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Amarga aritmética

Actualizado el 01 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

La política nacional está sometida a una dictadura en democracia

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Muchos reclaman por expeditas votaciones legislativas. Las consideran expresiones de la democracia. Pierden así valor, en el proceso político, la estructura republicana, la independencia y la división de poderes. Pierde, sin duda, cualquier concepto de calidad humana y profesional. Todo queda reducido a un conteo de votos. Esa es la gobernabilidad que se expresó en la decision acerca de la permanencia o no, en su cargo, del magistrado Cruz. Ese es, descarnado y operante, el concepto tenebroso de dictadura en democracia.

La Asamblea Legislativa ejerció una potestad constitucional y, a destiempo. Sin embargo, las potestades, aun ejercidas a tiempo, no están libradas de la arbitrariedad ni de defraudar, con su abuso, la estructura republicana establecida constitucionalmente.

Ante la obviedad de la jugada política, han salido muchos defensores de la independencia judicial. Sin embargo, no debe olvidarse que, si bien los conversos son radicales y exigentes –y ojalá sean muchos quienes, hartos de servir, dignifiquen su cargo–, los lobos más peligrosos visten piel de oveja.

La decisión adoptada está revestida de impecabilidad democrática. Hubo votación y resultado: gobernabilidad llaman algunos a esto y se persignan ante ella como si fuera un dios.

El ejercicio de una autoritaria democracia pone en juego también el conteo de votos en Sala Constitucional. De hecho, se reclama democracia, como sustituto absoluto y totalitario de debates, mociones, razones, pensamiento y estudio independiente.

Como se dice en Derecho Penal, esa votación acaecida en la Asamblea Legislativa tiene una función de prevención especial y una general.

Previene, en especial, acerca de votaciones relacionadas con asuntos actuales, políticamente muy candentes. Saca de circulación a un magistrado que podía restar votos del lado favorecido por los aritméticos de la gobernabilidad.

Previene, en general, la conducta de otros magistrados, que sí han sumado del lado que interesa a los promotores de la dictadura en democracia. Procura mantenerlos en línea. Esta función de prevención general fue acreditada, explícitamente, por el jefe de la fracción oficialista.

El debate, resulta, según estos promotores de la aritmética, un estorbo. Si no se tolera la independencia, el debate es un monólogo coral innecesario. Para su estilo de gobernabilidad, la votación es lo único que interesa. Todo el proceso de ejercicio del poder se convierte en la suma y resta de votos que tiene pervertido al sistema político costarricense. Concebida la gobernabilidad con esa destructiva simplicidad, lo único que interesa es asegurarse fichas que se vuelquen para uno u otro lado, para un sí o para un no, lo más rápidamente posible.

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Este vicio, inducido en la vida republicana bajo el mantra de la gobernabilidad, seguirá dando amargos frutos a la vida política nacional, sometida a una lógica de dictadura en democracia: de rodillazos, en vez de autonomía. Y solo estamos viendo el principio.

Una conclusión práctica, al menos, es reiterable: los agentes de la dictadura deben irse.

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