LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 8 de febrero de 2009

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Literatura

Más allá de ‘Juan Varela’

  Escritor múltiple Adolfo Herrera García es más que el autor de una breve novela de denuncia social

Alexánder Sánchez Mora | alsanchezm@gmail.com

La primera edición de Vida y dolores de Juan Varela (1939) se publicó con el apoyo financiero del embajador colombiano Plinio Mendoza, mas pareció condenada al olvido. La historia cambió gracias a una elogiosa carta de Ricardo Jiménez Oreamuno, quien resaltó el realismo de la novela. En virtud del respaldo del prestigioso expresidente, el libro se agotó por completo en solo tres semanas y, desde entonces, es pieza de coleccionistas.

El éxito de la novela de Adolfo Herrera García (1914-1975) condicionó su puesto en nuestra historia literaria. En el mejor de los casos, las nuevas generaciones de costarricenses lo reconocen como autor de Juan Varela , la brevísima novela que inauguró la narrativa social dominante en la escena literaria de la década de 1940.

Herrera García es el precursor de quienes, con el tiempo y la consagración de las instituciones literarias, se convertirían en figuras prominentes de la literatura nacional: Carlos Luis Fallas, Fabián Dobles y Joaquín Gutiérrez.

Para sus contemporáneos, Herrera García –conocido como Fofa – fue, ante todo, un periodista de larga trayectoria en medios escritos y radiales y un destacado miembro del Partido Comunista. Durante su vida, esa faceta literaria fue opacada por su condición de periodista. Hacia fines de la década de 1950, incluso, Abelardo Bonilla afirmaba que, tras escribir Juan Varela , Herrera García “abandonó las letras o no ha publicado otro libro”.

Esa percepción no es exacta, pero tiene asideros. Al igual que otros escritores de su generación y de su tendencia política, Herrera García concibió la literatura como una herramienta al servicio de la lucha partidista.

Según esa idea, el escritor debe emplear su talento para denunciar la injusticia del orden social capitalista, para oponerse a la explotación de las clases pobres por parte de los grupos privilegiados y para propiciar una profunda transformación de la sociedad de modo tal que se brinde igualdad y justicia para todos.

Así, el arte debe ser un arte comprometido y, por ello, subordinado a las directrices de la actividad del partido. Por tanto, no resulta extraño que la escritura periodística de Herrera García sea abundante, en contraste con lo limitado de sus obras literarias.

De manera paradójica, tras su muerte, el Adolfo Herrera García periodista y político se ha diluido, en tanto que se ha consolidado su imagen como autor literario menor. A esto ha contribuido el carácter efímero, circunstancial, de la escritura periodística. Este empobrecimiento –como novelista juvenil– no hace justicia a la rica y compleja actividad de Herrera como escritor, la que abarca cerca de 45 años y diversos géneros.

En 1933, sin haber concluido el bachillerato en el Liceo de Costa Rica, Herrera García se dedicó por entero al periodismo. Hizo sus primeras armas en el Diario de Costa Rica , pero pronto pasó a La Hora , el nuevo vespertino que dirigía el novelista José Marín Cañas. Allí se hizo cargo del denominado Tarjetero , sección que reunía las crónicas de hechos sociales y que constituía el peldaño más bajo de la carrera periodística.

Joven periodista. Durante seis años, el joven redactor se destacó por su desbordante imaginación –que le permitió inventar “noticias” sensacionalistas de profundo impacto– y por su escritura ágil y llena de matices. Durante ese periodo escribió una amplia gama de textos, como entrevistas reales o imaginarias, reportajes, algunos relatos burlones de corte romántico –como Una carta absurda y Carta a una exnovia – e incluso un poema.

Además, le correspondió actuar como “cronista sanguinario” (redactor de las noticias de notas policiales). Fue el autor de las columnas Croniquilla policíaca y Líos de Justicia , y esta última fue el espacio propicio para el despliegue de sus inclinaciones literarias. Con un tono humorístico, Herrera convirtió la narración de los pequeños delitos que perturbaban la urbe josefina en una reflexión sobre los límites de los géneros escritos: sus Líos de Justicia diluyen y confunden las fronteras entre la crónica periodística y el relato literario.

