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Autobiografía coral de El Farolito

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

20 años después Un hermoso libro reúne la historia y las voces amigas del Centro Cultural de España

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Autobiografía coral de El Farolito

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Durante veinte años, el Centro Cultural de España (CCE) se ha cubierto de voces; ahora, ellas habitan también en un libro coral, y docenas de costarricenses cuentan cómo su interés por el arte y la cultura creció a la luz de El Farolito.

“El libro revela el vínculo afectivo que mucha gente tiene con el Centro, hasta el punto que lo llama con un sobrenombre, como a un amigo: El Farolito”, señala Alexander Jiménez Matarrita, redactor del libro y director del Programa de Doctorado en Estudios de la Sociedad y la Cultura de la UCR.

Aquel sobrenombre alude a la plazuela que vive a la par del CCE y que muestra un poste, y un farol como una bandera de luz.

Hace un año, Alexander Jiménez recibió una llamada del director del CCE, Andrés Pérez Sánchez-Morate, quien le propuso organizar la edición de un libro que contase la historia del Centro, pero no como una monografía, sino como una fiesta donde se cruzaran las voces de amigos del CCE.

El resultado es Tiempos del Farolito: Veinte años del Centro Cultural de España en Costa Rica (1992-2002) , compuesto de un texto elaborado por Alexander Jiménez y de testimonios redactados por académicos, escritores, artistas, cineastas, actores, músicos y promotores culturales. En el aspecto gráfico intervinieron Esteban Chinchilla, Mariana Delgado, Roberto Feigenblatt José Alberto Hernández y Pablo Cambronero.

Esta autobiografía coral de El Farolito es una muestra de “la voluntad de proseguir la labor del Centro: no es un libro para despedirse, sino para recordar”, asevera Elena Madrazo Hegewisch, embajadora de España en Costa Rica.

La contribución del CCE incluye cientos de actividades artísticas ofrecidas en su sede del barrio Escalante, en San José, y abarca también numerosos proyectos realizados en otras comunidades, aportes que “no se ven”. El Farolito ilumina así todos los colores de nuestro mapa.

“Muchos se acercaron jóvenes al Centro Cultural, y ahora son intelectuales y artistas reconocidos que, en el libro, manifiestan su gratitud por el apoyo que recibieron”, resalta el director del CCE.

Por partes. El libro empieza relatando los inicios de la cooperación cultural España-Costa Rica y del CCE, y explica luego los “campos culturales” en los que el Centro ha trabajado. Entre ellos aparece el área de literatura y crítica, con mención de las célebres Tertulias de El Farolito, de los montajes teatrales acogidos y de los libros publicados con el apoyo del CCE.

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Otro campo reseñado alude a las artes visuales (pintura, escultura, fotografía, etc.), y a la voluntad de promover y exponer trabajos de artistas, muchos de ellos poco conocidos. También se citan conferencias dedicadas a las artes plásticas.

El siguiente capítulo trata del cine y el video, en los que resalta la creación de la Muestra de Cine y Video Costarricense, el festival de su tipo más importante en el país. No se omiten otras actividades, como talleres, ciclos de cine y financiación de producciones.

El apartado de música incluye las numerosas iniciativas que promovió el Centro, como En Clave Afrocaribe, De Música y Músicos, y Rock en El Farolito, además de la ayuda para la edición de discos.

El capítulo dedicado a las artes escénicas informa de los montajes de teatro y danza que se ofrecieron en el CCE y del apoyo que este brindó a compañías independientes para elaborar sus puestas en escena. El Centro también alberga teatro infantil y participa en los Festivales Nacionales de Arte. No se olvida citar proyectos de danza, como Nosilicona y Circunnavegantes.

En la parte siguiente se cita a las personas que han formado parte de los equipos de trabajo de El Farolito, y quienes contribuyeron a las remodelaciones de su local.

Finalmente, el libro menciona proyectos y esperanzas. El último capítulo expone cuáles son los retos que se plantea el Centro.

El CCE ha trabajado también en formar gestores culturales que ya animan barrios y ciudades. El libro no pudo mencionar todas las actividades; hacerlo habría sido como multiplicar mucho por veinte.

El camino sigue. Para la embajadora Elena Madrazo, es importante que algunos de los proyectos respaldados por el CCE continúen, pero desarrollados por grupos costarricenses. “Este es el concepto de ‘apropiación’, de modo que los artistas nacionales hacen suya una labor antes compartida con una agencia de cooperación exterior”, añade la diplomática.

Es difícil, si no imposible, calcular en dinero cuál es el resultado de la cooperación en cultura, mas puede formarse una idea si se tiene en cuenta que muchos creadores recibieron su impulso inicial gracias a El Farolito, y con los años se han convertido en directores de cine, en grupos musicales y en artistas que crean, todos, productos de calidad pasibles de calcularse en trabajo y en dinero.

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“Sería un error juzgar la cooperación en cultura por sus réditos económicos en lo inmediato; al fin, la cultura está compuesta de muchos bienes intangibles”, opina Elena Madrazo.

Agrega que por el momento se han suspendido los planes de construir un edificio ad hoc para el Centro Cultural en un terreno cercano a la Antigua Aduana, pero que esta idea permanece y que, tarde o temprano, se levantará la nueva sede.

El CCE comparte la casa actual con oficinas de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

A su vez, el músico y ministro de Cultura, Manuel Obregón, afirma: “He sido parte y testigo del liderazgo del Centro Cultural de España, que ha brindado apoyo a las propuestas creativas independientes y ha generado producción propia. Los directores del Centro han sido un ejemplo del poder de transformación que tiene la cultura cuando la gestión es acertada”.

Andrés Pérez, el director, escribe: “Incertidumbres siempre hay. ¿Qué puede pasar? Pues no lo sabemos, pero aquí estamos de pie, funcionando, y espero que por muchos años más”.

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