LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 8 de febrero de 2009

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Filosofía

Filósofo de las sutilezas

  Pensador esencial Publicaciones recientes exhiben el ‘taller intelectual’ del escritor alemán Walter Benjamin

Henning Jensen Pennington | hjensen@ice.co.cr

En septiembre de 1940, Walter Benjamin cruzó a pie los Pirineos para huir de las fuerzas alemanas que ocupaban Francia. En la penosa travesía, llevaba consigo una cartera y en ella un manuscrito que, según sus palabras, debía ser salvado. Se conjetura que ese manuscrito era una copia de las Tesis de filosofía de la historia .

Benjamin se quitó la vida en la localidad catalana de Port Bou, ante la amenaza de las autoridades españolas de deportarlo de regreso a Francia. El informe de la policía cuenta sus escasas pertenencias: un reloj, una pipa, seis fotografías, anteojos, cartas, revistas y algo de dinero. Benjamin fue enterrado en el cementerio local, pero el lugar de su tumba es desconocido.

Así terminó la vida de este ensayista, cuyo pensamiento irradia con gran energía en el presente. Esto no deja de ser irónico: su obra es una arqueología cultural que él protegió ante la amenaza de ser destruida.

Nacido en Berlín en 1892, estudió filosofía y literatura y se convirtió en uno de los más destacados críticos de arte de su tiempo. Sus escritos sobre el romanticismo y el drama barroco, así como sus ensayos sobre Goethe, Proust, Kafka y Baudelaire son mucho más que comentarios de obras ajenas: son admirables reflexiones filosóficas sobre la historia y la cultura. Su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica anticipa la discusión actual sobre la creación artística, su función sociopolítica y las nuevas tecnologías.

Catálogo. Benjamin estaba seguro de que su producción intelectual estaba en peligro ante la crisis que azotaba a Europa y, por esa razón, con una previsión rayana con la clarividencia política, desde antes de 1933, distribuyó sus obras entre sus amistades con la petición de guardarlas escrupulosamente. Esta estrategia le garantizó la preservación de su pensamiento.

Lo hizo así no sólo con trabajos acabados, sino también con notas y documentos de todo tipo. Benjamin registraba lo que hacía, tenía, estudiaba y escribía; todo esto escrito en el material que estuviera a su disposición: en el reverso de un formulario de biblioteca, en una hoja con membrete de S. Pellegrino, una receta médica o un billete de transporte público.

Desde temprano, Benjamin tomó nota de sus lecturas y confeccionó una lista que se extiende de 1917 a 1939; el ejemplar que se conserva de ella empieza con el número 462 y finaliza con el 1712, la narración La toque noire de Robert Hichens. En algunos casos, este inventario revela fecha y lugar de lectura, así como año de publicación de la obra y hasta nombre del traductor, si es el caso. Entre mayo y octubre de 1924, en Nápoles y Capri, se dedicó a la lectura de obras de Angermayer, Musil, Vasari, Durand, Radiguet y Cervantes.

Digno de mencionar es también el Catálogo de mis trabajos impresos que va de 1911 a 1939 y contiene 436 títulos; o sea, más de 15 trabajos por año. Bien sabemos que esta cantidad es solamente una parte de la producción escrita de Benjamin ya que muchas de sus obras no vieron la luz pública durante su vida.

Walter Benjamin leía y escribía, aparentemente, sin descanso. Además de las monografías y gran cantidad de ensayos, escribió unos 90 programas de radio. Su correspondencia es muy abundante y está repleta de discusiones de sus ideas; recortaba los artículos publicados y sobre ellos escribía ampliaciones y correcciones, de manera que los textos acrecentaban su vigencia hacia otros terrenos y adquirían nueva vida.

Benjamin desarrolló su propio sistema de símbolos para catalogar sus escritos y señalar asociaciones entre ellos. Las páginas de libretas y cuadernos están llenas hasta el último milímetro como insinuación de la infinitud de la escritura; abundan los borradores de artículos, esbozos de cartas y diagramas. La letra se vuelve tan minúscula que es imposible leerla a simple vista, como si el espacio fuera insuficiente para el raudal de sus ideas.

