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Alianzas

Actualizado el 04 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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El desarreglo de la oposición se manifiesta en la desenfrenada lucha por forjar alianzas cuyo contenido programático no parece claro o está del todo ausente. Son alianzas para rescatar lo posible de un mejor pasado. Fuerzas políticas disminuidas merced a sus errores procuran sumar los caudales restantes para lograr, simplemente, la supervivencia.

En ese marco, es posible entender el acuerdo entre el expresidente Rafael Ángel Calderón y el libertario Otto Guevara. En su caso se discierne, a priori, una visión común, dada la proximidad de los planteamientos hechos por uno y otro en el pasado, más allá de las definiciones ideológicas del social- cristianismo o el credo libertario.

El expresidente no tiene aspiraciones personales y, si bien promete apoyar al candidato de Convergencia Calderonista en la convención interna, no hay en esas filas otra figura descollante, capaz de hacer temer a Guevara la posibilidad de una derrota. No existen, entonces, intereses contrapuestos y sí la necesidad, en ambos, de mantener vigencia con la elección de una bancada legislativa.

Los dirigentes de Convergencia se sienten excluidos de las tiendas del PUSC, donde manda un grupo joven y de escasa trayectoria cuya inclinación es a una alianza con el Partido Acción Ciudadana o, mejor dicho, con el sector dominante en la estructura de esa agrupación.

Ese sector, sin embargo, no tiene el arrastre de las figuras históricas del PAC y su dominio de la estructura, como en el caso de sus contrapartes socialcristianas, no garantiza el caudal electoral del pasado. La suma de dos números pequeños da un tercero, también pequeño.

Con ese panorama, es difícil comprender el autoexilio de la tendencia de Ottón Solís, el líder político más reconocido fuera del Partido Liberación Nacional. Pasadas las elecciones del 2010, renunció a una nueva candidatura y se marchó un año a dar clases en el extranjero. Regresó para encontrar que su partido ya no lo es tanto.

Lo separaron de la dirigencia con un mecate y luego se apartó de la Comisión Política. Cuenta con cinco diputados, pero muy pocos delegados en la asamblea del partido, no porque el arrastre de sus rivales sea mucho, sino por la simplicidad básica de la estructura que él nunca se animó a desarrollar.

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Sus propuestas son derrotadas con facilidad y él permanece impávido mientras los forjadores de la malograda alianza legislativa intentan crear una nueva, con todavía menos sentido y más visos de oportunismo.

Epsy Campbell, la segunda figura más reconocida en el campo de la oposición, lo califica de indispensable, pero él se empeña en ser irrelevante mientras contempla el declive de la opción que un día decidió crear.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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