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Alfredo Chirino: ‘En la Corte hay muchos feudos’

Actualizado el 03 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Alfredo Chirino: ‘En la Corte hay muchos feudos’

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Alfredo Chirino despliega cada idea en su mapa conceptual para explicar su renuncia como juez del tribunal de apelaciones. El juez número nueve renunció en medio de una guerra ideológica que libran a diario los jueces y en la cual está en un bando bien definido: “el garantismo se ha convertido en una especie de ‘letra escarlata’”.

– Fue miembro del tribunal estudiantil, ¿de ahí su vocación?

– Estuve en las dos trincheras porque en primer año fui candidato. Luego hice un año en ingeniería civil, pero no me sentí cómodo sin las ciencias sociales. Estaba muy de moda una serie que me marcó llamada Alma máter , con el profesor Kingsfield.

– ¿Quién fue su Kingsfield?

– Yo quería seguir derecho comercial pero ese Kingsfield, Henry Issa El Khoury Jacob, daba derecho penal y después de eso ya no pude hacer nada más. Luego entré al Ilanud.

– ¿Cómo fue de litigante?

– Recién graduado, junto a Arturo Blanco y Juan C. Montero, montamos oficina en Orotina; luego me dediqué a la judicatura.

– ¿Irá a trabajar con sus amigos de bufetes?

– No oculto que he recibido ofertas de amigos como Javier Llobet, Federico Campos y Juan Marco Rivero, pero me dedicaré a docencia e investigación. Aunque no descarto llevar alguna causa. En Estados Unidos, a la carrera judicial se llega después de un largo período como litigante; lo mío es a la inversa.

– ¿Son privilegiados los suplentes-litigantes?

– Ha habido ejemplos lamentables –casos de tráfico de influencias– pero para mí, la introducción de litigantes como magistrados suplentes desde hace como 25 años, ha enriquecido al juez de carrera con su visión externa.

– ¿Cómo litigante, sería feroz o de sangre fría?

– Por mi carácter, soy persona reflexiva y prudente que piensa como en juego de ajedrez. Los litigantes feroces que se lanzan al cuerpo son un tipo que ni apoyo ni defiendo.

– Se dice que el empleado no es el malo, sino el jefe. ¿Los malos jueces son culpa de la Escuela Judicial, que usted dirigió varios años?

– La culpa de los malos jueces es de todas las universidades –anquilosadas en la enseñanza y tecnocratizadas– y del Poder Judicial que los institucionaliza con cosas como ‘aquí siempre se han hecho así’.

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–¿Qué es un abogado sin humanidades?

– Un tecnócrata aplicador de la norma sin visión política del enorme impacto social de su trabajo.

– ¿Cómo es el juez ideal?

– Una mezcla entre Jorge L. Arce y Rosaura Chinchilla.

– ¿Cómo evitar la infiltración de las mafias en la judicatura?

– El mejor antídoto contra las influencias del crimen organizado en cualquier sector es la transparencia. Una administración de justicia sometida al escrutinio público tendrá menos influencia.

– Ha sido defensor del derecho de acceso a la información pública para la prevención de la corrupción y del derecho del ciudadano sobre sus datos. Eso lo convierte en hombre peligroso para los intereses de empresas públicas y privadas.

– El derecho a la información y el de la protección de datos personales son dos caras del mismo derecho. El primero mira hacia afuera, hacia la democracia; el otro, hacia adentro, protege la dignidad humana. La vida privada ya no está en documentos guardados en la casa; está en celulares, redes sociales y rastros que se dejan en los websites . Acá tenemos ley de protección de derechos personales pero todavía no la de derecho a la información pública. Eso está en la Asamblea desde hace 15 años, igual que el Código Penal.

– Ha hablado de la “letra escarlata” del garantismo. ¿Se la han puesto en la frente?

– Me la han querido poner porque creo que los jueces juramos por el respeto al régimen de Derecho; si eso significa ser garantista, creo profundamente en eso.

– ¿Los otros no?

– Los representantes, vamos a llamarlos del populismo punitivo, tratan de poner ante el público consumidor de noticias a los garantistas no como defensores de la ley, sino como defensores de delincuentes. Es una estrategia ideológica para descalificar a quienes creemos que los derechos del justiciable también deben ser defendidos.

– ¿Hay magistrados y jueces que juzgan para la opinión pública?

– Hemos empezado a observar jueces y magistrados mediáticos y personas dentro del Poder Judicial que dicen, sin sonrojo, que piensan que muchas cosas del Código Penal son alcahueterías que están ahí para favorecer a los perversos. Juegan con un discurso vendible a las masas: “Nosotros estamos con las víctimas y vamos a ser inexorables en el castigo”.