Sin embargo, no todo se salvó. Su biblioteca personal de Berlín se perdió con excepción de una parte de su colección de libros infantiles. De la última residencia en París, se recuperaron manuscritos y cartas que se guardan, desde el 2004, en la Academia de Artes de Berlín.

Edición crítica. Un acceso al taller intelectual de Benjamin lo brinda el libro Walter Benjamins Archive. Bilder, Texte und Zeichen (El archivo de Walter Benjamin: imágenes, textos, signos), publicado en el 2006 y traducido al inglés en el 2007.

Con una forma de escritura que han llamado “fragmentarismo constructivo”, Benjamin sigue la pista a las fatalidades de la cultura en sus detalles más accidentales; encuentra en ellos la impronta de lo acontecido y a la vez el tenue destello de la posibilidad de ponerle fin a la adversidad: “El pasado lleva consigo un índice temporal mediante el cual queda remitido a la redención”, dice en su último ensayo.

Archivar no era para él acumular materiales, sino denotación del lugar que ocupa, en la memoria de la historia, lo que ha sucedido en ella. Sin embargo, no como depósito (a eso Benjamin lo llamaba “el silencioso fastidio del orden”) ni como rótulo que orienta en el pasado; más bien como identificación, en el presente de las cosas, del “teatro de su destino”.

Con acucia y hasta en lo más efímero, Benjamin inquiere al poder y a la violencia y cómo se extienden por todo el tejido social; pero no es alentado por el afán de buscar la verdad histórica: “Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo ‘tal y como verdaderamente ha sido’. Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro”, así reza su crítica al historicismo.

El interés en la obra de Benjamin se traduce en muchas nuevas publicaciones. Entre ellas se encuentra una exquisita edición de su libreta de direcciones de los años en exilio de 1933 a 1940. La editora, Christine Fischer-Defoy, ha descifrado cada uno de los registros y ha provisto breves referencias biográficas de las personas anotadas.

Esa libreta nos permite conocer el espacio intelectual de Benjamin; pero es sobre todo un índice de la pérdida cultural que provocó el nazismo en Alemania y una lista sumaria de la emigración forzada de escritores y artistas.

En 2008, la editorial Suhrkamp ha iniciado la publicación de una edición crítica de la obra de Benjamin, de la cual han aparecido los volúmenes 3 ( El concepto de la crítica de arte en el romanticismo alemán ) y 10 ( Hombres alemanes ).

Cada volumen contiene el texto correspondiente, manuscritos, correspondencia, comentarios, correcciones, historia del texto y otros materiales de importancia para el análisis de las obras. Se trata de un emprendimiento editorial prolongado y laborioso, que implica riesgos financieros que muy pocas casas editoriales están dispuestas a costear.

Los archivos de Benjamin contienen también sus observaciones sobre el desarrollo del juego y del lenguaje de su hijo Stefan, nacido el 11 de abril de 1918.

En un manuscrito hay una lista de las palabras que domina el niño antes del 27 de noviembre de 1921 y de los pensamientos y las preguntas que se hace. “¿Qué cantan los peces?”, se cuestiona el pequeño.

Es ese el tipo de interpelaciones que hacía su padre con respecto a la cultura y la historia. Benjamin es un pensador de las sutilezas, un indagador de la perplejidad.

EL AUTOR ES VICERRECTOR DE INVESTIGACIÓN DE LA UCR Y EDITOR DEL LIBRO WALTER BENJAMIN: CRÍTICA, MELANCOLÍA, REDENCIÓN (EDITORIAL UCR).

FOTOS

  • Nacion.com

    Walter Benjamin (1892-1940) filósofo y crítico literario judeo-alemán. Wikicommons

  • Nacion.com

    Walter Benjamin según aparecía en el pasaporte que usó en sus años de exilio. Henning Jensen para LN

  • Nacion.com

    En la tumba de Walter Benjamin se lee una sentencia suya: “Nunca hay un documento de la cultura que no sea a la vez uno de la barbarie”. Archivo.

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