Costa Rica, Domingo 30 de marzo de 2008

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Vestidos de tiempo

  Primordial El vestuario también desempeña un papel en el teatro. Sus diseños son reflejos del ingenio

Fabiola Domínguez Aguilar | edominguez@nacion.com

Son las dos de la tarde en el calor de Guanacaste. En escena está la obra La vida es sueño . Detrás del escenario, piden auxilio los actores vestidos nobles rusos: sus cuerpos no soportan ya las vestiduras pesadas y calientes de aquella tela de peluche. Ante ello, el diseñador de vestuario acude a ayudarlos con la única solución que tiene –literalmente– a la mano: trozos de hielo. Se los echa dentro de los trajes.

Como aquella anécdota, existen muchas en las que el otro protagonista es el vestuario: la materia prima que ambienta la apariencia de los actores. El pantalón a la cadera de Cantinflas y el sombrero de bombín de Charles Chaplin son ejemplos de la importancia de la vestimenta para la representación de un personaje. Gracias a su “disfraz”, el actor se convierte en su álter ego, en su otro yo.

“El vestuario es parte de la concepción total de la obra, pero es importante que no sobresalga: cuanto más integrado esté, mejor”, opina Maritza Mara González, quien fue, durante quince años, diseñadora de vestuario de la Compañía Nacional de Teatro (CNT).

Hoy, Rolando Trejos es el coordinador de la CNT, y su diseñador titular desde 1986. Tanto él como Mara González revelaron a Áncora cómo han dado vida a los bocetos de muchas vestiduras: desde elegantes vestidos del siglo XVII hasta sacos rotos de mendigos.

Manos a la obra. La confección de los vestidos empieza justamente después de que el director indica al artista del vestuario el tema de la futura obra teatral. A partir de esto, surge el reto del diseñador: él debe ayudar al actor para que se identifique con su personaje.

De igual manera, todo montaje requiere una investigación. Los diseñadores estudian libros del diseño y de la historia correspondientes. Además, de ser necesario, reciben ayuda de asesores literarios que les explican temas de la época.

La diseñadora ya retirada y maestra de Trejos, Mara González, precisa: “El buen diseñador debe leer el texto, conocer la época y el contexto socioeconómico de la obra; pero sobre todo debe tener clara cuál es la visión del director para así recrearla en el vestuario”.

Posteriormente, los diseñadores generan su propia creación. Trejos indica: “El diseñador procura una interpretación propia del concepto del montaje. Debemos tomar en cuenta el presupuesto, los materiales y la imaginación. Sin embargo, no podemos hacer una representación históricamente fiel del vestuario porque carecemos de los recursos económicos suficientes”.

Tanto Trejos como González señalan que el lapso de la confección de los vestidos generalmente es de cuatro a ocho semanas. Ambos son graduados de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica y posteriormente, fuera del país, se especializaron en diseño de vestuario.

Creatividad. En nuestro país, ante la carencia de ciertos materiales, los diseñadores se las ingenian para conseguir la creación más próxima de los vestuarios originales.

¿Puede usted imaginarse una enagua del siglo XVII, pero hecha con alambres utilizados por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) para los postes? Aquí sí es posible. Trejos confiesa que, ante la falta de alambre galvanizado, él ha acudido a sustitutos que funcionan perfectamente, como alambre desechado por el ICE.

El alambre galvanizado se utiliza para crear aros que se conocen como ‘verdugados’. Estos integraban la falda interior usada por las mujeres en el siglo XVII; se llevaba bajo la basquiña (o falda propiamente dicha) para dar a esta su forma rígida y acampanada.

Trejos acude a las tiendas para adaptar sus diseños a lo que ofrece el mercado. Por este motivo, no extrañe si los vestidos de época están confeccionados con telas para muebles.

“Ese tipo de tela nos salva muchísimo. Aunque a veces sale un poquito cara, nos funciona perfectamente porque contiene la textura, la gama y el colorido adecuados”, precisa el diseñador, quien ha trabajado para montajes nacionales de obras como Otelo y Ricardo III , ambas de William Shakespeare, y El concierto de san Ovidio , de Antonio Buero Vallejo.