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– ¿Cómo volver a la época de Pilatos y Barrabás?

– Los ingredientes de esa poción ideológica se encuentran en el surgimiento de los totalitarismos. Hablan del “derecho penal del enemigo”, aderezados con elementos de una parafernalia mediática orientada a establecer la diferencia.

– ¿Al restarle derechos al imputado, como enemigo, le están quitando sus derechos humanos?

– Ninguno de los del populismo va a reconocer que está contra los derechos humanos, pero hacen una división entre estos y los del imputado, como si reconocerles derechos a esas personas implicara rebajar la condición a las víctimas.

– ¿Hay o no exceso de garantías para los imputados?

– No. El Estado tiene un enorme poder para castigar y es necesario que haya garantías –para todos por igual– que lo limiten. Como decía Raúl Zaffaroni, con un derecho penal tan expansivo, no habrá quién cierre la puerta de la prisión.

– Con el aumento de las flagrancias, ha aumentado la prisión preventiva y el hacinamiento carcelario. ¿Estamos a las puertas de una privatización carcelaria?

– La resocialización y la reinserción están en crisis, pero tenemos que seguir trabajando. Los populistas dicen que, por la reincidencia, lo que queda es la privatización, pero ese discurso le está haciendo el negocio a las cárceles privadas, las cuales trabajan con lógica de hoteles cinco estrellas: ocupación plena todo el año y si una tiene 1.500 campos, el Estado se compromete a llenarlos.

– Se dice que no hay dinero.

– Dejar de invertir en adaptación social saldrá caro porque es una olla de presión que en cualquier momento va a estallar. Es mentira populista que los jueces son suaves. El país ha excedido los índices de presos sin condena hace 15 años.

– ¿Cómo haber ahorrado cárcel a Carlos Pascall, a los de Alcatel o a cualquier otro declarado inocente?

– ¿Cómo ahorrar la incertidumbre, la persecución jurídica y social por un hecho que podría no ser delito? Mire, la reforma procesal que nos transformó de tribunal de casación en uno de apelación solo ha tenido efecto negativo, porque le ha agregado una etapa más al proceso y tiene un aumento enorme de la prisión preventiva. Reto a cualquiera a que revise y verá que nuestros jueces hacen lo mismo que Casación. Son patologías. Muchos nos opusimos, pero se aprobó.

– ¿Por qué aceptó un puesto que era “patología”? ¿Por qué no renunció?

– Tenía proyectado renunciar en el 2012, pero al mes de haber entrado la reforma, me informaron de que había entrado la causa ICE-Alcatel. Yo no la pedí, me tocó la asignación por sorteo y me pareció que era mi deber personal y profesional. Ahora me critican que me voy recién terminado este caso; más me habrían criticado si me hubiera ido al recibirla. Soy sincero, quería dedicarme a la docencia e investigación. Uno cumple 50 años.

– ¿Todo esto tiene que ver con su crisis de edad?

– Pues sí, uno cumple 50 y define qué quiere hacer el resto de la vida; es la necesidad de agotar los últimos años productivos en darse la oportunidad de un cambio, y la docencia me entusiasma mucho.

– ¿Cada cuánto renuncia un juez de su nivel?

– El último fue don Javier Llobet y se dedicó a la docencia y la investigación.

– ¿Por qué llegar tan alto en la carrera judicial para renunciar? ¿Cómo no creer que hubo presiones por Alcatel o que al fallecer Luis Paulino Mora se quedó sin protector?

– Todas esas son fábulas y cuentos que la gente construye. La decisión la había tomado para cuando terminara el fallo. No recibí presiones; más bien las reacciones fueron muy positivas. La decisión de salida venía desde el 2004.

– ¿Por qué renunció pero no se fue?

– Estaba con un proyecto de consultoría en Honduras. En ese momento, no había prohibición para hacer eso siendo juez con permiso, sin goce de salario. Se analizó y me dijeron que debía devolver una cantidad de años de servicio por mi beca, entonces volví a hacer cumplimiento exacto al contrato de adiestramiento con servicio, que fueron 14 años, 3 meses y 3 días que se completaron en agosto pasado.

– Una beca criticada porque fue costeada durante cuatro años en Alemania con su familia.

– Y la cual terminé con maestría y doctorado con ‘suma’ y ‘magna cum laude’ bajo la dirección de Dr. Winfried Hassemer, juez del tribunal constitucional alemán. Si tuve la oportunidad de tener a Hassemer no podía estar menos que a la altura.

– Se graduó con honores como licenciado, máster y doctor, y se le describe como “brillante”. ¿Le ha atraído eso más amigos o enemigos?

