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Actualizado el 16 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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“Acuérdese, profesor, que la fecha de hoy es la misma de lo de las torres gemelas”, me advirtió con voz sombría, el pasado martes 11 de setiembre, esta buena señora tras confesar que se sentía muy nerviosa por el rumor de que, como el sismo de la semana anterior no había gastado toda su energía, los científicos estaban anunciando un próximo terremoto gemelo.

Recordé que allá por 1970 apareció en una revista francesa el resumen de un informe científico que, basado en cálculos de energía tectónica acumulada, predecía para el territorio metropolitano de Francia un “evento” de gran envergadura en el transcurso de los siguientes 25 años. Por casualidad, unos tres años después llegó a mi escritorio otro documento, esta vez muy detallado, firmado por un grupo costarricense-japonés de especialistas en sismología de la Escuela de Geología de la UCR, en el cual aparecía una predicción semejante y de igual plazo para el territorio de Costa Rica. No puedo blasonar de haber captado toda la complejidad de ambos trabajos, pero sí entendí lo básico de ellos y durante el cuarto de siglo siguiente (más o menos hasta 1998) mantuve “la paja detrás de la oreja” y creo haber llegado a la conclusión de que “nuestras” predicciones habían superado a las francesas por un “marcador” de cuatro a cero. Lo cual no me resultó sorprendente dadas las diferentes historias tectónicas del macizo francés y de Costa Rica.

Si algo hay importante en esto es el hecho de que ambas predicciones fueron comunicadas de manera discreta, mesurada, y no por ello fueron menos útiles para las comunidades a las cuales iban dirigidas. Llega uno a preguntarse si en relación con los riesgos sísmicos -que en Centroamérica son probadamente enormes- es válido introducir en la información un grado innecesario de tremendismo, que a la postre conduce a comportamientos colectivos cercanos a la psicosis sin que ello contribuya a mejorar las medidas preventivas indispensables ante lo inevitable. En lo personal, me sentiría más alentado por la noticia de que los niños y los jóvenes escolares de mi comunidad reciben instrucciones claras y bien fundamentadas sobre lo que deben hacer en caso de un sismo que, digamos, por estar recibiendo por medio de la prensa constantes advertencias sobre la proximidad de un terremoto. Sería igualmente más tranquilizador saber que las autoridades públicas, en particular las encargadas de administrar los recursos de salud y de seguridad civil, están conscientes de que deben tener previstas formas ágiles de acción para enfrentar las emergencias que pudieran crear las catástrofes naturales.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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