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Andrés Sáenz, el furor de la crítica

Actualizado el 13 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Andrés Sáenz, el furor de la crítica - 1
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Andrés Sáenz, el furor de la crítica - 1

En un momento de la historia de la crítica literaria, esta se encargaba de explicitar el “valor” de una obra; era una valoración difusa y permeada por la subjetividad del crítico. Los avances de los estudios académicos, el desarrollo de la propuesta de interdisciplinariedad y la semiótica, entre otros, plantean que no se trata solo de “valorar”, sino de mostrar todo lo que una obra puede expresar: explorarla, comprenderla, contextualizarla, explicarla, sin dejar de tomar en cuenta al receptor.

Hoy día, la crítica se divide en dos grandes grupos: la crítica académica y la crítica periodística. La crítica académica adquiere su legalidad dentro del marco institucional donde está inscrita: la Academia. Es un análisis a partir de principios teóricos y metodológicos, escogidos por el investigador. Su divulgación corresponde a revistas especializadas y sus lectores son, generalizando, los mismos académicos o estudiantes de la disciplina escogida. La crítica periodística tiene como una de sus características esenciales el ser fugaz e inclusiva: que llegue, con un lenguaje asequible, a un gran número de lectores. Marta Traba, estudiosa de la crítica, la considera como “puente para facilitar la lectura o la compresión de las obras de arte dirigidas al público”.

Hablar de un buen ejemplo de crítica periodística actual –enriquecida con las nuevas disciplina mencionadas, como uno de sus méritos– son los dos volúmenes titulados El mundo todo es representaciones , de Andrés Sáenz. Este título recuerda el auto sacramental de Calderón El gran teatro del mundo , lo cual implica que todo comportamiento, costumbre, rito, no es otra cosa que una puesta en escena y que el teatro es una lectura más de las actitudes a que nos conduce la sociedad y su respectivo catálogo de comportamientos. Lo confirma el epígrafe de los volúmenes, de Francisco de Quevedo: “No olvides que es comedia nuestra vida/ y teatro de farsa el mundo todo/ que muda el aparato por instantes/ y que todos en él somos farsantes”.

El primer volumen (1992-2000) “Una visión del teatro en Costa Rica hasta el final del segundo milenio”; y el segundo (2001-2010) “Una visión del teatro en Costa Rica al inicio del tercer milenio”, abarcan un total de casi mil páginas que incluyen diez y nueve años de crítica. Sáenz busca en un arsenal de información, para construir sus comentarios: la historia del teatro y de los dramaturgos, la sociología del espectáculo, etc., es decir, el antes y el después de un estreno teatral.

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Cada crítica se inicia en una nueva página y todas tienen el mismo formato. Es ingeniosa la relación del título de la crítica con el título de la obra. Los comentarios que siguen –la crítica en sí– son audaces, muchas veces con un humor descarnado, negro e inclusive sarcástico, lo cual no excluye muchos comentarios favorables. Al final de cada volumen, un índice alfabético de autores y de obras, y luego el índice general. Toda una información cruzada.

Su estilo es audaz, mordaz, irónico, de humor negro, lo cual, y él lo sabe muy bien, ha despertado polémicas, odios, malestares, etc. Él ha asumido lo anterior y, a pesar de todo lo que adversa, no ha soltado la pelota .

El comentario crítico es una gran responsabilidad no solo con el prestigio del crítico, sino con el público y con la cultura nacional. Como un ente más dentro de la dinámica social, la crítica puede ser el pase a la fama y/o eventualmente, el “certificado de defunción” de una obra de teatro.

De cualquier manera que se le enfoque, el lector debe también tener una actitud crítica para leer al crítico. Cuando Andrés Sáenz decidió optar por esta profesión, supo que llevaría sobre sus espaldas una gran responsabilidad. Recordemos que, se quiera o no, él y el espectador son, en su encuentro con la obra teatral, los que dan vida al texto dramático y sin ellos la obra no haría vivir su capacidad simbólica.

Gracias a la minuciosidad del crítico, estos dos volúmenes son lectura de consulta para quienes deseen información sobre la historia del teatro en Costa Rica. Son un legado que Andrés Sáenz, crítico muy criticado por otros críticos y por no críticos, entrega a la cultura nacional. Si bien la fugacidad es una de las características de la crítica periodística, esta recopilación, donde cristalizan sus críticas, es el testimonio de una permanencia y una ruptura con la fugacidad. ¿Es Andrés Sáenz un crítico certero, sincero, correcto, polémico, atrevido, mordaz, equivocado? Posiblemente todo eso, pero lo importante, sin duda, es que ha dejado un impecable legado histórico para la cultura teatral. Menuda tarea y responsabilidad es la del crítico. Andrés Sáenz se trazó un camino, ha tomado un derrotero y lo ha seguido “con furor”.

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