Costa Rica, Domingo 18 de mayo de 2008

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Música

Carmen, del desprecio a la gloria

  Paradoja La obra de Georges Bizet fracasó en su estreno; sin embargo, hoy es la ópera más exitosa

Jacques Sagot Martino | jacsagot@gmail.com

Imaginemos que, en 1875, un periodista hubiese entrevistado al gran compositor francés Georges Bizet, con ocasión del desastroso estreno de su ópera Carmen .

Gracias por recibirnos, después de estos ajetreadísimos días.

Gracias a usted, uno de los pocos periodistas que se han ocupado de esta ópera, que ha representado el más esmerado trabajo y la más cruel decepción de mi vida.

Se previeron treinta funciones.

Eso era lo que planeábamos. Después del fracaso de la primera noche, se han recortado a ocho.

¿Por qué se considera a Carmen una ópera cómica, cuando es una de las historias más trágicas llevadas a escena?

En Francia conocemos como opéra comique una obra lírica –bien puede ser un drama– en la que los números musicales alternan con secciones habladas.

¿Algo así como el Singspiel alemán?

Exactamente . Singspiel significa eso: cantar y hablar.

Cuéntenos el origen de Carmen . Hay gente que la describe como la mejor ópera “española”: no es precisamente un cumplido para los compositores ibéricos.

Los franceses siempre hemos sentido una especial fascinación por la música española. Las tierras y los temas exóticos –y España lo es para nosotros– son magnífico material para una ópera.

“Ya en mis títulos anteriores había procurado traer, al público francés, todo el encanto de pueblos lejanos: Los pescadores de perlas , La bella muchacha de Perth , Djamileh … Ninguno tuvo éxito, sin embargo.

Ahora, cuando se habla de habaneras…

Sí, ya sé lo que me dirá. Como aria de entrada para la heroína, he compuesto una habanera: quería con ella sugerir la sensualidad y el temperamento provocador de Carmen. Para no darle más vueltas al asunto, le diré que tomé la melodía de Yradier, el autor de otra famosa habanera, La paloma .

¿No lo han acusado de plagio?

A nadie le ha interesado mi ópera lo suficiente como para mencionar siquiera el “empréstito” que le hice a Yradier; pero el carácter que yo le doy a la melodía es mucho más dramático, más apasionado. Mi habanera se integra en un contexto teatral que la convierte en algo totalmente diferente.

¿Cuándo surgió en su mente la idea de escribir Carmen ?

En el verano de 1874 comencé a trabajar en la partitura. Fue una comisión de la Opéra Comique. Menos de un año después vino el estreno. Bueno, ya ve usted lo que pasó.

Si hay algo bello en su ópera es que usted parece enamorarse de su protagonista: le da cuatro arias de bravura, momentos de gran acción escénica, y ese final que pone literalmente los pelos de punta.

Carmen es una gitana ardiente, provocadora, consciente de su poder de seducción, y capaz de absoluta autodeterminación. Osa desafiar la autoridad oficial –la policía– y se burla del medio patriarcalista que la asfixia. Es una triple marginada: como mujer, como gitana y como trabajadora proletaria en una fábrica de cigarrillos. Por eso debía morir…; pero, créame, me dolió mucho matarla.

Evoca usted muy bien la atmósfera soldadesca.

En 1870 fui enrolado en la Guardia Nacional durante la Guerra Franco-Prusiana. Conozco ese mundo.

¿Cómo logró recrear tan bien el universo de la España mágica? Según entiendo, ni siquiera ha puesto un pie más allá de los Pirineos.

La verdad es que nunca estuve en Sevilla, donde tiene lugar la acción. Dos cosas me fueron muy útiles: una vieja colección de melodías populares españolas, y una bailaora flamenca que se presentaba con frecuencia en un café de Montmartre. Yo iba con frecuencia, y llegamos a ser buenos amigos.

¿Y el libreto?

Mi suegro, Halévy, compositor respetabilísimo, y mi amigo Meilhac fueron los autores del libreto. Por lo que atañe a la novela de Prosper Mérimée en la que está basada, todo lo que puedo decir es que es una obra maestra. No pude haber tenido mejor inspiración ni mejores colaboradores en el mundo.

