LN ÁNCORA

Costa Rica, Domingo 30 de noviembre de 2008

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Música y literatura

Cantos de todos

  Letra y música En España y en América hispana, muchos poemas se han convertido en canciones

Dionisio Cabal Antillón | cantares1856@costarricense.cr

De pronto se oyen los vertiginosos pases de la guitarra eléctrica el grupo Tierra Santa –representante del heavy metal español–: asombran, pero la real sorpresa llega cuando la instrumentación da espacio a la letra: “Con diez cañones por banda, / viento en popa a toda vela...”. Los versos de famosa La canción del pirata , de José de Espronceda (1808-1842), vibraban con un sonido híbrido, metálico-sinfónico, muy bien cantado y mejor enhebrado en la guitarra de Walter Gerardino.

Por fortuna, la seducción que los grandes poetas “cultos” ejercen sobre los músicos populares es perenne. La secreta aspiración de muchos vates es escuchar sus versos musicalizados.

El nuevo cancionero español. Existen cantores de poetas que a la vez son poetas. Joan Manuel Serrat es una suerte de ángel de la canción. Apoyado en el trabajo previo de Alberto Cortés y Paco Ibáñez, su labor con poemas de Miguel Hernández y Antonio Machado le permitió tender un puente desde la memoria de la Guerra Civil hasta la España contemporánea.

Antes de la Guerra Civil (1936-1939), embebido del cante jondo , Federico García Lorca estableció complicidad con la tonada. Conchita Piquer grabó hermosas canciones acompañada al piano por el poeta granadino, y la gente sencilla del entorno andaluz aprendió esas canciones olvidando el origen. Bien decía Manuel Machado: “Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y, cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe su autor”.

Durante la Guerra Civil, los bandos en pugna echaron mano de la inspiración de poetas, pero los republicanos lograron la primacía. Incluso Hernández y Rafael Alberti se aplicaron a la escritura de versos para cantar; algunos eran panfletarios por el fondo, pero no desmerecían del nombre de sus autores. A sus voces se sumaron los cantos americanos de Vallejo, Neruda y Guillén.

Desde el exilio, León Felipe Camino advirtió: “Yo me llevo la canción”. El éxodo se llenó de nostalgias que se acunaron en la música y en los versos de los grandes poetas.

Desde fuera y desde dentro, la poesía cantada siguió alumbrando con la lírica y la épica de los españoles Luis Cernuda, Blas de Otero, Agustín Goytisolo, Pedro Salinas, Celso Emilio Ferreiro y el potente Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro”.

Cataluña y América. Por alguna razón, del ventrículo formado por Valencia y Cataluña han salido los cantores de poesía más importantes en la historia contemporánea de España. Sin contar a Serrat, Ovidi Montllor, Lluís Llach, Raimon y Paco Ibáñez forman un cuarteto irremplazable.

Ibáñez y Raimon influyeron en el Nuevo Cancionero Latinoamericano. Al clarear Ibáñez con su voz salmodial, surgieron en España grupos como Agua Viva y Jarcha, y tomaron nota de su quehacer, entre muchos, Julia León y Víctor Manuel. También, de este lado del Atlántico, Quilapayún e Inti-Illimani, Víctor Jara y Daniel Viglietti, Oscar Chávez y Alberto Cortés, entre muchos, deben algo a esos dos ibéricos.

Ibáñez tomó los escenarios, pertrechado de sonetos, églogas, coplas, décimas y jarchas. Con él llegaron a los proscenios Quevedo, Góngora, Manrique, Lope, Bécquer, el Arcipreste de Hita y Garcilaso, y, con estos, los grandes de las generaciones del 98 y del 27.

Aquí también. En nuestros antiguos cancioneros escolares, encontramos poemas de Darío ( Del trópico ), Aquileo Echeverría ( Libertad ), Carlos Luis Sáenz ( La mañana azul ) y de Billo Zeledón ( Cogiendo café ). En los años 30 y 40, Los Talolingas y Los Papalanes musicaron poemas de Aníbal Reni, seudónimo del alajuelense Eulogio Porras.

En la cuenta nueva figura Álvaro Fernández, pionero de la nueva canción costarricense, a quien no se ha hecho justicia. En 1976 grabó Compadre , primer disco de larga duración de poesía costarricense cantada. En formato musical de jazz -fusión y rock incluyó, junto a lo propio, poemas de Jorge Debravo y Joaquín Gutiérrez.

Debravo es nuestro poeta más cantado; en Guido Alvarado y Alberto Campos Henao tiene cantores extensivos, pero antes figuraron la periodista Adriana Núñez y el guitarrista Roberto Víquez; en 1985, ambos montaron un espectáculo que trascendió nuestras fronteras: Debravo en la voz de todos , trece poemas cantados con gusto y rigor musical.

