LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 8 de febrero de 2009

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Ciencia

Cantos de sirena

  Malos caminos Las supersticiones y las pseudociencias nublan nuestro intelecto y son peligrosas

Edgardo Moreno | emoreno@racsa.co.cr

“Volveremos a situar a la Ciencia en el lugar que le corresponde”. Esta frase lapidaria de Barak Obama vaticina la conclusión de un periodo oscuro que se caracterizó por promover visones pseudocientíficas en la nación más poderosa del mundo, donde la ciencia se ha erguido como un instrumento de desarrollo y de orgullo nacional. Sin embargo, la relación entre pseudociencia, superstición y poder no es nueva.

No existe lugar donde los políticos sean más supersticiosos que en Burma y en algunos países vecinos de Asia, en los que gobernantes se sirven de astrólogos y adivinadores para justificar sus fechorías y asesinatos.

En nombre de la “genética materialista”, Stalin mató y encarceló a científicos que no aceptaban las ideas neolamarckianas de Lysenko, el gurú de la revolución agrícola de la era soviética. Incluso antes de la caída de la Unión Soviética, proliferaron los centros de “investigación” paranormal, cuya influencia contaminaría muchos años después a la ciencia y a la sociedad rusa.

La realidad es que la superstición y la pseudociencia no son cosas raras e infrecuentes en el mundo; son males endémicos que abarcan a todas las clases sociales y, aunadas al fanatismo, se levantan como elementos eficientes de dominación. El fetichismo, kinesología, astrología, eugenesia, diseño inteligente, iriología, homeopatía, alquimia y la mala suerte son ejemplos del enorme bagaje supersticioso y pseudocientífico que se distribuye entre los humanos.

De vida o muerte. Las razones por las que la superstición y pseudociencia penetran los diferentes estratos sociales son poco conocidas. Se afirma que la ignorancia, conjugada con la ausencia de un espíritu crítico, contribuye a que un gran público esté dispuesto a creer en mitos.

No obstante, el conocimiento, la ignorancia y las creencias no son cualidades homogéneas en las personas. Por esto, gente considerada inteligente e instruida también puede ser propensa a supersticiones, algo que intriga desde la perspectiva científica. El mismo Isaac Newton era creyencero y murió convencido que 1867 sería el año del Apocalipsis.

Michael Shermer, editor de la revistaEscepticismo , propuso que las visiones supersticiosas y pseudocientíficas tienen su origen en un mecanismo adaptativo de supervivencia, el que evolucionó tanto para reducir la ansiedad (la causa) como el riesgo (el efecto).

La propuesta –apoyada por los experimentos de Foster y Kokko en Harvard y en Helsinki– muestra que, mediante las asociaciones causales y el reconocimiento de patrones, se puede minimizar uno de dos tipos de error estadístico: los de tipo I, que conducen a la probabilidad de creer cosas falsas, y los de tipo II, de rechazar un hecho real.

Por ejemplo, la mayoría de los carnívoros reconoce a las serpientes como amenaza. Ante una falsa coral no venenosa, un coyote hambriento puede verse engañado, huir y perder la oportunidad de un buen bocado (error del tipo I); pero, si la serpiente fuera venenosa y el canino supone que no lo es, entonces corre el riesgo de ser mordido y morir (error del tipo II).

El error de tipo II es más costoso para la especie que el de tipo I pues en este último se pierde la comida, pero en el de tipo II se pierde la vida. Es decir, la selección natural favorecería el reconocimiento de patrones (como los anillos de la coral), que, aunque falsos, podrían ocasionalmente traer beneficios para la supervivencia de los individuos.

No obstante, el sentido de adivinar con base en la asociación de patrones se complementa con otra tendencia también natural: resolver patrones con mayor exactitud y reducir la probabilidad de cometer errores de tipo I y II.

