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Anímese, don Justo

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Ser columnista en un medio como La Nación es un gran honor; sin embargo, conlleva la responsabilidad de ser objetiva, balanceada y prudente, entendiendo que hay limitaciones, que, por respeto a los lectores, uno debe autoimponerse. Una de estas, separar mis posiciones de las actividades políticas de mi esposo.

Por otra parte, y con más de 30 años de una muy feliz vida matrimonial, uno de nuestros secretos ha sido precisamente ese mutuo respeto y libertad plena para tener diferentes puntos de vista.

Así, por ejemplo, y a pesar de tantos años juntos, veo sus posiciones en material penal muy draconianas y él cree que en política de los Estados Unidos soy muy severa con algunos líderes republicanos.

Firme creyente en el derecho a la individualidad, me resulta inaceptable que se me critique a mí por lo que opine Antonio o que lo censuren a él si yo en mi columna critico al Gobierno o la actuación de algún funcionario afín al partido.

Ese respeto se vive en nuestro hogar, donde mantenemos interesantes e incluso vehementes discusiones con nuestras hijas sobre publicaciones mías que no comparten. Por cierto, discrepancias que, debo decirlo, me llenan de orgullo, pues soy una convencida de que este país necesita fortalecer el juicio crítico de los ciudadanos, para que puedan pensar y juzgar, adaptarse a los tiempos, entender la evolución de las ideas, la ciencia y la tecnología.

Hoy me veo en la obligación de responder un desafortunado comentario del diputado Justo Orozco, sí uno más, en el cual no me cuestiona a mí por mis ideas y opiniones, sino por actuaciones de Antonio en 1990. Debo manifestar mi completa sorpresa de que a pesar de tantos años invertidos en educación y luchas por la igualdad de género todavía algunas personas, como Orozco, se aferran al machismo y no pueden ver una sociedad donde podemos ser esposas sin perder nuestra identidad, ideas y opiniones propias. Tal pareciera que él entiende el matrimonio como una mordaza.

Buscando siempre el lado positivo veo aquí una gran oportunidad. Don Justo, ya que se muestra estudioso de las posiciones de Antonio, le invito a que siga sus pasos. Desde hace años, él apoya los derechos de las personas homosexuales y las sociedades de convivencia, tema por cierto en el que me plazco haber influido (ver entre otros debate presidencial de Repretel 2005) y más recientemente se disculpó por las actuaciones del año 1990 ante esa misma comunidad.

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Anímese don Justo a rectificar valientemente sus actuaciones; nunca es tarde cuando se trata de luchar por proteger los derechos humanos de todas las personas.

Demuestre con hechos su amor al prójimo.

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