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Crítica de cine

Acción e ironía

Actualizado el 01 de octubre de 2012 a las 12:00 am

¡Indestructibles! Parodia con músculos

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                         Con Sylvester Stallone al frente de un tenso grupo de forzudos, nos llega una película que gusta de burlarse a sí misma, entre escenas de acción iguales a las de siempre. ROMALY PARA LNHormonas.
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Con Sylvester Stallone al frente de un tenso grupo de forzudos, nos llega una película que gusta de burlarse a sí misma, entre escenas de acción iguales a las de siempre. ROMALY PARA LNHormonas.

Ni lo pienso un minuto para escribir que la película Los indestructibles 2 (2012) mejora bastante con respecto a su antecesora (del 2010). La clave está en el director. La primera fue dirigida por el propio Sylvester Stallone; la de hoy la dirige con mejor oficio Simon West. Algo más, esta secuela se toma menos en serio a sí misma.

El comienzo es obvio, con acción a todo meter. Es cuando vemos al distinguido equipo de músculos en acción, con más tendones, ligamentos y nervios que inteligencia actoral, cuando lo vemos metiéndose a un pueblo de por allá lejos para rescatar a uno de los suyos.

Cada rostro va teniendo su encuadre, para no perder idea de con quiénes vamos a tratar por 102 minutos de metraje. En tanto, torturan a quien va a ser rescatado.

Cuando los indestructibles llegan, después de una “matasinga” poco creíble, cercana a la bufonada, le quitan la capucha al torturado, ahora más fresco que una lechuga y vemos a ¡Arnold Schwarzenegger!

‘Fusínganos’. El escape es otra de “mecos, truénganos y fusínganos”, donde lo exagerado de la acción resulta más bien cómico –adrede–. Los héroes musculosos han demostrado que ellos cantan en su corral y en corral ajeno. Como mercenarios, ahí no más les llega un nuevo trabajito.

Ya se sabe que ahora las guerras se están llenando de mercenarios, lo cual está del todo condenado, mientras en las Naciones Unidas no hay una desaprobación oficial.

Esta es una práctica, sobre todo, del ejército de Estados Unidos. Así, precisamente, lo señala esta película, sin temor. En el filme está claro que los mercenarios, indestructibles o no, vienen de las guerras de Irak y de Afganistán.

Esta vez, el equipo de indestructibles ha de aceptar, a regañadientes, la presencia de una mujer experimentada en asuntos violentos. Ella es china y, ni modo, la presencia de China es ineludible, aún entre mercenarios. Con ella en el grupo, la nueva tarea se les ha de complicar por culpa de otro equipo legionario, más violento aún, que saca plutonio clandestinamente.

Al frente de los héroes está Sylvester Stallone, con su cara envejecida de actuar tan mal; al frente de los malos está el belga Jean-Claude van Damme, peor actor. La verdad es que, con las actuaciones, no hay cara donde persignarse: es mal de los histriones y consuelo de los espectadores.

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‘Soy de Suecia’. Podríamos exceptuar a Jason Statham y un poco menos a Dolph Lundgren, de quien uno goza cuando, cada vez que en el grupo se definen como estadounidenses, él atrás dice: “Yo soy de Suecia”. Lo más carnal de la película es cuando comparten pantalla, a un encuadre, Sylvester Stallone, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger.

En un momento, cuando al personaje de Stallone le regalan un viejo avión, este dice: “Ese avión debe estar en un museo, es una pieza de museo”; a lo que el personaje de Schwarzenegger le responde: “En un museo debiéramos estar nosotros”. El respetable público ríe el chiste con bastante gana.

Eso les da una idea del carácter del filme: autoparódico entre músculos, moquetes, balazos, testosterona, machismo a granel, malas caras, caras feas, héroes geriátricos, más virilidad y muchas palabras escabrosas. La trama es lo de menos, es lineal, excepto cuando aparece “alguien”, como Chuck Norris, por ejemplo, quien hace reír de nuevo a los espectadores.

La música es un total arroz con mango, la fotografía es igualmente descuidada, el montaje es apenas funcional, la narración ni fu ni fa, la trama es más tocada que pila de agua bendita, pero Los indestructibles 2 tiene cierta ironía y esa alocada sorna que le agradecemos mientras llega a su final, luego de tanta acción redundante.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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