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América Latina unida por la paz israelo-palestina

Actualizado el 03 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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La reelección del presidente Obama crea oportunidades para avanzar hacia la paz entre Israel y Palestina. Contrario a la ceguera incondicional proisraelí de mucho político estadounidense, Obama se le ha plantado al nacionalismo extremista israelita, hoy liderado nada más y nada menos que por el primer ministro Netanyahu.

Costa Rica tiene reputación como un país pacífico y gestor de paz. Tiene posibilidades y espacio para contribuir a la paz en Oriente Medio. Hasta el segundo gobierno del expresidente Arias, Costa Rica había apoyado incondicionalmente a Israel. En ese gobierno se da un giro y se adoptan posiciones propalestinas. Podría haberse caído en la trampa de actuar como si se tratara de un “juego suma cero”, en el que estamos obligados a escoger contendor.

Desde hace varios años algunos hemos tratado de que Costa Rica apueste a un “juego ganar-ganar” (véase, por ejemplo, mi artículo en este periódico el 8/12/2004 “El hilo de la paz”). Ahora, Costa Rica puede ayudar al presidente Obama y, junto a otros países latinoamericanos como Brasil, convertirnos otra vez en gestores de procesos de paz, como lo fue, bajo el liderazgo de Óscar Arias, en el caso del conflicto nicaraguense.

El estatus definitivo de Jerusalén es uno de los temas más controversiales. Tanto Israel como Palestina quieren que sus capitales estén en Jerusalén. Los países de América Latina podrían acordar tener dos embajadas en Jerusalén: ante Israel en Jerusalén Oeste y ante Palestina en Al-Kuds (Jerusalén Este). Esto, sin violentar el estatus de la denominada Ciudad Vieja –solo 1 km², la cual, mientras tanto, quedaría internacionalmente reconocida como parte del Corpus Separatum, acordado por la UNSCOP (Comisión Especial de la Naciones Unidas sobre Palestina) en la Partición del 47.

Ante el no reconocimiento –por ahora– por parte de Naciones Unidas del Estado palestino como un miembro pleno, las representaciones de los países de América Latina ante Palestina podrían denominarse “Misión Diplomática” o “Delegación General”. Podrían localizarse fuera de la cerca/muro divisorio construido por Israel hace algunos años, en el área cercana a la Universidad Al-Kuds o en las proximidades del edificio del Parlamento palestino y la Corte;todo, en el vecindario de Abu Dis, el cual está fuera del perímetro establecido unilateralmente por Israel y es dominado por la presencia de instituciones palestinas. Nada de esto afecta el statu quo en relación con fronteras, lo cual es un asunto pendiente y a definir en las negociaciones de paz.

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No hay ninguna duda de que a Israel le va a encantar que los países latinoamericanos regresen sus embajadas a Jerusalén. El asunto es cómo reaccionará si también abren otra embajada para atender las relaciones con Palestina fuera de la cerca/muro construido por Israel. Sin duda, la discusión social y política al interior de Israel será intensa y quizá ayude a construir un acuerdo entre sus diferentes fuerzas sobre el estatus definitivo de Jerusalén. Académicos de renombre israelíes y palestinos han validado este tipo de salida al tema de Jerusalén.

Encuestas de opinión evidencian que una mayoría de israelitas no tendrían problema con excluir de “su” Jerusalén –Yerushalaim en hebreo– las áreas pobladas mayoritariamente por árabes. Por su parte, la Autoridad Palestina las considera un componente integral de su capital y aunque hay palestinos que aspiran a recuperar áreas hoy separadas por el muro, no hay duda que los sectores moderados de ambas partes verían esta estrategia diplomática latinoamericana como un paso en la dirección correcta.

Nuestros países participaron activamente en la creación del Estado de Israel y en el Plan de Partición de 1947. Hoy, América Latina debe unirse alrededor de la idea de que tanto Israel como Palestina deben coexistir como Estados independientes y contribuir a aislar a los extremistas en ambos bandos que se oponen a la existencia de uno u otro.

Este es uno de muchos ejemplos potenciales donde la acción decidida de “terceros” puede forzar y acelerar procesos y, en este caso, sacar a israelitas y palestinos del actual impasse . Como exponía en mi artículo del 2004, no debemos esperar el final de un esquivo proceso de paz para actuar. Imaginemos el final del camino – capital de Palestina en el este de Jerusalén y capital de Israel en el oeste de Jerusalén– y lleguemos ya ahí. Una América Latina, básicamente en paz consigo misma, puede de este modo contribuir a la paz mundial.

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