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Abuso

Actualizado el 26 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Solo se escuchaba la voz del jurista que leía la sentencia de culpable en la corte. Culpable en 45 de los 49 cargos por abuso sexual. Un joven que tuvo la fortaleza y la audacia para denunciar el abuso, lloraba junto a su madre.

Jerry Sandusky, subentrenador de futbol del Penn State University, se hallaba culpable de múltiples cargos de abuso y violación. Con el fin de ayudar a jóvenes no privilegiados económicamente, los apoyaba para entrar con becas deportivas. Aún no se sabe cuántos fueron enseñados a gratificar a su benefactor con caricias sexuales.

Un ayudante entró al área de duchas y lo encontró duchándose con un jovencito de apenas diez años de edad. En realidad lo estaba violando. Pero el prestigio de la Universidad era más importante, y su superior, el entrenador emérito Joe Paterno, prefirió tildar los hechos criminales como simples “manoseos”. Cuando por fin lo denunciaron, Paterno fue despedido por encubrir el crimen.

El encubrimiento al abusador siguió durante años, hasta que el joven y su madre lo denunciaran ante la policía estatal. Ante esa valentía, más denunciaron el abuso de años atrás. Ocho hombres ya adultos testificaron cómo ellos también fueron víctimas de abuso, y todo el secretismo se desarticuló. Tuvieron la fortaleza y la franqueza necesaria para denunciar cómo el abuso iba desde besos, a manoseos, a sexo oral y violación anal.

A la vez ha sido condenado el cardenal Lynn de Filadelfia por encubrir abusos terribles. Oficiales responsables le entregaron una lista de veinte confirmados pederastas y otros criminales encubiertos, y el monseñor solo les llamó la atención y los trasladó a otros lugares en donde siguieron el abuso sistemático.

Hace recordar cuando aquí, en Costa Rica, también se encubría a los pedófilos. Todo con el fin de no dañar la imagen de la universidad, o la Iglesia. Pero con la mano fuerte y decidida del Santo Padre, el encubrimiento finalizó.

Los abusadores de varones jóvenes parecieran ser más peligrosos. Tradicionalmente a las niñas se las han protegido más, pero los niños son más susceptibles al abuso del pederasta. Como el payaso que se capturó en días pasados, los abusadores buscan situaciones donde pueden entrar en contacto físico de alguna manera con los jóvenes. No hay una comunidad que no tenga un abusador secreto.

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La única manera de evitarlos es con una inmensa comunicación con los hijos en donde puedan sentir la confianza de informar sobre cualquier situación anómala. La educación sexual también será siempre un arma para que los jóvenes no sientan pena e informen de inmediato a sus padres.

Ninguna institución, Iglesia u organización es más importante que la salud de un joven. Porque un joven es un templo vivo y es lo mejor de nuestra sociedad. Es nuestro futuro como familia, como pueblo, como país.

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