Públicos que no frecuentaban la lectura, se asomaron a la poesía con la cantautora Natalia Esquivel, quien puso música a poemas de Isaac Felipe Azofeifa ( Primer día ), Alfonso Chase ( Siembra ), Eunice Odio ( La lluvia ), Ana Istarú ( Para la noche ), Lisímaco Chavarría ( Estoicismo ) y hasta Carlos Gagini y Max Jiménez.

Luis Ángel Castro se ocupó de Rodolfo Dada, con nueve poemas, en su disco Cocorí, Kotuma y el Yaquí. El autor de este artículo musicalizó a Billo Zeledón ( ¿Quién mató el yigüirro? ) , Aquileo Echeverría ( Viva Escasú [sic]), Lope de Vega ( Soledades ) y a la italiana Zingonia Zingone ( Contigo ).

Ritmos y cadencias. Con Manuel Alberto Coto , Del trópico, de Rubén Darío, es una danza: “Qué alegre y fresca la mañanita…”; En Puntarenas, de Lisímaco Chavarría, es una contradanza de Roberto Campabadal, quien hizo la música del Himno al árbol, del peruano José Santos Chocano,

De Magón está La cosecha, en 2/4 y con melodía de Alejandro Monestel. Francisco González vistió de pasillo el texto Hacia el parque, de Roberto Brenes Mesén. El misquito de Wiwilí, de Rodolfo Dada, es un calipso de Luis Ángel Castro. Armando Loynaz (del grupo Hebra) convirtió Yo como tú, del salvadoreño Roque Dalton, en balada rock, y Adrián Goizueta hizo canción de Será futuro , de Virginia Grütter.

Con Manuel Monestel, los ritmos son, por ejemplo, el chachachá de Caimán de la caimanera, de Abel Pacheco; el ritmo son de Los oficios, de Oswaldo Sauma, y el bolero Seguirá el amor, de Virginia Grütter.

Siempre trovando. El pacto tácito entre poetas extiende sus alcances. En Nicaragua, Carlos Mejía Godoy musicalizó Los cantos de Cifar , del gran Pablo Antonio Cuadra, tras popularizar Las mujeres del Cua , basado en un texto de Ernesto Cardenal: “Parecen gritos de parto / los que se oyen por allá...”.

A su vez, Ofilio Picón, también nicaragüense, puso en cuerda los versos del “poeta loco” Alfonso Cortés e hizo saltar a la fama La bala , del legendario Salomón de la Selva: “La bala que me hiera / será bala con alma”.

¿Quién no ha escuchado al Quinteto Tiempo, de la Argentina, cantar Matilde Amor , de Pablo Neruda: “Si alguna vez tu pecho se detiene...”, o Píntame angelitos negros , del venezolano Andrés Eloy Blanco, en versión de bolero del mexicano Andrés Maciste Álvarez, que cantaban Antonio Machín y Pedro Infante, o, a ritmo de joropo, entonado por Los Olimareños, del Uruguay?

Algunos poemas de Versos sencillos , de José Martí, tienen varias musicalizaciones ( Guantanamera , de Joseíto Fernández, es solo una de ellas). Nicolás Guillén, poeta de grandes maneras populares, es ritmo y canción por antonomasia: “Para hacer esta muralla, /tráiganme todas las manos...”. Guillén probablemente sea el más musicalizado poeta caribeño: “Upa, mi negro, que el Sol abrasa”.

También cubano, Amaury Pérez entona, con gran belleza, temas de la mística Dulce María Loynaz.

En la extensa lista de poetas cortejados por el cancionero latinoamericano, encontramos a sor Juana Inés, Mario Benedetti, Amado Nervo, Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral, César Vallejo...

Así, la poesía de grandes autores se escapó del molde de imprenta y existe ahora emparejada con la memoria musical. Siempre que haya algo que valga la pena, habrá quien lo escriba y quien lo cante para solaz de quienes sepan escuchar, sentir y pensar con hondura.

FOTOS

  • Nacion.com

    Paco Ibáñez, músico español que ha musicalizado poemas de Quevedo y de Góngora. Archivo

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    Quilapayún, grupo chileno. www.quilapayun.com

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    Natalia Esquivel, cantautora costarricense que ha musicalizado poemas de Isaac Felipe Azofeifa, Alfonso Chase y Eunice Odio, entre otros. Archivo

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    Luis Ángel Castro, cantautor costarricense que ha musicalizado poemas de Rodolfo Dada. Archivo

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