Es muy peculiar la sociedad que usted recrea en Carmen…

Sí, es un mundo de caporales de segundo rango, de gitanos, de contrabandistas, de cigarreras, de torerillos de provincia, de borrachines y de lectoras de naipes…; muy peculiar, en efecto.

¿Cree que esto haya tenido que ver con el “fracaso” de su ópera?

Indudablemente. Mire alrededor suyo: vivimos en una sociedad cursi, recoleta, de buenos burgueses que se quieren a toda costa “elegantes” y terminan siendo como los ridículos personajes caricaturizados por mi amigo Daumier. Hubieran querido una ópera –¡una más!– sobre los nobles personajes de la mitología griega o sobre alguna egregia obra literaria, como el Fausto de Gounod, quien, por cierto, fue mi maestro en el Conservatorio de París.

“En lugar de eso, se encuentran con un submundo lleno de ‘obscenidad’. Carmen fue vista esencialmente como pornografía, y como tal fue juzgada. Algo peor: recuerde que el Teatro de la Opéra Comique es considerado un sitio de entretenimiento ‘familiar’.

“Se dirá usted que fui un idiota en haber escogido semejante lugar para semejante obra, pero se lo aseguro: lo mismo hubiera pasado en cualquier teatro de París. La nuestra es una sociedad enferma de hipocresía. Además, no olvide usted que la Opéra Comique fue la que me encomendó la obra, precisamente para cambiar la imagen un tanto inocua del lugar. Quizás se me fue la mano.

No faltaron colegas a quienes les gustó la música.

Sí, Saint-Saëns fue muy generoso conmigo. Me esperó al final del estreno para felicitarme. Fue una felicitación triste. La gente comenzó a abandonar el teatro desde el final del primer acto. Antes de comenzar el cuarto ya había filas enteras de asientos vacíos. ¡Si tan solo me hubieran silbado, como le pasó a Wagner cuando estrenó aquí Tannhauser , en 1863!

“Los silbidos son una muestra de desaprobación que, por lo menos, revela una posición estética adversa. A mí me fue peor: me ignoraron, me desertaron, y ahora van a cancelar el espectáculo con solo ocho representaciones.

¿Cuál es su próximo proyecto?

Dormir, dormir cien años. El montaje de Carmen me dejó exhausto. Un día me peleé con el director, el otro con los coristas, el otro con los bailarines, el otro con los cantantes... Solo mi mezzosoprano , Galie-Marie, me fue fiel en todo momento. Ella siempre creyó en su papel de gitana indómita.

Si alguien le dijese que en cien años –cuando despierte usted de su sueño–, Carmen será la ópera más popular del mundo y la cima de la tradición lírica francesa, ¿qué diría usted?

No es mi destino ser recordado. Pasé por el mundo de la música como un laborioso artesano, hice mi trabajo con todo el esmero del mundo, pero estoy consciente de que pronto me comerá el olvido. Lo acepto con resignación y –¿por qué no decirlo?– con un leve regusto de amargura.

Mil gracias por el tiempo que nos ha concedido, y buena suerte en el futuro.

El futuro, amigo, es una cosa muy lejana…

(Carmen triunfó en Londres pocos meses después de la muerte de Bizet, acaecida en 1875, a los treinta y siete años: tres meses después del estreno de la ópera. Según una encuesta de Musical America , Carmen es la obra de su género más representada en el mundo entero.)

FOTOS

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La cantante Galli-Marié interpretó a la Carmen original. Wikicommons

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Cartel promocional para la premiere de Carmen en 1875. Wikicommons

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Resurrección

Carmen triunfó en Londres pocos meses después de la muerte de Bizet, acaecida en 1875, a los treinta y siete años: tres meses después del estreno de la ópera. Según una encuesta de Musical America , Carmen es la obra de su género más representada en el mundo entero. No menos de nueve películas le han sido consagradas, y son innumerables las adaptaciones coreográficas de las que Carmen ha sido objeto.

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