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Agresividad en el lenguaje

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Tomás de Aquino opina que la palabra es “una verdad tronante”; el trueno que es cada palabra, y la verdad que encierra, va más allá del sentido de los términos, que son un vehículo de la verdad para construir mundos humanos. Lo contrario de lo que vemos hoy en día: la palabra convertida en un trueno emocional altamente agresivo para enfrentar a la gente entre sí, lo que hace muy difícil el auténtico diálogo. A cada paso se acude al insulto y al lenguaje claramente ofensivo. Lo vemos en los medios, en panfletos, en foros, conferencias y discursos. Me quedo aterrado de los extremos a los que se llega.

A la madre Teresa de Calcuta, buena y pacífica como pocos, un día una periodista le hizo unas preguntas altamente ofensivas. Ella, con una “santa” ironía, empezó su respuesta diciéndole: “oiga, todos hablamos de la basura que llevamos dentro, ¿no le parece? Y luego se despachó a gusto, sin importarle la agresión padecida. Algo de eso le diría yo a algunos de los opinantes habituales, incluidos varios de mis colegas comentaristas. Podría citar aquí cientos de casos. Lean ustedes las noticias y comentarios diarios y subrayen el lenguaje violento; se quedarán sorprendidos. Si no bajamos el tono, terminremos reforzando la violencia real, incluso cuando queremos criticarla.

Palabras claves. Juan Hitzig, un experto en observación de conductas y actitudes de los adultos opina que hay palabras claves para entender el comportamiento emocional. De un lado están las conductas R, representadas por palabras como rencor, resentimiento, rabia, reproche, represión, resistencia (eso que vemos y oímos todos los días), que facilitan la secreción de cortisol, una hormona producida por la glándula suprarrenal que puede acelerar el envejecimiento celular, incrementa el nivel de azúcar en la sangre y suprime la acción del sistema inmunológico. Las conductas “R”, a su vez, generan actitudes “D”, representadas por palabras como desánimo, depresión, desaliento, descontento, desesperación, descontento, destrucción' Pero también se dan las conductas S, expresadas en palabras como serenidad, sonrisa, silencio, sabiduría, suavidad, sencillez, que generan actitudes A: ánimo, amor, aprecio, amistad, atención' Parece que deberíamos usar más palabras S que palabras R.

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Las palabras no vienen solas. Son expresión clara de comportamientos. Desde el punto de vista fisiológico hay una asociación con el tipo de secreciones que se producen en el cuerpo humano según esos comportamientos y las palabras que se emplean. No somos conscientes de ello en el momento en que adoptamos un determinado tipo de conducta o de actitud. Por ejemplo, cuando escribimos. Pero es interesante saberlo para conocer un poco mejor las repercusiones de un estado de ánimo o de un momento de agresividad. Existe una interacción constante entre los fenómenos del mundo emocional (sentimientos, pasiones, emociones, motivaciones) y la forma como la mente los procesa y los expresa por el vehículo de la palabra.

Contaminación en el diálogo. Así como se afirma que respiramos un aire contaminado, y que a cada vez hay más riesgos de polución ambiental, con serias repercusiones para todos, podemos decir que cada día hay más contaminación en el diálogo e interacción entre quien habla o escribe, o enseña o actúa, y su audiencia, publico, lector u oyente. Incluso algunos piensan que insultar y comportarse agresivamente con la gente produce más audiencia o rating ; a la hora de la verdad, lo que logra muchas veces es alejar a la gente que piensa que ya la vida tiene suficientes problemas como para seguirle la corriente a quienes convierten la agresividad en tarea cotidiana que poco ayuda a la convivencia.

Jorge Yarce Instituto Latinoamericano de Desarrollo Humano y Organizacional

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