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Abraham Lincoln, el héroe que nunca fue

Actualizado el 05 de julio de 2012 a las 12:00 am

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Abraham Lincoln, el héroe que nunca fue

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Abraham Lincoln, el presidente estadounidense venerado como el “libertador de los esclavos”, fue más bien un defensor de la esclavitud. Como revela Raúl Costales Domínguez en su obra Ni parásito ni víctima: libre, la Proclamación de la Emancipación (de esclavos) de Lincoln no liberó a un solo esclavo; esta se aplicaba solamente en los territorios rebeldes, no en los que controlaba Lincoln, que fueron explícitamente excluidos de la Proclamación. Fue un cínico truco político. Como expresó burlonamente William Seward, el secretario de Estado nombrado por Lincoln: “Demostramos nuestra simpatía por la esclavitud emancipando esclavos donde no podemos alcanzarlos y manteniéndolos en esclavitud donde sí podemos liberarlos”.

Una importante fuente del autor es el bien documentado libro de Thomas J. Di Lorenzo, The Real Lincoln. Veamos lo que dijo el propio Lincoln en 1858: “Diré (') que no estoy y nunca he estado a favor de ninguna forma de igualdad social y política entre las razas blanca y negra; que no estoy y nunca he estado a favor de votantes o jueces negros ni de calificarlos para que ocupen cargos ni para que contraigan matrimonio con personas blancas; y (') que hay una diferencia física entre las razas blanca y negra que creo que prohibirá para siempre que esas dos razas vivan juntas en términos de igualdad social y política. Y dado que no pueden vivir de esa forma, mientras permanezcan juntas, debe existir la posición de superior e inferior, y como cualquier otro hombre estoy a favor de la posición superior asignada a la raza blanca”.

Pero eso no es todo. En 1863 hubo motines raciales en la ciudad de Nueva York, en los que hombres blancos protestaban por la nueva ley de servicio militar obligatorio impuesta por Lincoln. Esta ley solo se aplicaba a los blancos, pero quien tuviera suficiente dinero podía evitar estar subordinado a ella. Quienes no tenían el dinero, estaban indignados y conformaron multitudes que se amotinaban. Lincoln mandó tropas a Nueva York para sofocar los disturbios y las tropas lo lograron, disparándole a unos 1.000 ciudadanos.

La expansión del poder estatal durante la Guerra Civil estadounidense, bajo la presidencia de Lincoln, fue alarmante: además del servicio militar obligatorio, hubo inflación monetaria, aranceles o impuestos a las importaciones de hasta 100%, impuestos sobre la renta y sobre las herencias; censura de correos, telegramas y periódicos; y el encarcelamiento de personas sin acusación formal, como editorialistas que criticaban a Lincoln, quien suspendió el hábeas corpus durante el resto de su administración. Es decir, Abraham Lincoln ordenó el arresto y encarcelamiento, potencialmente, de cualquiera que estuviera en desacuerdo con él.

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¿La moraleja de todo esto? Los libros de texto escolares, controlados en todo el mundo por el Estado, mienten y hacen héroes de políticos que solo desean agrandar su poder e imponerles su voluntad a los pueblos.

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