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Vida en la empresa

Álvaro Cedeño: Navidad universal

Actualizado el 21 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Álvaro Cedeño: Navidad universal

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Adviento. Renovación. Año nuevo. Nuevas dimensiones. Un bollo de pan en una pintura, tiene dos dimensiones. En nuestra mesa, tiene tres. Cuando lo donamos con solidaridad, tiene cuatro. ¿A cuántas cosas podríamos agregarles una dimensión más?

La interacción social tiene menos dimensiones que la amistad. Y la amistad, menos que una relación en la que lo que se quiere es el bien del otro.

La elemental tolerancia podría recorrer el camino que pasa por la aceptación y el cariño y que tiene por destino superior el amor.

Una oferta tiene menos dimensiones que un compromiso. Hemos oído que un hogar es mucho más que una casa. Y que tener una chamba es quedarse muy lejos de lo que llamamos tener una misión.

Nuestra vida se enriquecería si migráramos desde el paradigma del trabajo-mercancía, hasta la posibilidad liberadora que ofrece visualizar nuestro trabajo como un medio de autorrealización.

Proponerse algo, es mucho menos que quererlo con pasión. Y el gusto –me gusta tal cosa- es mucho menos que ponerles ilusión a las cosas. Formular un plan es mucho menos que tener un sueño.

Esa podría ser una forma de mirar la Navidad. Una época para reflexionar cómo agregarle dimensiones a lo que queremos, o a lo que hacemos.

Podríamos ver el país escindido, entre nosotros y los políticos, o lo podríamos ver como un empeño común, en el cual todos estamos llamados a contribuir desde la especificidad de nuestras circunstancias.

Quienes practican una profesión la podrían ver como una pequeña empresa en la cual sobresale la caja registradora, o como una actividad de servicio a la comunidad, por el cual desde luego se cobra unos honorarios, pero enriqueciendo la elemental relación de compra-venta.

Históricamente, la primera Navidad condujo con los años a una exaltación de la trascendencia del ser humano. Es un recordatorio de su multidimensionalidad. Una invitación a explorar el potencial de las dimensiones de la belleza, la bondad y la verdad.

Hay un sentido de la Navidad para los creyentes. Y un sentido para los no creyentes. Por eso es una fiesta tan universal.

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