La columna del 21 de marzo de 1934 pretende demostrar que el amor es el causante de la proliferación de “las rojas amapolas del delito”:

“Según estadísticas que han elaborado graves y doctos caballeros, la mayoría de los delitos (crímenes, robos con escalamiento y sin escalamiento, hurtos, abusos de autoridad, matrimonios y garrotazos) tienen como principio o fin el licor. A esta innegable y experta información, nosotros agregamos modestamente una frase que la corrobora y que viene a ahondar más en el asunto: la gente es muy amiga de los tangos argentinos. Y como en los tangos argentinos siempre se toma ‘para olvidar a la mujer amada’, tendremos que el alcohol es consecuencia del amor”.

Compromiso político. Durante la década de 1940, Herrera asumió un mayor compromiso como militante comunista, al tiempo que laboraba en algunos de los periódicos más destacados: La Tribuna , Última Hora , La Razón y el semanario Trabajo .

Buenas muestras de la creciente vinculación entre su labor política y su vocación literaria son los relatos Gente que espera y La refrigeradora , publicados respectivamente en Vanguardia (vocero de las organizaciones obreras) en diciembre de 1941 y junio de 1942.

En La refrigeradora , “Las personas se dividen en dos grandes grupos: los que tienen refrigeradora y los que no tienen refrigeradora”, como metáfora de una sociedad consumista que impone a los individuos patrones de comportamiento autodestructivos.

Durante los siguientes años, publicó varios cuentos en Brecha , La Nación y La República . El pueblo de “San Rafael”, un espacio nebuloso, apenas insinuado, pero siempre vital y cotidiano, sirve de fondo a la acción en Lorenza (1953), Doña Anita (1959), Los novios (1959), El gamonal (1959), La tertulia espiritista (1959), y Se llamaba don Maurilio (sin fecha). Este universo rural le sirve para representar –en ocasiones en forma maniquea– las contradicciones de clases y la miseria del campesinado costarricense.

Múltiple. Después de la guerra civil de 1948 y a causa de la represión sufrida por los comunistas, Herrera García debió buscar refugio en el periodismo radiofónico. Durante varios años escribió y produjo programas radiales de gran éxito para la emisora Nueva Alma Tica ( La Campaña de 1856 , Tradiciones costarricenses , El príncipe Oshima , Así nació el Himno Nacional ) y, en 1952, fundó y dirigió durante ocho años el radioperiódico La Palabra de Costa Rica en Radio Monumental.

Uno de los aspectos más olvidados de la trayectoria periodística de Herrera García es su faceta como crítico literario y humorista.

Hacia el final de su vida publicó más de una veintena de comentarios sobre libros nacionales en su columna Al margen en el semanario Pueblo , y fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez en 1975 por su Columna subversiva en el semanario Libertad. En esta última, el veterano periodista demostró su capacidad de observación y de crítica mordaz, llena de humorismo y de sincera preocupación por señalar los puntos débiles de la política nacional.

El objeto de emprender un recorrido que tiene mucho de biográfico no es exaltar la figura del “gran hombre” o, al decir de Carlyle, del héroe, sino evidenciar que la obra periodística y literaria de Adolfo Herrera García ofrece múltiples posibilidades para la investigación, tanto desde la crítica literaria como desde la historia.

EL AUTOR ES PROFESOR DE LA ESCUELA DE FILOLOGÍA, LINGÜÍSTICA Y LITERATURA de la UCR Y MIEMBRO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LINGÜÍSTICAS DEL LA UCR.

FOTOS

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    Adolfo Herrera García (1914-1975) mezcló periodismo y literatura. Familia Herrera para LN

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    En la imagen aparecen, en el orden usual, Fabián Dobles, Carlos Luis Sáenz, Adolfo Herrera y Eduardo Mora. Familia Herrera para LN

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    Portada del libro más conocido de Adolfo Herrera.Archivo.

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    Fotograma de la producción nacional Juan Varela , de Minor Alfaro, basada en la novela de Herrera García. Archivo

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