Un animal que pueda distinguir que un anillo oscuro entre dos claros en una serpiente coral significa peligro y que un anillo claro entre dos oscuros es una imitación, evita ser mordido por el reptil; además, expande sus posibilidades gastronómicas. Por tanto, una característica selectiva poderosa es también el conocimiento de la realidad, el que se traduce en la distinción precisa de patrones falsos de verdaderos.

Cálculos fatales. Los humanos son especialmente hábiles en reconocer patrones en la naturaleza y de hacer asociaciones, las que veraz o falsamente pueden relacionar una causa con un efecto. Por ejemplo, muchas infecciones transmitidas por el aire (como el virus de la gripe) son más propensas a contagiarse durante los periodos fríos debido al hacinamiento, a la frecuencia de los contactos y a la supervivencia de los gérmenes patógenos en lugares cerrados.

El patrón de asociar el frío (causa) con la gripe (efecto) es una habilidad netamente humana. Así, vocablos comoresfriado (enfriarse),malaria (mal aire) ygonorrea (esperma que fluye), son el resultado de relacionar eventos y ver patrones en la naturaleza de estas enfermedades, antes de que la ciencia descubriera a los agentes etiológicos.

La superstición, la pseudociencia y la ciencia parecieran tener la misma raíz. No obstante, mientras la vocación de la ciencia es reducir la probabilidad de cometer errores de los tipos I y II, la pseudociencia y la superstición favorecen la permanencia y el incremento de estos errores.

Por ejemplo, los errores de los tipos I y II se incrementaron por las perspectivas pseudocientíficas de Wall Street. Según ellas, el libre mercado era autosuficiente, capaz de autorregularse y de ajustarse a sí mismo sin necesidad de un Estado interventor; consecuentemente, toda la riqueza acumulada (causa) se desbordaría y alcanzaría a todos (efecto).

Aquella fue una relación falsa de causalidad y, por tanto, supersticiosa porque se contrapone a toda evidencia. Hace más de medio siglo, el propio filósofo liberal Karl Popper advirtió sobre predicciones economicistas pseudocientíficas utilizadas como instrumento eficiente de avaricia.

Hacia la verdad. La ciencia no pretende explicar todos los fenómenos. Hay eventos sociales y existenciales que son comprendidos por otros magisterios, como el arte, la ética y las religiones, los que contribuyen a integrar una vida plena. Sin embargo, la superstición permanece como un elemento extraño, heterogéneo y aislado de estos magisterios.

Por esa razón, para evitar ser descubierta y ganar prestigio, es común que la superstición se disfrace de ciencia. Se torna así en una actividad pseudocientífica que se nutre del miedo y se vuelve en un ardid arbitrario. Por otro lado, al reducir los errores de juicio y al hacer las correlaciones más precisas, la ciencia tiende a reducir el riesgo, la ansiedad y la posibilidad de que se usen a los fenómenos como elementos de dominación.

Si un cromañón traído del pasado estimara el número de calvos con corbata en la quinta Avenida de Nueva York, este ancestro europeo podría concluir que la corbata es una causa grave de calvicie y salir huyendo ante la perspectiva de ser vestido con ese peligroso atavío y perder su cabellera.

Más que ningún otro, el cerebro humano evolucionó para reconocer patrones y establecer relaciones, unas falsas y otras verdaderas. Aunque la aproximación a la verdad es parte de la naturaleza humana, se requiere esfuerzo y gasto de energía neuronal para buscar explicaciones racionales e incorporar la ciencia a la cultura cotidiana. La pseudociencia y la superstición son el camino fácil y a la larga una forma más de crueldad.

EL AUTOR ES MIEMBRO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE CIENCIAS DE COSTA RICA Y DEL PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN EN ENFERMEDADES TROPICALES DE LA ESCUELA DE MEDICINA VETERINARIA de la UNA.

FOTOS

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    La pitonisa (1625), óleo de Nicolas Regnier. Art Renewal Center

  • Nacion.com

    Coral falsa y coral verdadera. www.floridasnakes.net

  • Nacion.com

    Revista dedicada a investigar alegatos pseudocientíficos y supersticiosos. Edgardo Moreno para LN

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