– Si juzgo por el cariño recibido estos días, más personas que me quieren. Pero, en el Poder Judicial, quien tiene un perfil que no es estrictamente judicial, como el mío; que escribe, discute y analiza, genera algún resquemor.

– ¿Envidia?

– Una vez me preguntó un diputado: “¿Por qué tiene tanto éxito?” Y le respondí que porque vengo de una familia de trabajo que me inculcó que, si uno no trabaja, no sale adelante y fui formado para aprovechar todas las oportunidades que la vida me ha dado.

– ¿Hay premio en este país para la brillantez?

– Con mucha dificultad, se reconoce en vida el trabajo de las personas. No sé si es parte de nuestra cultura o pequeñez de observación del mundo. Probablemente, el costarricense está acostumbrado a tener sospechas de aquel que hace demasiado.

– ¿La trampa del mito del “igualitico”?

– Según (Constantino) Láscaris, es parte integral del ser costarricense. El problema es que quien hace cosas, puede que cometa errores, pero al buscar meritocracia se prefiere al que no hace nada, para que no se diga nada de él.

– ¿Cuántas veces presentó atestados para magistrado?

– Ya perdí la cuenta, deben ser unas 7 u 8.

– ¿Se va resentido porque nunca lo nombraron?

– El juego político tan incandescente detrás del nombramiento está planteado en la búsqueda de un perfil que cumpla consensos políticos. Cuando he participado, lo he hecho con el convencimiento casi ingenuo de que lo que vale son los méritos. Para una persona como yo, eso evidentemente es doloroso.

– Dijo que no descartaba regresar. ¿Sale para presentar atestados desde afuera y hacer el muñequeo político necesario para ser nombrado?

– No, la salida no es para eso, pero quiero decir que ningún ciudadano que haya trabajado en el Poder Judicial puede descartar la magistratura, porque desde la judicatura se intenta, pero en una estructura vertical hay que estar en la máxima posición para propiciar cambios.

– ¿Es el Poder Judicial un pueblo chico en un infierno muy grande?

– Somos como una ciudad de 9.000 funcionarios. Hay que reconocer que hay muchos feudos y gente que se cree dueña, y trabaja y los gobierna como si lo fueran. Esa es una visión gamonal que va cambiando. Parte de los esfuerzos de cualquier magistrado que llegue es tratar de luchar contra esa cultura e introducir cambios.

– Con semejante exposición de motivos, no creo que nadie lo vaya a nombrar.

– Estoy seguro de que no, pero prefiero ser contundente en mi visión de mundo. Si alguien cree en ella y me nombran, voy a trabajar; si no, estaré en la docencia.

– ¿Cómo revolucionaría el Poder Judicial?

– La democratización judicial no es decidir los paqueos de los jueces sino participar en mejoramiento de los servicios. El que un juez se enfrente a las discusiones de un fallo es difícil porque implicará un cambio de cultura, pero o cambiamos o la realidad nos va a comer.

– ¿Ese permitir el contacto no es contribuir a la judicialización de lo político?

– El frío no está en esas cobijas. Quienes han hecho judicial lo político han sido los políticos. ¿Dónde está la cultura de partidos que ha permitido que un órgano juridisccional asuma las decisiones que ellos no han tenido capacidad para tomar? Yo sé que con estas ideas obviamente mi perfil es cada vez menos potable, pero una de las cosas que me parece más importante es seguir teniendo visión crítica.

– Si existe una guerra entre garantistas y populistas punitvos. ¿Quién va ganando?

– Vamos perdiendo los garantistas porque hemos perdido espacios, acceso e influencia en los proyectos de reforma y a nivel político. Los políticos entienden muy bien que, si quieren una agenda, deben ser más proclives al populismo que al garantismo.

– ¿Buscan los políticos a magistrados que les sean “yes man”?

– Si atendemos a los signos de los tiempos, es indudable que se quiere una magistratura complaciente.

– Si llevan la batalla perdida ¿por qué sale huyendo uno de los principales garantistas?

– No es necesario estar adentro para desarrollar tal discurso.

– Pero antes dijo que para transformar la Corte, hay que estar en la magistratura.

– Porque una cosa es cambiar la estructura y otra, mantener viva la discusión garantista.

– ¿Y si hubiera más garantistas en la estructura?

– Volveríamos a la etapa más luminosa del trabajo de casación en Costa Rica.

– Como aficionado a la ciencia ficción, ¿quién describió mejor este futuro: Orwell, Bradbury o los físicos cuánticos?

– En la novela de anticipación, quien mejor describió el estado lamentable de nuestro mundo es Orwell, con 1984 , porque describió exactamente lo que significa tener un estado controlador y un desarrollo tecnológico que no deja espacio a la intimidad y con Granja de Animales, porque planteó el viejo adagio jurídico de que todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros.

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