomino de ellos. Más aún que de los despojos grandes y desvergonzados. Basurilla de intersticios, como el excremento que va haciendo su morada en los divertículos de un intestino enfermo. Ahí se queda, y un buen día termina por envenenar el organismo entero. Nuestras almas están llenas también de pequeños desechos, hijos de la oscuridad y la represión. Ahí nos trabajan, nos minan. No podemos expulsarlos porque ni siquiera sabemos que son nuestros huéspedes. Limpieza, limpieza de los cuerpos y las almas. El agua corriendo a raudales y arrastrando consigo toda la inmundicia. El agua bautismal y absolutoria. Pureza: la gran nostalgia de mi ser.

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