LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 1 de noviembre de 2009

/ÁNCORA

Música

El canto de Parténope

  Ensueño y pasión La canción napolitana suma el canto popular a la más pura belleza lírica

Gonzalo Castellón | tenore@racsa.co.cr

“Ver Nápoles... y después morir”. He ahí una frase que ha trascendido los tiempos y las sucesivas dominaciones de que ha sido objeto el más poético rincón de la Campania.

Cuenta una leyenda, con ribetes de realidad, que la sirena Parténope, tras haber perseguido desesperadamente la sombra de Odiseo por el fondo del mar, fue a morir a la playa del más lírico golfo que recuerde la historia. Su sangre, al igual que la ondina que dio vida a Estocolmo, otorgó a un pueblo entero una poesía propia y un género musical.

Nápoles ( Neápolis y modernamente Napule ) es la gran urbe sobre la que se desarrolla el arte lírico del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Toda la creatividad, todo el estilo del bel canto , todo el folclore de la Península afluyeron hacia la mítica ciudad en la que Plinio el Viejo situó el origen de toda leyenda.

Di Napule e del suo mare . En este comentario no hablaremos de la música culta partenopea pues nos concentraremos en aquella forma popular que ha conquistado el orbe: la canción napoletana o, más bien, napulitana.

Ese género, único en el mundo, no proviene de sofisticados bardos, de trovadores medievales ni de ghettos de Harlem. Se origina en un pueblo entregado a la poesía de su trabajo, a sus tradiciones o supersticiones, a su Luna particular reflejada en marechiare (mar clara) y a su inquebrantable fe en Dios, en San Gennaro y en Santa Lucia .

Además del innegable culto al amor y al éxtasis de la alegría, la canzone napulitana no olvida al protagonista principal: su azul y poético mar. Sus principales islas –Capri, Procida e Ischia– se encargaron de nutrir dicha tradición de hermosos y melódicos temas, tal y como fueron relatados por Alfonse de Lamartine en su inmortal Graziella .

Al propio tiempo, la canción napolitana no se ejecuta en teatros, ni se apoya en los instrumentos tradicionales ni en la singular creatividad lírica italiana. Posee su propio rango, su propia lengua y su propia identidad.

En primer término, sus instrumentos son il mandulino (mandolina), l’accordione y la fisarmonica (de estructura similar), la guitarra, el triccheballacche , el colascione e il tamburino . Los tres últimos representan sonidos particulares y merecen una explicación individual.

El triccheballacche es un instrumento de percusión hecho de madera; el colascione es una mandora o mandulino de mástil extremadamente largo y que semeja al bajo; e il tamburino , llamado en ocasiones tamorre , es un tambor pequeño construido con tripa de buey y que emite un sonido sordo y seco.

Los días de Posillipo. El bergamasco Gaetano Donizetti fue quien primero transcribió al pentagrama el alma de la canzone napulitana . Su conocida canción Me voglio fa’ na casa , en lengua napolitana, constituye un primer ejemplo de melodía popular a la que se adscribe un acompañamiento de piano.

Una zona de la ciudad, la bien amada Posillipo , fue la que generó las primeras raccolte de canciones con ánima partenopea, que datan de 1836 y son originales del propio Donizetti y de Gioacchino Rossini. Sus títulos fueron respectivamente Les Nuits d’Eté a Pausilippe y las Soirées musicales.

En ambas piezas encontramos la enorme influencia de la canción de pescadores, la famosa barcaruola , en la cual el ritmo reproduce la plácida acción de bogar en una embarcación de pesca. Sus protagonistas son el viento, las olas, la Luna… y Santa Lucia .

Con la consolidación de Nápoles como centro artístico y creador hacia la mitad del siglo XVIII, surgen también nuevas formas musicales. Florece la arietta a la par del aria ; la serenata , la canzone , la canzonetta , la barcaruola , el souvenir (en idioma francés), la tarantella , el stornello y, por sobre todo, el género romanza , que será tal vez el que ejerza mayor influencia sobre la música popular.

Mencionada en el Satyricon de Cayo Petronio como fiesta agostina en honor a Príapo, la celebración napolitana se transforma, a partir del siglo XII, en una suerte de festival del arte y de la canción. Ubicada en la propia vecindad de Posillipo , dicho festival tiene lugar el 7 y el 8 de septiembre y fue siempre un excelente escenario para conocer las nuevas creaciones líricas. El festival se realiza en homenaje a la Madonna di Piedigrotta .