Rolando Trejos añade: “A diferencia del cine, el teatro no se registra en una cámara, que hace ver más rígida la caída de la ropa. En el teatro hay una distancia de cuatro a cinco metros, por lo que no hay problema”.

Presupuesto. La creación de las vestiduras se basa en la imaginación, pero igualmente en el presupuesto, fundamental para confeccionarlas. ¿Cómo se compone el gasto? Trejos responde: “Si se incluye el pago del sastre y del zapatero, y el costo de los accesorios y las telas, se llega aproximadamente a un millón doscientos mil colones”.

Trejos especifica que, cuando se confecciona ropa de época, se deben hacer los zapatos: cada par cuesta 20.000 colones y son hechos a la medida del actor.

Además, se elaboran la bisutería, los tocados, las pelucas y los sombreros (cuya base son los sombreros de playa).

Por otro lado, el costo de un vestido de época ronda los 20.000 colones. Esos trajes pueden pesar entre 14 y 18 kilos con el relleno y el fustán incluidos.

Trejos considera que, en nuestro país, el diseño de vestuario se ha desarrollado bien: “Sí, ha crecido mucho. Siempre se le da su lugar pues el vestuario completa la puesta”, opina.

Historias… Trejos asegura que algunas veces ha improvisado como diseñador. Ejemplo de esto fue la película El Dorado , filmada en 1988 y dirigida por el español Carlos Saura. Esta cinta se rodó en las playas de Limón.

Para esa ocasión, Mara González y Trejos trabajaron como diseñadores del vestuario (posteriormente trabajaron juntos en México). Trejos recuerda cómo, en poco tiempo, repararon el vestido de una de las actrices, la mexicana Gabriela Roel.

“Salvábamos muchas cosas; por ejemplo, el vestido de Gabriela quedó prensado en una cerca y se dañó totalmente cuando la jalaron. No teníamos terciopelo, y el del vestido era carísimo. Entonces dijimos que lo haríamos con corduroy delgado; lo registramos en la cámara y, sí, se parecía al terciopelo”.

Actores. Trejos admite que a veces cuesta adaptarse a los gustos de los artistas. Sin embargo, él aclara que siempre llega a acuerdos con ellos.

Por su parte, los actores Ana Istarú y Gerardo Arce coinciden en que, tanto Trejos como González han sido diseñadores sensibles a las necesidades del actor.

“Los trabajos de Maritza y de Rolando demuestran que llevan una investigación profunda. Además, se preocupan de tener comunicación con los actores”, expresa Arce.

A su vez, Istarú concluye: “El vestuario es una ayuda para el actor ya que impone cierto comportamiento que afecta la psicología y la emotividad del personaje. Creo que Maritza y Rolando han sido los vestuaristas por excelencia del teatro costarricense. Sus vestuarios no son meras copias: ofrecen una estilización estética”.

¿Por qué no

un museo?

En nuestro país existen numerosos vestidos utilizados en las producciones de la CNT. Están en el local de la antigua Aduana, en San José. Para conservarlos, Rolando Trejos propone crear un museo que albergue esas piezas únicas: “Se ofrecerían visitas guiadas que expliquen quién llevó la prenda y en qué obra se usó. Igualmente, se mostrarían los zapatos y la joyería. Parece un capricho, pero la gente lo agradecerá. En ese museo podría aprenderse, por ejemplo, cómo se hace una pátina o envejecimiento del vestuario. Para esto se le pasan lija, sprays , betún y cepillos de aceros”, explica el diseñador.

FOTOS

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Rolando Trejos diseña vestuarios desde hace 20 años para la Compañía Nacional de Teatro. Él envejeció este saco mediante una pátina. Priscilla Mora

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Vestidos de época utilizados para El concierto de san Ovidio . Rolando Trejos los diseñó con tela para muebles; cada uno pesa entre 14 a 18 kilos. Priscilla Mora

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Atuendo confeccionado por Trejos para el montaje Otelo .Priscilla Mora

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