Una exitosa tarantella . Existen abundantes canciones napolitanas, concebidas sobre el baile popular. Tal vez la más conocida sea La danza , llamada también Tarantella napoletana, musicalizada por Rossini, sobre un texto del Conte Pepoli. El frenético ritmo de la tarantella está concebido sobre la idea de contrarrestar la picadura de la tarántula mediante saltos y movimientos rítmicos sin parar, y sirve de escenario para los temas habituales: Luna, mar, danza y amor.

La contagiosa melodía Funiculí funiculá , escrita por Luigi Denza alrededor de 1880 sobre texto de Peppino Turco, es también una tarantella, acaso la más difundida en el orbe. Su concepción tiene origen en el estreno del primer funicular instalado en el Vesubio.

El gobierno local partenopeo había previsto cuantiosos ingresos por la instalación del funicular, pero observó que gran cantidad de turistas optaban por la tradicional y novelesca caminata, a despecho de la modernidad.

Comisionado al efecto, Denza consideró que una canción sobre el tema reeditaría el atractivo del moderno aparato vehicular. De allí surgió Funiculí funiculá , a manera de un ritornello onomatopéyico. Por un golpe de suerte, unida a la natural alegría que transpira la canción, la editorial milanesa Ricordi vendió más de un millón de ejemplares en el primer mes posterior a su publicación. El éxito de la melodía es compartido con el Festival de Piedigrotta, que la premió con el primer lugar absoluto.

Parece no existir discusión acerca de la canción napolitana más famosa: tal es O sole mio , sobre texto de Capurro y música de Di Capua; pero, sin apelación, son populares también Torna a Surriento (de Curtis), Core ’ngrato (Cardillo), Maria Mari’ (Di Capua), Marechiare (Tosti), Dicitencello vuie (Flavo), Pasione (Tagliaferro) y Santa Lucia , la más representativa barcaruola que se haya escrito jamás.

Intérpretes inolvidables. La canzone napulitana ha sido interpretada mayoritariamente por tenores italianos. Obviamente, el gran difusor del género a principios del siglo XX fue el partenopeo Enrico Caruso, a quien Cardillo dedicó su inmortal Core ’ngrato . Lo fueron también Beniamino Gigli y Mario Lanza, y modernamente Mario del Monaco, Ferruccio Tagliavini, Franco Corelli, Carlo Bergonzi y Luciano Pavarotti.

Sin embargo, el más grande intérprete de todos los tiempos, enmarcado por un timbre de singular morbidez, sensualidad y poesía, fue curiosamente un siciliano que creció en Milán. El gran Giuseppe Di Stefano, nacido en Motta di Sant’Anastasia, en las vecindades de Catania, ha sido reconocido universalmente como el gran representante de un género que requiere una expresión basada en el más puro sentimiento.

Di Stefano cantó napolitanas por todo el orbe, prodigando en ellas casta, sentimiento y pasión. Contrariamente a otros grandes cantantes que abordaban el género cual si cantasen en un gran teatro, impuso la sencillez en la emisión vocal y el gusto natural de la música popular.

* * *

A la luz de una Luna que sponta a marechiare –despunta sobre la mar clara–, de frente a la majestuosidad intimidante del Vesubio y con la más seductora bahía por horizonte, el ensueño de una canzone napulitana entonada por una voz apoyada en mandolinas, guitarras y un furtivo colascione , revivirá la humana pasión en cada nota y nos hará soñar con ondinas desairadas, mar azul, belleza y amor.

FOTOS

  • Nacion.com

    Puerto de Nápoles (1892), óleo de Attilio Pratella. Art Renewal Center

  • Nacion.com

    Giuseppe Di Stefano (1921-2008), tenor italiano recordado por su excelente interpretación de la canción napolitana. Wikicommons

  • Click para ver detalle de imagen
  • Click para ver detalle de imagen
ADEMÁS EN ÁNCORA
Áncora
Desde 1972, Áncora es la revista cultural de La Nación. Los domingos ofrece variada información y análisis sobre literatura, teatro, danza, cine, artes plásticas, lingüística, arte culinaria, filosofía, ciencias, libros y otros campos de la cultura.
Ámbitos
Este suplemento que se publica todos los sábados tiene como objetivo informarle sobre temas como construcción, arquitectura y urbanismo; pero también sobre esos detalles que hacen de su espacio un ámbito único y acogedor.
Proa
Reportajes, semblanzas, relatos, crónicas y entrevistas se mezclan en esta publicación dominical dedicada a resaltar el ángulo humano de la noticia y a interpretarla.
Teleguía
El mundo de la televisión y el entretenimiento en una revista semanal. Teleguía le ofrece cada domingo un reportaje de un programa o artista de la televisión nacional o internacional. Además, de todos los chismes faranduleros con El Topo.
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS